jueves, 14 de noviembre de 2013

El fiscal defensor


Cuando el juez Castro acariciaba con la mano la decisión de imputar a la Infanta Cristina, dado el aluvión de indicios que apuntan a que conocía perfectamente la marcha de las empresas de su marido, el fiscal encargado del caso, convertido en el mayor defensor de la hija del Rey, se adelanta diciendo que no encuentra motivos para su imputación, desacreditando aún más de lo que ya lo había hecho, la autoridad de uno de los pocos jueces en que confían los españoles, dado el interés demostrado en la aclaración, hasta el final, de los hechos que nos ocupan.
Nadie ha hablado aún de las tendencias políticas de este fiscal, que bien podría ser, si se tienen en cuenta sus actos, un defensor a ultranza de la Institución de una Monarquía, a la que este caso y otros muchos acontecimientos ocurridos en los últimos tiempos, colocan ahora en sus más bajos índices de popularidad, en la opinión de unos españoles cansados del oscurantismo que rodea al Rey y su familia.
Sin poder afirmar con rotundidad las tendencias monárquicas del fiscal en cuestión, su empeño en desembarazar a la Infanta de las innumerables sospechas que la sitúan en la primera línea de fuego en las empresas de Urdangarín, no parece siquiera propio de su oficio y por ello genera en la ciudadanía, serias dudas sobre la profesionalidad de este hombre, que desde un principio no ha hecho otra cosa que poner palos en las ruedas a Castro, en un claro ejercicio de funciones más propias de un abogado defensor, que del puesto que ocupa, para penuria nuestra.
¿Está el fiscal recibiendo también presiones externas que le obligan a anticiparse a las decisiones del juez, impidiendo el total esclarecimiento de los hechos?     
Aunque no estamos en posición de afirmarlo, podemos intuir que sí, ya que si el propio magistrado se atreve a denunciar que se siente acosado desde que llegó a sus manos esta historia, es fácil imaginar que si la acusación no pone sobre la mesa las pruebas necesarias para la imputación, todo podría llegar a diluirse, para beneficio de la Infanta.
Lo peor es que los españoles nos sentimos absolutamente estafados por la marcha de la Justicia y en este caso, no podemos culpar al Juez de desinterés o desidia, sino que todas las consideraciones que nos impiden conocer toda la verdad, apuntan directamente a la figura del fiscal y a su denodado empeño por salvar la honorabilidad de la Princesa.
El favor que hace a la Casa Real, influye negativamente en la opinión de los españoles, que empiezan a pensar que la gravedad de los hechos ha de ser de dimensiones mucho mayores de lo que se les dice, cuando se demuestra tanto interés en tapar qué fue lo que pasó, quiénes son los culpables del delito y a cuánto asciende el montante defraudado por estas empresas fantasmas de tan rancio abolengo.
El empeño en distraer la atención, apartando a la Infanta de la acción judicial, no hace más que confirmar todas las sospechas que hablan de su implicación en los sucios negocios que manejaba su marido, mientras se dedicaba a gastar a manos llenas los pingues beneficios que reportaban, procurando hurtar las cantidades, a los ojos de Hacienda.
Este sufrido pueblo nunca creyó que Cristina fuera tonta. Sin pretenderlo, este fiscal se ha propuesto en demostrar que sí, que lo era de capirote.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Borrando las huellas del Prestige


