lunes, 9 de septiembre de 2013

Para reflexionar


Los resultados de las últimas encuestas, en las que el PSOE adelanta en intención de voto al PP, remontando la enorme diferencia que les separaba, a pesar de la  pésima gestión que está haciendo Rubalcaba como líder de la oposición, vienen a demostrarle a Rajoy que ni las cosas marchan tan bien como pretende hacernos creer desde su púlpito, ni los españoles estamos, en absoluto, de acuerdo con la línea política que ha decidido seguir, ni le perdonamos el total incumplimiento de promesas electorales que utilizó como medio para llegar al poder y que luego, fueron barridas por el viento.
La trama Gurtel y el apéndice Bárcenas en particular, han terminado de segar cualquier resquicio de credibilidad que pudiera quedarle y la presencia real de casi seis millones de desempleados se ha convertido en un fantasma que le persigue recordándole el estrepitoso fracaso de su Reforma Laboral y de su plan de recortes, que nos han llevado hasta los mismos umbrales de la pobreza.
Puede hacerlo aún peor, si se le ocurre demostrar su ya manifiesto apoyo a Obama, enviando a soldados españoles a participar en la inminente contienda en Siria, como ya hiciera su compañero de Partido Aznar en el caso de Irak y que causó una contundente respuesta por parte de los españoles y la posterior pérdida de elecciones, a raíz de los atentados de los trenes de Madrid.
Sin embargo, la posición actual del PSOE no parece una buena perspectiva de futuro y no debe la formación de Rubalcaba pensar que cuenta con la confianza del pueblo español, como para otorgarle un respaldo mayoritario a la hora de formar gobierno.
A decir verdad, todo hace prever que la etapa del bipartidismo se da por concluida y que los resultados de las próximas elecciones, europeas, municipales o generales, más bien propiciaran que sean las coaliciones y no un solo partido, las que se encarguen de dirigir los destinos de nuestro lacerado País.
Es verdad que es un avance que el PP ya no pueda argumentar que la mayoría absoluta que obtuvo le otorga poderes para actuar como mejor le parezca, pues esto sería considerar que la intención de voto sigue siendo la misma y la técnica de mentir nunca ha funcionado a ninguna de las formaciones políticas que nos han gobernado desde la llegada de la Democracia, pero aún faltan dos años para terminar la legislatura y si el asunto Bárcenas no fuerza una dimisión que aparte a Rajoy de su cargo, hay tiempo suficiente para que los mandatos europeos acaben por cumplirse a rajatabla, para desdoro de todos nosotros.
Tampoco puede ahora el PSOE convertir su ventaja en bandera y creer que ha vencido en la encarnizada batalla por el poder que mantiene con los populares, si Rubalcaba sigue empecinado en mantenerse como líder de su Partido y no desaparecen del panorama político todos los rostros que cooperaron con Zapatero, cuando rebajando el sueldo a los funcionarios, abrió la peligrosa puerta que ha dado lugar a tantos y tantos desmanes en el mundo laboral y a la colosal pérdida de derechos que hemos sufrido los españoles.
También para ellos los dos años serán igual de largos y el caso de los ERE, que ya costado la cabeza del Presidente andaluz, podría empezar en breve a cobrarse otras víctimas de relevancia, empujándoles de nuevo al abismo en que cayeron, en las últimas elecciones legislativas.
La prensa destaca hoy que los Movimientos del 15M se están planteando presentarse a las elecciones europeas y es este un factor muy importante a tener en cuenta, a juzgar por las simpatías que despiertan, a nivel de calle.
Si los partidos minoritarios juegan bien sus cartas, habrá cambios  de relevancia en el nuevo hemiciclo y quizá podamos dejar atrás, de una vez, el terrible fantasma de la corrupción que ha podrido a todos los niveles, el panorama político español.
Si yo fuera Rajoy, empezaría a plantearme otra línea de actuación, con urgencia.  

