lunes, 10 de febrero de 2014

Fronteras de sangre


Las quince vidas que se han perdido en la frontera de Ceuta y la polémica que suelen generar estos saltos masivos de marroquís y subsaharianos, que cuando no se enfrentan a las terribles alambradas que ha colocado el Gobierno Rajoy, se juegan el tipo lanzándose a las aguas, muchas veces sin saber nadar, parecen haber quedado relegadas a un segundo lugar informativo por la declaración de la Infanta, aunque por la gravedad de los hechos, el relato debiera haber ocupado las primeras páginas de toda la prensa.
No se entiende qué guarda esta Europa nuestra con tanto celo, ni qué defiende con tanto ahínco, cuando niega la entrada sistemáticamente a estos hijos del hambre que provocó la explotación y después el abandono que como colonizadora ejerció sobre ellos y de los que ahora huye construyendo muros inexpugnables por los que resulta prácticamente imposible acceder a este paraíso capitalista que para nosotros ha creado y que, aun estando en crisis, puede y debe remediar en la medida de lo posible, las terribles necesidades que sufren los pueblos de África, que también son responsabilidad nuestra, aunque sólo sea por cuestiones de pura humanidad.
En lugar de prestar la ayuda que tanto se precisa, las fronteras de sangre que levantamos alrededor de nuestros preciados territorios, dejan en nuestras conciencias un reguero incesante de muerte, que nos recuerda a diario, ya sea en Lampedusa, en Ceuta o en Melilla, que hay un incontable número de personas que prefieren perder la vida, a volver a un entorno absolutamente hostil, en el que las carencias van devastando a diario su salud y su dignidad personal, sin que el primer mundo se implique en la erradicación de una miseria que está terminando con todo un Continente.
Todo es una cuestión de avaricia y de tratar de conservar una imagen ficticia de bienestar que bajo ningún concepto quiere verse manchada por la presencia de quienes nos recuerdan que nuestros comportamientos distan mucho de ser defensores de los derechos humanos y sí significativos de un tipo de xenofobia encubierta, que en principio todos negamos, pero que ejercemos diariamente con la vileza   de nuestros propios actos.
Acostumbrados a no compartir siquiera aquello que nos sobra, tener que competir por un puesto de trabajo con un extranjero u ofrecer nuestras aulas y nuestra sanidad a recién llegados de otros lugares, parece a muchos, una insoportable ignominia. Y no pensamos que precisamente esta España nuestra, ya tuvo que enfrentarse en el pasado a situaciones parecidas en  países como Suiza y Alemania y que dada la situación de paro que soportamos en este momento, a nuestros hijos, con toda probabilidad, no quedará otro remedio que volver a intentarlo. 
Las trabas que ponemos ahora, especialmente nosotros, puede que mañana sean las mismas que nos empiecen a poner en los destinos que elijamos para emigrar y que entonces nos parecerán, seguramente, una afrenta practicada contra nosotros por Naciones económicamente más fuertes, aunque en este momento contemplemos con total normalidad, que esto mismo se practique con otros, demostrando una insolidaridad inexplicable y una frialdad emocional imperdonable para nuestras conciencias.
Cada uno de esos muertos, cada una de las personas que tratan de escapar de su situación de miseria, son, en definitiva, una mancha imborrable en la historia que estamos escribiendo y si no urgimos a los gobiernos a que se encuentre pronto una solución satisfactoria a este problema de mera humanidad, nuestra complicidad con lo que ocurre en las fronteras europeas, será, a todas luces, evidente y el conflicto moral de haber estado mirando a otro lado mientras sucedían estos hechos, habrá de perseguirnos a todos para siempre.