Mientras Bruselas reprende seriamente al ministro Wert, por su mentira sobre las subvenciones para las becas Erasmus, los responsables de la terrible catástrofe ecológica del Prestige son absueltos por la justicia, como si la contaminación de las costas gallegas nunca hubiera existido y el lema del Nunca mais hubiera sido una invención de los miles de desinteresados ciudadanos que colaboraron en las labores de limpieza.
El tiempo transcurrido y la flaca memoria que se tiene en España de los acontecimientos, han debido jugar en contra del esclarecimiento de este caso, del que se considera ahora que no hubo culpables, considerando supuestamente, que lo ocurrido entonces se debió a toda una suerte de catastróficas desdichas y que nadie debe pagar la enorme responsabilidad de haber acabado con la vida de las especies que habitaban la mar gallega, ni la consiguiente ruina económica que generó el suceso para los habitantes de esta parte de España.
Una vez más, la Justicia se pone de parte de los poderosos, mofándose del enorme esfuerzo que hizo entonces la Sociedad, al implicarse hasta las cejas en una historia que no aportaba ninguna compensación económica, a ninguno de los voluntarios que abandonaron sus vidas para instalarse en la Costa da morte, hundiéndose en océanos de chapapote, hasta conseguir que el mar y las arenas quedaran limpios de contaminación y cuyo esfuerzo nunca terminó de ser suficientemente reconocido, ni por el entonces Ministro  Rajoy, ni por el gobierno de Aznar, empeñado como tantas veces, en restar importancia a tan terrible suceso.
Hace unos años, tuve la suerte de admirar en La Coruña una exposición fotográfica que plasmaba en imágenes todo el esfuerzo que se empleó en aquella ingrata tarea y que ponía cara a los desconocidos que acudieron en ayuda de los ciudadanos de Galicia, quedando absolutamente horrorizada por la magnitud de lo que allí se veía, dando gracias porque a alguien se le hubiera ocurrido dejar testimonio de lo ocurrido, al margen de las Instituciones políticas.
Quedaba allí meridianamente claro que los “hilillos de plastilina” a los que hacía referencia quien hoy es nuestro Presidente de Gobierno eran en realidad, una ingente cantidad de combustible que ennegrecía las aguas del mar, provocando con su paso letal, la agonía de las aves y los peces que habían tenido la desgracia de encontrarse en la zona, cuando se produjo la catástrofe.
También la suerte de los pescadores gallegos cambió de manera radical entonces y han hecho falta diez años para volver a mirar al futuro con cierta esperanza.
Pero por lo visto, para el juez encargado del caso, nada de esto ha sido suficiente, o bien, por intereses ocultos, la acusación no ha sido bien planteada, mostrando la crudísima realidad de lo que originó el Prestige, o no ha convenido ahora, por alguna razón, establecer responsabilidades sobre la tragedia.
 Sin embargo, el caso Prestige está grabado a fuego en la memoria de los españoles y todos esperábamos al fin, que los culpables pagaran su delito, que no dejó de ser un atentado contra la totalidad de la sociedad, al haber atacado directamente un entorno natural que pertenece a todos, haciéndolo inhabitable durante una década.
Y aunque últimamente estamos bastante acostumbrados a sufrir la injusticia de casi todas las sentencias, este nuevo error judicial toca la esencia personal de todos nosotros, al dejar impune un delito de tales dimensiones, aunque haya transcurrido tanto tiempo.
El Prestige no fue un barco fantasma que naufragó en las costas gallegas. Lo sabemos nosotros y lo saben a ciencia cierta, todos los que se equivocaron entonces en gestionar  lo ocurrido. Claro que ahora, el Ministro responsable gobierna el País y eso supone una dificultad añadida para propiciar un esclarecimiento total de los hechos. Por si acaso le roza el escándalo, dañando aún más la mala imagen que ya tiene.