  


domingo, 8 de septiembre de 2013

Un suspiro de alivio


Creo que no soy la única española que se alegra profundamente de que a Madrid no se le hayan concedido las Olimpiadas del 2020, a pesar de que por ello haya que renunciar a la creación de un cierto número de empleos y a todas esas ventajas que la señora Botella ha vendido tan mal en Buenos Aires, por mucho que se empeñe ahora en responsabilizar a otros de este nuevo fracaso.
Detrás de la parafernalia que se había organizado y a pesar de la presunción de que todos los ciudadanos apoyábamos la candidatura, estando totalmente de acuerdo con la preparación que desde el Ayuntamiento de Madrid (PP) se viene recreando desde hace ya demasiados años, una buena parte de nosotros temíamos que de ser elegidos, la fiesta olímpica terminara por acarrearnos otra cuantiosa deuda que sumar a la que ya tenemos y otros muchos casos de corrupción, en relación con las nuevas obras que habría que acometer y que al fin y al cabo, siempre son dirigidas por la clase política.
La anterior convocatoria ya supuso un dispendio exagerado, que capitaneó el entonces alcalde Gallardón, con los mismos argumentos que se esgrimen en ésta y que costaron a la ciudad de Madrid caer en manos de los prestamistas, para construir una infraestructura  que tras la decepción, ha resultado hasta ahora, absolutamente ineficaz o inservible.
En este momento, además, nos encontramos inmersos en una crisis virulenta, que ha llevado a una gran parte de nuestra población hasta los mismos límites de la pobreza y es de ley que cualquier derroche extraordinario que represente una inversión de envergadura, no se dedique precisamente a la preparación de un evento deportivo, cualquiera que sea su importancia, sino más bien, a la creación de puestos de trabajo de carácter fijo y de no de una eventualidad manifiesta, que volverían a desaparecer, tras la celebración de las Olimpiadas.
Haber concedido a Madrid el acontecimiento que hacía suyo la plana mayor del PP, con el Presidente Rajoy a la cabeza, habría supuesto también dar un espaldarazo a las políticas económicas de este gobierno y admitir la irreverente teoría de que estamos saliendo de esta crisis, en la que se han empeñado ahora los dirigentes conservadores y con la que los ciudadanos no estamos, para nada, de acuerdo.
La experiencia nos dice que en España nunca se gana nada con tales celebraciones sino que o bien porque se produce un descarado desvío de los fondos, o bien porque nos pasamos en las previsiones que hacemos cada vez que se celebra alguno, a los españoles siempre termina por costarnos el dinero que los políticos luzcan palmito de cara al mundo y aunque en otras ocasiones quizá nos lo podíamos permitir, en el momento actual, ni estamos para gastos, ni dispuestos a tolerar que estas situaciones se repitan.
Así que lo mejor sería que Madrid se fuera olvidando de este asunto, que da la impresión de ser una batalla más de las muchas que viene librando en su rivalidad con Cataluña y se fuera dedicando, por ejemplo a replantearse con seriedad si la privatización de la Sanidad que están llevando a cabo los populares hace justicia a la ciudadanía o si el capital que se pensaba dedicar al evento no estaría mejor invertido en devolver su derecho a beca, a los miles de estudiantes que este año se han quedado sin poder acceder a la Universidad, por falta de medios.
Este absurdo sueño, que quedará atrás, con toda certeza, sin que nadie se haga responsable del estrepitoso fracaso y, por supuesto, sin dimisiones políticas, se acabó.
Media España emitió ayer un enorme suspiro de alivio.  