domingo, 9 de febrero de 2014

La esposa perfecta


La comparecencia de Cristina de Borbón ante el Juez Castro, en calidad de imputada en el caso Noos, a pesar de representar un hecho insólito en la Historia de España, debe considerarse como algo natural, si se tienen en cuenta las vicisitudes que rodean este desagradable asunto y se contemplan las múltiples sospechas que indican una participación activa en los negocios que compartía, al cincuenta por ciento, con Urdangarín y la interminable lista de facturas que pagó con dinero procedente de los pingues beneficios que reportaban estas Empresas.
A pesar de protagonizar ante la opinión pública una aparición milimétricamente preparada,  no solo gestualmente, sino también en el modo de responder a las preguntas y si me apuran, hasta en la austera forma de vestir, las casi siete horas que la Infanta permaneció en los juzgados de Palma y el interrogatorio a que fue sometida por Castro y también por el fiscal y las acusaciones particulares, ni arrojaron ninguna luz sobre sus actividades en el caso que nos ocupa, ni sirvió más que para intentar desesperadamente inculpar exclusivamente a Urdangarín de cuánto ha sucedido desde que fundara las empresas junto a su socio Diego Torres, hasta que sus auténticas actividades fueran descubiertas, demostrando que el ánimo de lucro  resultaba evidente y que con la evasión del capital obtenido de la rentabilidad de los negocios, había evitado pasar por la caja registradora de Hacienda, aportando a los Duques de Palma una fortuna personal incomprensible, en relación con los ingresos que se les conocían y que sí tributaban a las arcas del Estado.
La estrategia elegida por el Gabinete de Roca como defensa, coincide peligrosamente por la utilizada por otras mujeres, en otros casos de corrupción anteriores y pasa por pretender convencer al Juez de que todo se hizo por amor, sin preguntas y confiando ciegamente en la integridad personal de un marido que como después se ha comprobado, no tenía ningún escrúpulo en aprovechar su pertenencia a la familia real, para obtener una fortuna que permitiera a sí mismo y a su confiadísima esposa, vivir una existencia de lujos extremos y moverse a lo largo y ancho del mundo sin reparar en el costo de sus actos, todos ellos ligados para siempre, a las cuentas del caso Noos.
También como otras veces, nada ha importado a los abogados defensores poner en tela de juicio el nivel de inteligencia de su cliente, si la estupidez es la llave capaz de abrir las puertas de los calabozos, ni insistir en proclamar una especie de estado de amnesia, a causa del cual no se recuerdan ninguno de los actos protagonizados durante el periodo del que se habla, como si después de haber empleado auténticos capitales en divertimentos de todo tipo, una ola de olvido hubiera invadido sin remisión la mente de Cristina, a quién se convierte con este tipo de estrategia, en un ser anodino y sin voluntad, a quien su esposo manejaba y utilizaba para sus fines, sin ningún tipo de piedad ni cariño.
Toda la fidelidad que demostraba la infanta era, según consta, inversamente correspondida por Urdangarín, que tras la declaración del Sábado, se convierte en un monstruo sin miramientos, capaz de implicar despiadadamente a su mujer en un escandaloso caso de corrupción, con el agravante además de hacer uso de su apellido familiar, como elemento de presión para conseguir su enriquecimiento.
Pues bien, incluso en el hipotético caso de que fuera verdad lo que arguye Cristina, la lealtad también tiene un límite y si queda probada la dolosa utilización de que ha sido objeto esta mujer por parte de su pareja, lo incomprensible ahora, es que siga permaneciendo a su lado, conviviendo con él en aparente buena armonía y consintiendo en ver cómo se desmorona no sólo su imagen personal, sino también la de la Institución monárquica en pleno, sin mover un dedo para remediarlo.
Por tanto, la versión no nos cuadra. O consintió en los hechos y compartió las responsabilidades empresariales investigadas, o la traición de que fue objeto, merece otra contundencia en su respuesta.
Hace tiempo que la esposa perfecta no pasa por asumir un papel de sumisión absoluta, ni se conforma con vivir en una especie de limbo, al margen de las actividades profesionales de su cónyuge y sin otro objetivo vital que el disfrute de lo que llega a sus manos, sin preguntar su procedencia.