martes, 12 de noviembre de 2013

Luto en Filipinas


Vuelven las fuerzas de la Naturaleza a cebarse con los más pobres, dejando una imagen terrible del paso de un tifón en Filipinas, que muestra al mundo un panorama desolador que recuerda de cerca  lo ocurrido en Haití, mientras en esta vieja Europa nos seguimos preocupando fundamentalmente, por la marcha de los mercados y por la posición que ocupamos en la lista de los más ricos, que nosotros en particular, hace tiempo que abandonamos, pudiendo entender por ello mejor, la angustia que trae consigo la pobreza.
La muerte y la desolación atrapan a los filipinos entre sus garras, dejándoles solos frente a la adversidad, sin la protección que supone, al menos, tener las más primarias necesidades cubiertas y les coloca de repente en el ranking de una pobreza sobrevenida, esperando que la solidaridad mundial se apiade de su situación y palíe su desesperación con algunas migajas de ayuda, en forma de medicinas y alimentos.
No se puede saber qué es peor, si la desgracia de haber muerto al paso del tifón o la suerte de haber sobrevivido quedando en condiciones tan pésimas y teniendo que soportar la incertidumbre de no saber aún cuántos miembros de la unidad familiar han quedado sepultados bajo las aguas, sin esperanza siquiera de poder recuperar sus cadáveres, para rendirles un tributo de duelo.
Como pasó en Haití, las ayudas no serán para nada, suficientes y el paso del tiempo se encargará de enterrar el recuerdo de esta tragedia, permitiéndonos a los demás continuar como si nada hubiera pasado, alejando cada vez más esta primera solidaridad que hoy sentimos. Es lo que tiene la facilidad de olvidar que el hombre usa como mecanismo de defensa.
Convendría recordar que tampoco es lo mismo que un desastre de esta categoría ocurra en un país poderoso, que en otro como Filipinas, ya que los recursos propios juegan una baza fundamental a la hora de afrontar la recuperación y no contar con la suficiente riqueza, hace más duro aún emprender el camino del futuro, si los que más tienen no responden como de ellos se esperaría y no colaboran con generosidad, con los que todo lo han perdido.
Pero esto no sucederá, pues la avaricia que caracteriza a los sistemas que mueven el mundo de los ricos, jamás serían capaces de poner en peligro la abundancia de sus arcas repletas y la sola idea de aportar, a fondo perdido, una cantidad importante de capital destinada exclusivamente a fines solidarios, no entra dentro de los planes malévolos de obtener beneficios, que son el único objetivo a tener en cuenta, cuando se trata de cuestiones crematísticas.
Ni siquiera los elementos se compadecen de los pobres. Como si los desastres naturales también estuvieran dirigidos por manos negras que los apartan incomprensiblemente de las zonas de desarrollo y el que menos tiene estuviera destinado siempre a sufrir, sin poder escapar del destino.
Mientras, la civilización más avanzada, exprime los recursos hasta agotarlos, ejerciendo una influencia nociva sobre el Planeta y propiciando que de vez en cuando, la Madre naturaleza, devuelva en forma de desastre el maltrato a que la sometemos, aunque lo suele hacer, injustamente, castigando a los menos culpables de su deterioro, cebándose con los más inocentes, con los desheredados de esta tierra.