jueves, 5 de septiembre de 2013

Se buscan padrinos


La paupérrima política de Becas que prevé el gobierno de Rajoy a partir de este curso y que deja sin la posibilidad de acceder a una carrera Universitaria, por motivos estrictamente económicos, a miles de jóvenes españoles, empieza a dar lugar a una serie de soluciones in extremis, que tratan desesperadamente de paliar la irrecuperable pérdida de cerebros que dejará en un futuro al país, huérfano de todos aquellos talentos que se desaprovecharon, a causa de unos recortes que se ceban una y otra vez con los más desfavorecidos.
Los rectores de unas cuantas Universidades han lanzado la idea de apadrinar a un universitario, copiando la campaña que cierta ONG lleva a cabo desde hace varios años en los países del tercer mundo y que en el caso que nos ocupa, se trataría de costear los estudios a aquellos chicos cuyas familias carecieran de medios para financiar  la carrera,  aunque por su valía y por su esfuerzo, ellos merecieran la oportunidad de cursarla, a pesar de que el Estado se la niega.
La medida ha levantado inmediatamente un mar de críticas por parte de los defensores de la Ley Wert, que siguen empeñados en defender las posturas innegablemente clasistas de este Ministro, negándose a reconocer la evidencia de que ya en el Curso que empieza, una multitud de estudiantes o no podrán sufragar los gastos que ocasiona acudir a la Universidad, o tendrán que abandonar sus carreras, por el mismo motivo.
En medio del empobrecimiento general que nos ha regalado esta crisis, las familias, que han visto reducidos sus ingresos o los han perdido en su totalidad, a causa del altísimo desempleo que sufrimos, han de establecer necesariamente prioridades a la hora de consumir y no les queda otro remedio que poner por delante los gastos de manutención y, en muchos casos, hasta los hipotecarios, si no quieren ser víctimas de la insaciable avaricia de los bancos y acabar siendo desahuciados, como ya ha sucedido a muchos miles de nosotros.
Pero no queda más remedio que dudar de que la buena voluntad de los ricos vaya a pasar por invertir sus fondos personales en formar a los hijos de los obreros a los que la situación actual ha colocado en el umbral de la miseria, ya que si, como sería natural, no olvidaran su procedencia, una vez formados, podrían llegar a convertirse en un azote para sus benefactores, si se colocaran del lado de los que están dispuestos a luchar por derechos de clase que se han ido perdiendo en los últimos tiempos.
Otra cosa sería si la inversión reportara algún beneficio fiscal de consistencia a los posibles padrinos o fuera un modo de blanquear capital sin que nadie hiciera preguntas sobre la procedencia del dinero, como ocurre con ciertas Fundaciones que todos conocemos y a las que no viene ahora al caso referirse.
Vergüenza debiera darle al Gobierno que haya que recurrir a iniciativas como ésta, en un  País que hasta hace poco lideraba la excelencia de una Educación Pública libre e igualitaria, que tan buenos profesionales ha dado en todos los campos , como demuestra la  consideración en que se tiene a nuestros Licenciados y Doctores, fuera de nuestras fronteras.
Pero está claro que ni a Rajoy ni a los suyos les interesa, sino denostar el modelo educativo español, para iniciar, igual que en la Sanidad, una paulatina privatización del mismo, esta vez, en connivencia con la Iglesia católica, que copa casi todas las vertientes de la enseñanza concertada en el País y que ha encontrado en ella un filón de adoctrinamiento, además de un negocio rentable que reporta a las arcas vaticanas pingues beneficios.
Ya nos gustaría a los españoles no tener que recurrir a padrinos y que la situación de la Educación continuara exactamente como está, más que nada porque cuando las cosas se hacen bien, no merece la pena tocarlas.
Los que procedemos de la Educación Pública avalamos el éxito de la misma. Luchamos mucho y duro por desterrar el clasismo de las aulas y conseguimos que entre nuestros hijos y los de los acaudalados no hubiera diferencias por motivos de economía y que las aulas de las Universidades españolas albergaran en iguales condiciones, al príncipe y al mendigo.
Y al hilo de la propuesta lanzada por los Rectores ¿no sería buena idea que Bárcenas, Urdangarín y todos los corruptos que han saqueado las arcas del Estado se convirtieran, obligatoriamente, en los padrinos de la nueva generación de Universitarios españoles?