Así que las respuestas de Cristina, aunque no ha trascendido el contenido íntegro de los interrogatorios, con toda probabilidad, no habrán convencido a Castro de su pretendida inocencia y por tanto, es de presumir, que esta no será la única vez que la veamos pisando un juzgado, aunque por ser la primera, se haya convertido en un acontecimiento para todos nosotros. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Una subida encubierta


En su afán por no perder  el tren del poder y aprovechando que la inmensa mayoría de los ciudadanos no lee, a no ser por motivos estrictamente personales, el BOE, el PP ha publicado el pasado sábado una nueva subida del recibo eléctrico, que nada tiene que ver con el consumo y sí con la tarifa fija que todos nos vemos obligados a pagar a las compañías.
Se produce esta subida con premeditación, alevosía y nocturnidad, sin que ningún representante político se haya dignado a priori, a informar a la opinión pública sobre ella y con el agravante de que cuando se han visto en la obligación de reconocer lo que ya era un hecho, han vuelto a incurrir en el error de decir que se beneficia a las familias con hijos, cosa del todo incierta y que viene a ratificar la poca credibilidad que caracteriza a este Gobierno.
Elevar el precio de la luz dos veces a lo largo de un mes, no es precisamente una medida justa para los españoles y menos aún para aquellos que ya no podían de ninguna manera, hacer frente al recibo mensual por este concepto y que están pasando un invierno especialmente duro sin poder, literalmente, hacer uso de la calefacción imprescindible para soportarlo dignamente, como merecerían por derecho.
Pero como hemos dicho tantas veces, las empresas no tienen corazón y por lo que estamos pudiendo comprobar en nuestra cotidianidad los españoles, este gobierno, tampoco. Incapaces de tomar medidas contundentes que acaben de un plumazo con el Oligopolio establecido por las empresas de la energía, gravar a los sufridos consumidores con alzas de precios que se están convirtiendo en inasumibles, es lo único que se le ocurre al PP para salir airoso de una lucha, que pudo acabar hace tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta la capacidad que viene teniendo este ejecutivo para dictar Decretos, como hemos podido comprobar en los dos años que lleva en el poder, a través de cada uno de los recortes ejecutados por este método, sobre todos nosotros.
Y sin embargo, ese patriotismo del que tanto se presume queda inmediatamente aniquilado cuando se trata de plantar cara a la usura de determinadas empresas, en defensa de los españoles, que en el fondo, debiera ser lo más importante para quienes alardean continuamente de estar haciendo lo mejor para unas mayorías, cada vez más perjudicadas por la inoperancia que en estos asuntos, demuestran Rajoy y los suyos.
La verdad es que los ciudadanos carecemos de toda importancia para estos gobernantes y solo adquirimos cierta relevancia cuando durante los periodos próximos a las elecciones, se procura convencernos de la manera que sea, para que otorguemos nuestros votos.
Si llegamos o no a fin de mes, si sufrimos en carne propia carencias esenciales o si vivimos permanentemente amenazados por la miseria, queda absolutamente minimizado si los interlocutores a que los gobiernos tienen enfrente gozan de una situación de poder económico, como sucede claramente, en el sector energético.
Esta indefensión que padecemos y la manifiesta inutilidad demostrada por quienes nos representan, nos coloca en un callejón sin salida del que difícilmente podremos escapar, aún cuando decidiéramos unánimemente dejar de consumir energía, porque aún les quedaría el recurso de volver a incrementar los gastos fijos, como ha ocurrido en este momento.
Incomprensiblemente, Soria no está dispuesto a dimitir, ni Rajoy a exigir su cese.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Siempre los mismos nombres