lunes, 11 de noviembre de 2013

Huir de la sumisión


No es de extrañar que el Obispo de Granada, aprovechando la epidemia que se está apoderando del País, se haya atrevido a financiar la publicación de un libro en el que se anima a las mujeres a practicar la sumisión en el matrimonio, interpretando un papel secundario como mediadora de todos los males familiares y perdonando las infidelidades del marido, en un alarde de extrema comprensión con los pecados ajenos.
Y digo bien, porque la epidemia de sumisión que se ha establecido entre nosotros y que nos hace aceptar en silencio todas las vejaciones que contra la sociedad en general se practican, puede perfectamente dar lugar a la aparición masiva de mensajes como éste que lanza el Obispo, evidenciando que sólo nos falta un último paso para caer de lleno en los brazos de una esclavitud personal, de la que nos costará probablemente, muchos años deshacernos.
La penuria laboral que nos ha colocado en el umbral de la pobreza y el temor a traspasar la delgada línea que nos separa de la miseria que para nosotros constituiría la falta total de ingresos, hacen que haya proliferado una actitud de acatamiento ante lo que consideramos un destino que sólo puede escribir la mano de los poderosos y cuyo espíritu nos coloca en la única tesitura de tener que aceptar lo que se nos imponga, por considerar que no existe ninguna otra vía que nos permita escapar de los brazos de la tragedia.
Pero no es verdad que la sumisión y el recato, el silencio y la indecisión o la obediencia, constituyan una garantía que nos aseguren un futuro estable ante los avatares que para nosotros, tengan reservados en su chistera, los poderes que hoy nos gobiernan.
Es más, la evidencia de otros momentos ha demostrado fehacientemente que la sumisión absoluta, termina siempre por convertirse en un enemigo que se nos vuelve en contra, propiciando al tirano una oportunidad de oro para continuar oprimiéndonos, con el simple argumento de pensar que permanecer en silencio conlleva un significado de complacencia y demostrando a sus ojos que aún podría tensar un poco más la cuerda, al no recibir ningún tipo de oposición a sus malévolas acciones.
El planteamiento que hoy se hace nuestra sociedad de que el futuro está en manos de los dueños del capital que mueve los entresijos del mundo, no deja de ser una mera falacia, pues sin la colaboración de los trabajadores, sumisos o no, que son diariamente los auténticos artífices de la producción de beneficios de cualquier tipo de negocio, conseguir amasar fortunas, sería del todo imposible.
No es pues lógico que sigamos convencidos que un puesto de trabajo es un regalo que los poderosos nos hacen y que tenemos que aceptar en las condiciones indignas que hoy día se nos ofrecen, sino que el contrato que firmamos con él es un mero intercambio que nunca llegaría a funcionar, ni a proporcionarle al dueño de la empresa ningún tipo de privilegio que le permita seguir disfrutando de una vida plena, si simplemente nos negamos a trabajar, provocando con ello, si la acción es colectiva, dar al traste con todas las aspiraciones que tuviera el sujeto.
Nosotros, los pobres, somos la fuerza que mueve el mundo y somos nosotros quienes con nuestro trabajo, hacemos el favor a los dueños de los capitales, que por tanto harían bien en escuchar nuestras propuestas.
Y esta verdad absoluta no tendría ningún tipo de discusión, si los poderosos no hubieran decidido que un tercer elemento entrara en el juego, convirtiéndolo en un aliado primordial del que aprovecharse hasta la saciedad y provocando a la vez que su nefasta influencia se cuele en las conciencias de sus oponentes, provocando un cataclismo que afecta directamente a la voluntad, cambiando el espíritu de lucha en sumisión y transformando la fuerza de la palabra en oscuro silencio.
Ese tercer elemento adormecedor de conciencias  es el miedo y la evidencia de la nocividad de sus efectos sobre la buena salud mental de los hombres, podría resumirse echando una mirada alrededor, en este país y en este momento.
El conformismo generalizado que demostramos los españoles ante lo que nos está sucediendo en los últimos tiempos, el tratar de justificar nuestro inmovilismo con la premisa de que “eso es lo que hay”, como si no fuera factible por ningún medio cambiar nuestra situación y la de los demás, es la prueba de que la propagación del miedo ha triunfado, incluso alcanzando un grado superlativo que lo ha convertido en terror, convirtiéndonos en meros títeres, en manos de los que se han dedicado a extenderlo.
Pero si por un solo instante la lógica de esta reacción se rompiera y nos diéramos cuenta de que no estamos solos y de que la poca fuerza que podemos hacer individualmente podría transformarse en ciclón, si consiguiéramos sostener un principio de unidad,  dejando caer nuestros brazos, paralizando la producción durante cierto tiempo y dando por sentado que ya no nos queda nada que perder y que, por tanto, cualquier cosa que consiguiéramos sería el primer logro de lo que pudiera ser una ascensión hacia un futuro mejor ¿adónde iría el miedo?
Si contradiciendo a lo que se espera de nosotros saliéramos de la oscuridad, comprendiendo que no puede ser de otra manera, que el protagonismo de la historia es siempre de las mayorías ¿adónde irían los que han basado en nuestro terror todas las bazas de su actual triunfo?
¿Quién tendría las riendas del mundo si los poderosos empezaran a perder, a causa de nuestra negativa a trabajar en las condiciones que nos ofrecen?
El refranero español, casi siempre de una sabiduría rotunda, ya lo sentencia en un lenguaje popular que no deja dudas: “Mientras más se agacha uno, más se le ve el culo”