miércoles, 4 de septiembre de 2013

La importancia de otros asuntos


En honor a la verdad, cuesta trabajo encontrar noticias que alcancen el nivel de interés que suscitan  ahora las relacionadas con los casos de corrupción en España y escudriñar a diario las páginas de la prensa, buscando otros focos de actualidad sobre los que escribir, se ha convertido en una ardua tarea  que una se impone, para vencer el tedio que produce tener que hablar siempre de lo mismo, por muy inquietante que sea y por mucho que se desee la resolución final de los hechos.
Pero desde que La Reforma  de Rajoy nos fue impuesta a golpe de decreto,  se están dando una serie de circunstancias en el panorama laboral español, que merecen una consideración profunda y que a menudo son obviadas por la prensa, al haber convertido ciertos empresarios en costumbre, el hecho de colocar a sus subordinados ante la tesitura de tener que elegir entre la pérdida de su empleo o aceptar una reducción drástica de su salario y un aumento de la jornada, como si de repente hubiéramos regresado a los últimos años del SXIX.
Esta amenaza en toda regla, que viola todas las normas de la ética y convierte a los asalariados en esclavos y a los empresarios, prácticamente en sus dueños, es, sin embargo, considerada por nuestro gobierno como un mal menor, ya que evita a pesar de ser deshonesta, el crecimiento de las listas de desempleo que  alcanzan cifras hasta ahora desconocidas en nuestro país y que, con toda probabilidad, volverán a aumentar en cuanto se acabe el verano.
En otro tiempo, la lucha sindical se hubiera encargado de combatir con virulencia estas prácticas, pero la dulcificación de las posturas que imponen las subvenciones recibidas por parte del Estado y el descrédito de haberse visto envueltos nuestros Sindicatos en casos de tanta caladura como el de los ERE, han colocado a sus líderes del lado de la tibieza y no hay agallas para hacer frente al despropósito que supone esta vuelta atrás, por lo que incomprensiblemente, permanecen callados ante la tragedia.
Al trabajador no le queda entonces otro remedio que aceptar, dándose cuenta de que se encuentra en total indefensión ante estas propuestas, que solamente unos años atrás, hubieran sido consideradas como delito por las Magistraturas españolas, pero que ahora están amparadas por la ley y se asientan, cada vez más entre nosotros, sin que aparentemente se pueda hacer por evitarlo, algo más que salir a la calle, pidiendo la colaboración de otros ciudadanos, que por cercanía, nos comprenden.
¿Cómo puede el gobierno presumir del triunfo de su Reforma, mientras suceden estos atropellos y se ataca, directamente, la dignidad de los trabajadores, aprovechando la  situación agónica que produce el solo pensamiento de no poder mantener a la familia, si les falta el empleo?
¿De verdad compensan estas prácticas cuando el resultado obtenido en Agosto es la creación de 31 empleos, a pesar de tratarse del mejor mes para el sector turístico y la hostelería y viviendo como vivimos ahora, fundamentalmente, de esto?
Mientras nuestro Presidente obedece a Europa y proclama su intención de seguir adelante con esta absurda línea de trabajo, el conjunto de los españoles lloran en silencio la pérdida de sus derechos y hasta la de su propia dignidad, al verse obligados a ceder a la tiranía impuesta por la avaricia de los que tienen en sus manos el futuro de todos nosotros.

A ver si el caso Bárcenas da sus frutos y un milagro nos libra para siempre de estas políticas deshumanizadas que han irrumpido en esta crisis, rebajando a los hombres y mujeres de este país, a niveles absolutamente imperdonables.