Aguardando la declaración de la Infanta Cristina ante el juez Castro y con las noticias aparecidas sobre Álvarez Cascos aún frescas, la investigación sobre la trama Gurtel sigue arrojando luz sobre el destino de los fondos que se manejaban de manera ilícita, sacando a la luz, por enésima vez, nombres estrechamente relacionados con el PP, como el de Ana Mato o Francisco Camps, que ya fuera juzgado por el famoso asunto de los trajes.
Parece imposible que los políticos hayan podido olvidar del todo, como si padecieran una amnesia incurable, los grandiosos regalos que durante años fueron recibiendo de parte de Correa y los suyos y que no se trataban precisamente, de simples ramos de flores o cajas de bombones, sino como relata la policía en sus informes, de estancias en Hoteles de lujo de la Capital, como en el caso de Camps, o de obsequios sin identificar, pero cuyo valor se aproximaba a los tres mil euros, como en el caso de una hija de la hoy Ministra de Sanidad, Ana Mato.
Mucho se ha especulado sobre la existencia de estos fabulosos presentes, cuya existencia niegan cada vez que son consultados quienes supuestamente los recibieron, pero cuya cuantía, si se sumara, podría definirse como considerable y cuya intención, que en ningún momento se aclara, pudo deberse, con toda probabilidad, al pago de favores pasados o a una toma de decisiones futuras que reportaran algún tipo de jugoso negocio para quienes con tanta generosidad los hicieron.
Cuánto dinero se movió alrededor de la Gurtel, sigue siendo una incógnita que a todos nos gustaría resolver y parece difícil que incluso si se consiguieran hilar las innumerables pistas que han ido dejando los implicados en este caso de corrupción durante sus años dorados, pudiéramos conocer la verdad, así como el destino real que tuvieron los incontables beneficios que se generaron de esta presunta colaboración entre populares y las empresas que conformaban el meollo del entramado.
Pero resulta curioso que cada nueva vía que se abre en la investigación, acabe topando una y otra vez con los mismos nombres y que en  cada nuevo documento que aparece, estas mismas personas queden reflejadas, bien como perceptoras de sobresueldos por no se sabe qué concesiones, bien como  constantemente agasajadas a nivel personal y familiar, sin que se aclare nunca el motivo de tales regalos, ni ellas mismas diluciden por qué se avinieron a disfrutar de los mismos.
Y aunque los documentos lleguen a manos de la policía desde distintas procedencias o los proporcionen en este caso, detenidos por asuntos que en principio, nada tendrían que ver unos con otros, la presencia de estos personajes se convierte en una constante y da igual que los papeles los presenten Correa o Luis Bárcenas, por separado y sin haber preparado dichas entregas anteriormente.
Resulta pues extraño que Ana Mato o Camps, por ejemplo, no hayan sido aún imputados en relación con la Gurtel, ni nadie les haya exigido aún, una mayor contundencia en sus respuestas, aunque no sea más que para tratar de preservar la necesaria limpieza  que debe ser imperativa en el oficio de la política, que ambos practican y también por salvaguardar el derecho a una información veraz que todos los ciudadanos tienen, en cualquier Democracia.
Puede que al PP le parezca que estas cuestiones carecen de importancia, pero el desgaste de su imagen como Partido y la incomprensible tozudez que demuestran al mantener en sus filas y en cargos de verdadera importancia, a personajes como éstos, no tiene más remedio que acabar por pasarles factura, colocándoles más pronto que tarde, exactamente donde merecen.
Lo que está claro es que nadie ofrece regalos de esta índole a cambio de nada y que el atractivo personal de Camps y Mato, poco tendrá que ver en este asunto.
No es normal que las mismas personas levanten tal cantidad de sospechas, ni que en cada caso de corrupción que aparezca, llámese Noos, Gurtel, o Bárcenas, haya que requerir de su presencia en los juzgados para intentar una y otra vez, obtener de ellos mismos una explicación sobre sus extraños comportamientos.
La pregunta es: si Mato o Camps  recibieron estos regalos, ¿qué habrán merecido líderes de la categoría de Aznar o Rajoy, por la categoría de sus puestos?  