domingo, 10 de noviembre de 2013

Virus propios y ajenos


Forzosamente paralizada por el ataque de un virus incapacitante, manifestado en forma de vértigos, no me ha quedado otro remedio que desconectar de cualquier actividad, incluida la escritura y mantenerme en posición horizontal, que era la única que paliaba medianamente los síntomas, perdiéndome  la oportunidad de contar todas las cosas interesantes que han ido pasando durante esta última semana.
Como si los dioses se hubieran conjurado, la actualidad ha estado bullendo a mi alrededor estrepitosamente, causándome la natural inquietud por no poder ocupar mi sitio ante el papel, a pesar de la dolorosa indignación que me provocaban ciertos acontecimientos.
Querría destacar como suceso primordial, el cierre de la televisión valenciana, por orden del gobierno autonómico, tras conocerse la sentencia que obligaba a readmitir a la totalidad de los trabajadores despedidos por un ERE y que ha precipitado el consiguiente disgusto morrocotudo en los dirigentes del PP que gobiernan Valencia y que no han visto otra solución mejor que acabar con el Ente público autonómico, con argumentos cercanos al chantaje emocional, que ni han convencido a los trabajadores, ni a una ciudadanía realmente a favor de la continuidad de las emisiones, quizá por considerarlas como una seña de identidad, al emitirse en su propio idioma y formar parte de su lugar de residencia.
El Presidente de la Generalitat se ha atrevido a decir que prefiere cerrar una televisión con deudas millonarias, que tener que prescindir de colegios u hospitales, en un burdo intento de hacer pensar a los valencianos sobre cuáles son realmente unas prioridades que, en la realidad, ni tienen por qué mezclarse, ni forman parte de las mismas partidas de unos gastos que, por cierto, nadie asume haber hecho en el caso de la televisión y que, a la par, siguen recortándose como en todo el territorio nacional, también en Sanidad y en Educación.
A raíz de la decisión gubernamental, sin embargo, los trabajadores han seguido emitiendo y aprovechando la ausencia de vigilancia, han empleado estos pocos días en denunciar la terrible censura a que han sido sometidos durante veinte años, por parte de los dirigentes autonómicos del PP, contando que les obligaban a ocultar cualquier contenido que resultara desfavorable para los intereses de un partido, continuamente tocado por graves casos de corrupción en esa parte de España.
Inmediatamente contestados por toda la prensa declaradamente oficialista,  que les ha acusado directamente de una inexplicable cobardía, al no haber hecho nunca referencia a esta censura encubierta durante el tiempo en que han trabajado en el Ente, muchos de ellos han manifestado que a quienes se atrevían siquiera a sugerir la manipulación de contenidos, se  les relegaba inmediatamente a puestos de menos responsabilidad, impidiéndoles en cualquier caso ascender en la empresa, de lo que han dado fe varios afectados por tales medidas, como prueba evidente de la veracidad de estos hechos.
Al escándalo del cierre televisivo, se ha sumado además, la detención de una decena de dirigentes de la Caja del Mediterráneo, que habían estado preparando minuciosamente una huida colectiva al Caribe, tras una millonaria fuga de capitales, en gran parte provenientes de los ahorros invertidos en preferentes, que les aseguraba un brillante porvenir a todos ellos, lejos de las penurias de la crisis y forrados hasta los dientes, en aquellos destinos idílicos.
El juez Bermúdez se ha encargado de frustrar  tan “magníficos” planes y los ha puesto a todos exactamente donde tenían que estar, es decir, entre rejas, al menos mientras investiga el auténtico alcance de los hechos, con la idea de exigir responsabilidades a quienes corresponda, independientemente esperamos,  de su rango, su apellido o su oficio, como debiera ser siempre, cuando se trata de autores de delitos.
También siguen apareciendo pruebas de la implicación de la Infanta Cristina en las empresas de Urdangarín, por lo que la ciudadanía mantiene la ilusión de que el juez Castro pueda conseguir finalmente su imputación, a pesar de las terribles presiones que está sufriendo para que no sea así, incluyendo amenazas personales y otras muchas “lindezas”.
Entretanto, una serie de etarras implicados en multitud de crímenes, salen por las puertas de las prisiones españolas, en cumplimiento de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, o al menos eso se nos quiere hacer pensar, aunque algunos creamos que lo que está ocurriendo es que existe una negociación encubierta entre el gobierno y ETA, para conseguir el abandono final de las armas.
Así que como ven, los virus no solo han afectado esta semana a gente corriente como yo, sino que parecen haberse instalado a todo lo largo y ancho del País, enfermando indiscriminadamente a todos los ámbitos de la Sociedad con su nocividad, sin que de momento, se haya dado con un tratamiento eficaz que los destruya, ni con una vacuna prodigiosa que procure su erradicación para siempre, como a todos nos gustaría.
Y lo que es peor, con los recortes practicados en investigación, mucho nos tememos que al final, acaben convirtiéndose en pandemia, a la vista de lo que acontece a diario frente a nuestros atónitos ojos.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Corrupción por rutina


La magnífica entrevista que Jordi Évole (Salvados, La Sexta) realizó a Pedro Crespo, el considerado número dos de la trama Gurtel y ex secretario general del PP gallego y que se emitió ayer Domingo por la noche, vino a corroborar punto por punto todo lo declarado por Bárcenas y volvió a colocar al Partido de Rajoy en el punto de mira, al reconocer Crespo también que los “donativos” de los empresarios en dinero negro eran considerados una práctica habitual, igual que lo era el cobro de  sobresueldos, por parte de los líderes de la formación conservadora, por mucho que ahora se afanen en negar ambas cosas.
La descripción de cómo entraba el dinero en las sedes del PP no pudo ser más minuciosa, llegando incluso a resaltar que existía entre los donantes y los receptores, una especie de pacto entre caballeros, por lo que ni siquiera se contaba el montante recibido, confiando plenamente  ambas partes, en que todo estaría bien, sin hacer falta comprobación alguna.
Reconoció también que para ninguna empresa era posible ejecutar una obra pública, sin pasar previamente por caja y que la cantidad de dinero que se donaba de manera ilegal, solía multiplicarse ampliamente ante la llegada de las elecciones, sin que a nadie en el PP le extrañara el modo en que se producían dichas entregas, pues todo el mundo las consideraba algo absolutamente natural, al menos en el Partido al que pertenecían.
También afirmó con contundencia que muchos de los que califican a Bárcenas como delincuente tienen mucho por qué callar y corroboró que el contenido de los papeles del ex tesorero era absolutamente cierto, añadiendo que él también conservaba algún documento escrito que corroboraba la existencia de esta financiación ilegal y el cobro de sobresueldos en B, en este caso, por parte de líderes del PP gallego.
Sin admitir que el caso Gurtel, en el que está imputado,  hubiera existido, recurrió, cómo no, a la manida teoría de la conspiración urdida, dijo, en el despacho del número dos de Rubalcaba y auguró que solo unos cuantos se “comerían este marrón”, porque al PP ahora le convenía limpiar su imagen y que en el caso Bárcenas, los asuntos de la financiación ilegal y los sobresueldos, serían sobreseídos,  el próximo Diciembre.
En ningún momento mostró Crespo signos de nerviosismo y sí una total seguridad en que lo que contaba era una certeza conocida por todos en el PP, incluido el Presidente de Gobierno y toda la cúpula actual, aunque ahora les urgiera desembarazarse de estos hechos y por eso negaran de manera tajante tales prácticas rutinarias y su implicación personal en ellas.
La entrevista dejó boquiabiertos a los espectadores y una vez más, hay que reconocer el mérito de Évole en su manera de hacer periodismo, ya que demuestra que también en estos tiempos difíciles, se puede ofrecer una información valiente a la ciudadanía, sin tener que depender de vasallaje alguno que limite la libertad  de expresión de los periodistas, aunque la costumbre demuestre que el partidismo condiciona casi en su totalidad al cuarto poder y que la verdad ha pasado a un segundo plano a la hora de informar, para casi todos los profesionales del género.
Tuvo de novedoso el reportaje, que corroboró punto por punto las tesis de Bárcenas, por lo que ya no son uno, sino dos, los ex militantes del PP que reconocen la existencia de mucho dinero negro en las arcas de los populares y que explicaría con bastante claridad la cantidad que aparece en las cuentas de Bárcenas en Suiza y que pudiera ser una manera de blanquear el capital procedente de los “donativos”, aunque en este caso, sólo apareciera su nombre en el banco helvético.
Sin saber si al final Crespo y Bárcenas decidirán aunar fuerzas en la defensa de su teoría, la credibilidad de las afirmaciones que los populares han hecho en los últimos tiempos, incluso ante la justicia, queda absolutamente en entredicho y merecería una investigación a fondo, incluso aconsejando la imputación de los líderes, para poder llegar al esclarecimiento total del asunto.
Y es que no estamos hablando de un Partido pequeño sin importancia en el ámbito nacional, sino de la formación que está gobernando España en este momento y cuyos líderes ocupan cargos de vital importancia, que abarcan desde la misma Presidencia de gobierno, hasta el último de los Ministerios y de cuya labor y limpieza al realizarla, depende el porvenir de la Nación y el transcurrir de nuestras vidas.
Por mucho menos, Nixon se vio obligado a dimitir en Estados Unidos.
¿Qué más tiene que ocurrir para que Rajoy se vaya?