martes, 4 de febrero de 2014

Fantasmas del pasado


Debe ser cierto que el poder  termina por nublar los sentidos o no se entiende que aquellos que lo detentaron alguna vez, se muestren convencidos de que pueden huir impunemente de sus acciones, sin que más tarde o más temprano acaben por acosarles las consecuencias de haberlas cometido y mucho más, si rozaron la línea de la ilegalidad o la traspasaron pensando que su cargo, aseguraba toda posibilidad de que no se reclamara su deuda.
Pero un comportamiento inconsciente no garantiza que lo que hicieron quede enterrado para siempre, ni que los que participaron con ellos en determinados asuntos, si son descubiertos, se comprometan a un pacto de silencio que salvaguarde la integridad ajena, sobre todo si sienten el peso de la justicia directamente sobre la nuca e intuyen que facilitando información, pueden obtener algún tipo de privilegio que rebaje el precio a pagar que les exige la ley vigente.
Las secuelas del caso Gurtel, que a pesar de todo, parece tener unas dimensiones mucho más graves de las que en principio podían preverse, van persiguiendo a una serie de personajes que ya ni siquiera se encuentran en primera línea política, pero que en su momento, tuvieron presuntamente, un protagonismo feroz  que les mantiene atados de por vida, a una permanente sospecha.
Esto le ha pasado a Álvarez Cascos, que a pesar de haber abandonado PP e incluso de haber pasado ya por los juzgados, para prestar declaración sobre lo que sucedía en la sede de Génova cuando era Secretario General del Partido, no consigue zafarse de verse periódicamente envuelto en la tela de araña de la Gurtel, bien porque le mencionan los principales protagonistas de la historia, como uno de los mayores perceptores de sobresueldos, bien porque la siglas que corresponden a su nombre, aparecen muchas veces reflejadas en los papeles de Bárcenas, por el mismo concepto.
De nada parece haber servido su aparente retiro de la política, ni la aventura asturiana que protagonizó hace sólo unos años, ni haber negado varias veces ante los medios, haber estado nunca implicado en los casos que nos ocupan. El hecho de haber estado dónde estaba y siendo quién era, en el momento en que ocurrieron los hechos, le sitúan irremediablemente en el punto de mira de todas las investigaciones policiales y por ende, de la justicia, que le reclama ahora, incluso después de tanto tiempo, una explicación fehaciente sobre la índole de sus actividades de entonces en el Partido Popular y de si se benefició o no de la percepción de cantidades importantes de dinero negro, mientras ocupaba la Secretaría General, cuando Aznar  ocupaba la presidencia del Gobierno.
Las fuerzas de seguridad del Estado no parecen tener dudas sobre su estrecha relación con la Gurtel, ni de que las iniciales que aparecen en los papeles de Bárcenas, a los que otorgan toda la credibilidad, se corresponden con su nombre.
Y por ello, lo más probable, es que sea nuevamente requerido por el juez para prestar declaración y hasta quizá, imputado durante los próximos días, si al magistrado le parecen fiables las pruebas que le aporten las pesquisas realizadas y finalmente, se consigue encontrar un vínculo certero entre Cascos, Bárcenas y los detenidos, en relación con la trama.
De momento, no resulta fácil que Cascos pueda escapar impunemente de los fantasmas de su pasado y menos aún, que consiga eludir la acción de la justicia, sobre todo si finalmente el juez llegara a conseguir que le sea retirado el aforo que le protege, en justa reclamación, si lo que se pretende es aclarar en su totalidad la intrincada composición de esta trama, cuyos tentáculos parecen estar arraigados por toda la geografía del país y cuya dimensión real, probablemente, no llegue a saberse nunca.
A la espera de las declaraciones del ex Secretario General del PP, ni el Partido al que perteneció y que hoy se encarga de gobernar España, ni nadie, apuesta por la inocencia de quien fue un peso pesado de la política y que hoy se encuentra, seguramente sin querer, en un olvido forzoso que le deja en una total soledad, frente al grave problema que le acucia.
Tampoco estas sospechas contribuyen precisamente a las aspiraciones electorales del PP, pues quiera o no, Cascos fue su Secretario General durante demasiado tiempo y si llegara a probarse su culpabilidad, la evidencia de que la financiación ilegal y el cobro de sobresueldos existieron, se convertirían entonces en una evidencia.



lunes, 3 de febrero de 2014

La salida de Pedro J.