domingo, 3 de noviembre de 2013

Afán de protagonismo


No falla. Cada cierto tiempo, el ex Presidente José María Aznar busca alguna razón para saltar a la primera página de los periódicos, sin haber aprendido aún a resignarse con la pérdida de popularidad mediática que acarrea el abandono de un puesto de la importancia del que ocupó, hasta que en 2004 fue derrotado por Zapatero.
Tras las críticas que emitió hace unos meses contra la política seguida por su propio partido, colocando a Rajoy en la incómoda tesitura de tener que explicar a los suyos los entresijos de su manera de gobernar, si quería evitar un cisma de incalculables consecuencias, acaba ahora de publicar un libro en el que vuelve a retomar el tema de la autoría del 11M, culpando al CNI de haberle confundido en su primera valoración de un tema, que para Aznar supone una herida incurable que no se cerrará hasta que no consiga admitir que el atentado fue una consecuencia directa de su decisión de formar parte de los países que declararon la guerra a Irak, capitaneados por el entonces presidente estadounidense Bush, tal como recuerda la foto de las Azores.
Mucho se empeñó el entonces Presidente en inculcar la idea de que la matanza de los trenes había sido obra de ETA, a pesar de que desde el primer momento los indicios señalaban al terrorismo islamista como único participante en los hechos, y todos recordamos como hasta altas horas de la noche de la jornada de reflexión, previa a las elecciones del día siguiente y presionado por un clamor popular que reclamaba su derecho a conocer la verdad, a Ángel Aceves no le quedó otro remedio que admitir lo que la prensa llevaba horas dando como cierto y que después se comprobaría en su totalidad, por medio de las investigaciones policiales.
Se habló entonces incluso, de un ofrecimiento de los servicios de inteligencia de Israel, que estaban convencidos de que los islamistas se encontraban detrás del trágico suceso, que fue “amablemente” rechazado por Aznar, en un intento a la desesperada de no perder las elecciones, teniendo que salir por la puerta de atrás, acusado tácitamente por la ciudadanía, de haber provocado con su política, el ataque de los terroristas.
Perder aquellos comicios de manera tan deshonrosa debió ser, para la reconocida altivez de Aznar, un borrón en su expediente que no ha podido perdonar nunca y por eso, no desaprovecha ninguna ocasión para intentar crear una duda razonable sobre la autoría de los atentados, incluso habiendo llegado  a inventar una teoría de conspiración, que situaría al PSOE, que venció inesperadamente en aquellas elecciones, en el mismo nivel de indignidad de los que detonaron las bombas, con el único objetivo de conseguir el poder.
Pero los hechos fueron los que fueron y el posterior proceso se encargaría de demostrar con toda claridad que ni ETA tuvo nada que ver en el 11M, ni hizo falta ninguna conspiración para que la voluntad popular apeara a Aznar de un sillón de mando, que había ido perdiendo con su actitud de servilismo hacia Bush, al mismo tiempo que desoía el grito ensordecedor de los españoles que clamaban para que no se sumara a la guerra.
Y sin embargo, a pesar de haber transcurrido casi diez años, no perdona y consciente de que a sus más fieles seguidores les agrada que aún se polemice con lo que sin duda fue el error más grande de su carrera política, de vez en cuando, se permite volver a poner en duda aquella verdad, enervando los espíritus ardientes de los recalcitrantes defensores de la derecha más conservadora, a la vez que deja en evidencia su innegable afán de protagonismo.
No cuenta, sin embargo, con la evidencia de que los españoles tienen memoria.
Tampoco ninguno de nosotros podemos olvidar aquel trágico once Marzo, ni las razones que condujeron a que las cosas ocurrieran así, porque aquellos fueron, por primera vez, nuestros muertos y su recuerdo merece también, como el de las víctimas de ETA que tanto defiende el PP, la consideración de que la verdad prevalezca, por encima de consideraciones políticas y de la relevancia de ciertos personajes que siempre estarán, a su pesar, ligados a esa verdad por sus acciones…y por sus omisiones.