El cese fulminante del Director de El Mundo, un periódico que durante años ha mantenido una línea cercana al ideario de la derecha y que en el caso particular de Pedro J. Ramírez, ha sido muchas veces criticado por apoyar teorías de conspiración indefendibles, como en el caso de la autoría del 11M, acaba de demostrar sin ningún tipo de tapujos que la libertad de prensa no existe realmente en este País y que el PP no perdona, ni perdonará jamás una salida de tono de ninguno de sus allegados, llámese cómo se llame y tenga el poder que tenga.
La publicación de la entrevista con Bárcenas y  la defensa en todos los medios del cobro de sobresueldos, por parte de los dirigentes del PP, han sido sin duda el detonante que le ha costado el puesto al periodista, en un intento clarísimo de cercenar de raíz cualquier posibilidad de que siguiera publicando la supuesta información sobre el caso que probablemente le queda y que en nada ayuda, sobre todo cuando estamos a punto de entrar en periodo electoral, a los afanes de continuidad en el poder que alberga el Partido conservador y en concreto el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sobre quién recaen toda clase de sospechas de corrupción, según la versión aún incompleta, del ex tesorero.
Qué guarda Pedro J. en la manga, probablemente pronto lo sabremos, seguramente a través de cualquier otro medio interesado en publicar la información de primera mano y porque conociendo la trayectoria del protagonista del cese, no nos cabe la menor duda de que hará uso del resentimiento que ciertamente ha de provocarle su despido, aunque sólo sea por una cuestión personal y por tener la satisfacción de devolver el golpe recibido a quien nunca fue, la verdad, el candidato perfecto para dirigir el PP, según se ha demostrado muchas veces en las editoriales publicadas, más cercanas a las posiciones de Aznar y Esperanza Aguirre.
Pero las guerras internas entre simpatizantes y militantes del PP, sinceramente no nos interesan y sí, y mucho, el hecho de que se pueda destituir desde el poder a los directores de los periódicos, en cuanto la opinión expresada por éstos se opone a la línea de gobierno de determinada formación, intentando de este modo censurar el trabajo de los profesionales, de una forma aún peor de la que se daba cuando, en la época franquista se cerraba por orden gubernamental un medio, porque ahora, se supone, que vivimos en Democracia.
Mal vamos si se consienten estas prácticas y nadie alza la voz para denunciar estas mordazas, directamente aplicadas sobre las bocas de los informadores y mal futuro nos aguarda, si este tipo de experiencias se convierten en algo habitual y que sesga considerablemente el tipo de información que los ciudadanos finalmente recibiremos y el derecho que nos asiste a conocer la verdad, sea cual fuere, e implique a quién implique.
Algunas publicaciones, incluso, se atreven a sugerir una intervención de la casa Real en el cese, que unida a la desazón provocada en las altas esferas del PP, podrían haber acelerado la salida del periodista, que con toda seguridad, también había conseguido molestar al Rey, con su postura a cerca de la imputación de la Infanta.
La gravedad extrema de que estos hechos puedan producirse en momentos como el que vivimos, no deja de ser indicativa de qué tipo de sociedad gusta al gobierno de Rajoy y pone en claro hasta dónde sería capaz de llegar para conseguir “domesticarnos”, mientras detente el poder.
Por ello y aunque Padro J. Ramírez  nunca fue santo de nuestra devoción, no queda otro remedio que comprometerse ahora en su defensa, más que por ser quién es, por pertenecer a dónde pertenece.
Si se consigue acallar la voz de los informadores, los principios democráticos que deben regir a cualquier País libre, acabarán por ser inexistentes, acercando el modelo español a una especie de República bananera, en la que la única opinión válida, es la de quienes siguen como borregos los dictados del poder y como ya vivimos durante cuarenta años en una situación como ésta, no podemos sino negarnos a volver a esa oscuridad, incluso si quién pretende traérnosla, ha sido, como en el caso de Rajoy, elegido en las urnas.



domingo, 2 de febrero de 2014

La Convención de la mentira


Con una numerosa manifestación de mujeres recorriendo las calles de Madrid, en contra de la nueva Ley del aborto y la marea verde en contra de la Ley Wert  en la puerta, el PP ha celebrado una Convención en Valladolid, cuyo mensaje merece la pena ser oído, aunque no sea más que para poder rebatirlo en su totalidad, con el simple argumento de lo que ha ocurrido en España, durante estos dos últimos años.
Lamentándose de la herencia recibida de Zapatero, como si Rajoy no hubiera tenido la obligación como jefe de la oposición, de conocer al detalle cómo estaba la situación española de entonces, los pesos pesados del Partido conservador han ido desfilando ante los suyos, claramente condicionados por la proximidad de las elecciones europeas y haciendo alarde de una presunción absolutamente desmedida, sobre lo que ha sido su gestión de la crisis y las medidas, que según ellos, se han visto obligados a tomar.
Como si los españoles no tuviéramos memoria, ni hubiéramos sufrido en carne propia la violencia de los decretos promulgados por Rajoy en la mitad de su tiempo de mandato, la referencia continua a la notable mejoría que, siempre en su versión, ha sufrido el País, se ha convertido en una constante durante todos y cada uno de los actos celebrados, sin que en ningún momento se haya reconocido ni un solo error, ni se haya hecho mención alguna a las numerosísimas protestas que ha protagonizado y sigue protagonizando la ciudadanía, ni a los incontables casos de corrupción que se han producido en sus filas, encabezados por el de Bárcenas, que afecta directamente a la credibilidad de cuántos subieron al púlpito para tratar de convencer a los incautos, de que vuelvan a beneficiarles con sus votos.
Hemos podido oír al Presidente, vanagloriarse de que su Reforma Laboral está solucionando el problema del paro en España, omitiendo conscientemente mencionar que seis millones de ciudadanos, un millón más que cuando él asumió el poder, siguen desempleados, despreciando olímpicamente la gravísima situación familiar en que estas personas se encuentran e  intentando convencer a la población de que trague esta gran mentira, urdida junto con otras muchas para recuperar la confianza, al menos de aquellos que siempre les votaron y que ahora se encuentran absolutamente defraudados por el reiterado incumplimiento de sus antiguas promesas.
Hemos tenido que oír a Montoro decir literalmente, que lo que ellos saben hacer es bajar los impuestos, tras haber potenciado más de cuarenta subidas de los mismos durante su estancia en el Ministerio, que tanto han mermado el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Y hemos tenido que ver al marido de Cospedal, sentado en la primera fila, junto a su mujer, como si ser sospechosos de cobrar en negro durante años, fuera algo de lo que jactarse ante sus militantes o bien, un ejemplo a seguir, para todos aquellos que se encuentren directamente relacionados con algún cargo público, o sean consortes de quiénes lo detentan, como en el caso que nos ocupa.
También hemos visto a Gallardón ignorar olímpicamente la oleada de protestas levantadas dentro y fuera de su partido por el borrador de su nueva Ley de aborto y reafirmarse en todos los inaceptables puntos que la forman, como si verdaderamente fuera dueño de los cuerpos y las mentes de todas las mujeres españolas, a las que reduce a una mera función de procreación, aunque sea en contra de su propia voluntad y hasta cercenando el derecho constitucional que las ampara para tomar libremente las decisiones que más les convenga.
Refiriéndose a la numerosa manifestación que se estaba produciendo en esos mismos momentos en Madrid y tratando, como otras veces de manipular la realidad de lo que estaba sucediendo dijo que ningún grito o alboroto le apearía de seguir adelante con este proyecto, a pesar de la inmensa soledad, en que todos sabemos  que se encuentra.
En un ambiente de despreocupación absoluta, que choca frontalmente con los gravísimos problemas que padecemos, la falta de ética demostrada por el PP en la celebración de este acto y la ausencia total de responsabilidad para con su pueblo, no ha podido quedar más patente ni ser más obvia para todos los españoles.
No hemos creído ni una sola de sus palabras, es más, sabemos que todas y cada una de ellas, las haya pronunciado quien haya sido, forman parte de un espejismo creado para la ocasión y son el primer paso para abrir un nuevo camino de falsas promesas, de cara al periodo electoral que se avecina y que les pilla a traición, desprotegidos por lo encarnizado de sus luchas internas,  inermes ante las numerosas sospechas de corrupción que les acucian y desacreditados por la pésima gestión de la crisis que han hecho durante sus dos años de mandato.
Puede que esta Convención de la mentira haya sido un éxito para ellos, pero a nosotros nos ha servido, desde luego, para corroborar lo poco que les importamos y para no volver a dejarnos utilizar nunca más, por quienes nada han hecho ni harán por el pueblo, aunque llegaran a gobernar veinte años.