martes, 3 de septiembre de 2013

Borrando, borrando


Las continuas sorpresas que ofrece el caso Bárcenas copan las portadas de la actualidad, sin dejar que ningún otro tema le haga sombra, a los ojos de la opinión de los españoles, muy a pesar de Mariano Rajoy, que sigue empeñado en hablar solo de economía, en un momento en que lo que más interesa es que se aclaren los casos de corrupción que han contribuido fuertemente a la ruina de nuestro País.
El borrado de los discos duros de los ordenadores de Bárcenas, que se hallaban bajo la custodia de María Dolores de Cospedal, según palabras propias, y la desaparición de las imágenes grabadas en la sede de Génova, que mostraban claramente la identidad de quienes frecuentaban la casa central del PP, vienen a echar más leña al enorme fuego creado en torno a los líderes conservadores, con el Presidente del Gobierno a la cabeza y son la comidilla de los demás grupos en el Congreso, impotentes para hacer frente a esta trama rocambolesca, a causa de la mayoría absoluta que impide que ninguna de sus propuestas salga adelante.
Izquierda Unida parece dispuesta a ampliar las denuncias interpuestas en este caso, en el que actúa como acusación particular, alegando ahora destrucción de pruebas fundamentales para el esclarecimiento del asunto, y quiere llegar hasta el final, liderando al resto de las formaciones políticas y esperando que su insistencia acabe dando frutos, si es que el juez Ruz llegara a considerar que ha existido delito, al producirse el borrado de los discos y las imágenes, estando el caso Bárcenas sub iúdice, como todos sabemos.
Entretanto, Rita Barberá y Francisco Camps, están a punto de ser imputados por el juez Castro en el caso de Urdangarín, que también sigue aportando carne al asador informativo, al conocerse ahora que el Rey prestó a su hija Cristina la nada desdeñable cantidad de un millón, doscientos mil euros, para hacer posible la compra de la casa de Pedralbes, en la que hasta ahora vivía con ese marido que tantos secretos ocultaba y al que no quedará más remedio que comparecer ante la justicia para explicar cómo ganaba con tanta facilidad un dinero, en muchos casos, perteneciente al resto de los españoles.
Es por tanto bastante natural, que la ciudadanía se empeñe encarecidamente en que se le explique a dónde han ido a parar los millones que se le han ido sustrayendo por parte de unos y de otros y que, en parte, han tenido también que ver en tener que endeudarse hasta las cejas en un rescate, que está costando sangre, sudor y lágrimas devolver y que es el responsable de muchos de los recortes que se están llevando a cabo en servicios tan indispensables, como la sanidad o la Educación.
Todos nos hemos dado cuenta de que a nuestro Presidente le interesa de manera personal que miremos para otro lado, queriendo convencernos de una inexistente realidad que según él, es un espléndido comienzo para salir de la crisis, pero la época en que los españoles todavía creían en las palabras de sus políticos hace ya tiempo que pasó y el incumplimiento del programa electoral que han protagonizado Rajoy y los suyos durante los dos últimos años y las gravísimas acusaciones de corrupción que penden sobre sus cabezas, hacen imposible confiar en nada que venga de los líderes del PP, si no consiguen antes, terminar con el paro y explicar qué pasó realmente, entre las paredes de Génova.
  


lunes, 2 de septiembre de 2013

Una pura indecencia


En pleno fragor de la crisis y sin pensar un solo momento en las consecuencias que para muchos millones de españoles ha producido la pérdida de empleo y hasta la de su misma dignidad, el que podría considerarse como el primer Club de fútbol del país, el Real Madrid para más señas, paga ciento un millones de euros por el fichaje de un jugador, empeñado en formar un equipo que le aporte una etapa de triunfos como las de antaño cuando paseaban con copas de Europa y de liga por todo el mundo, presumiendo de una españolidad que aquí siempre fue considerada como próxima a las derechas.
Los jugadores de fútbol, que se han convertido en una pura mercancía en manos de los especuladores que han encontrado un filón de negocio en la punta de sus botas, son actualmente intercambiados entre los equipos más poderosos a cambio de cifras astronómicas, que constituyen una pura indecencia si se tiene en cuenta la situación de gravedad en que nos movemos y en el caso de los clubs españoles, sus inconmensurables deudas con Hacienda.
Pero este deporte es la droga capaz de adormecer con su efecto las conciencias de las masas e impide que su preocupación por la creciente pérdida de derechos y por la precariedad laboral, provoque un estallido social de dimensiones incalculables y parece ser considerado por los gobiernos de los países totalmente al margen de la Ley, quizá porque les proporciona un impagable servicio, convirtiendo a los ciudadanos en títeres embelesados que llenan las gradas de los campos y se calman ante las pantallas de televisión que retransmiten los encuentros.
No duelen prendas a los Presidentes de Clubes en invertir capitales en la captación de figuras que aseguren la continuidad de sus prósperos negocios, al mismo tiempo que va creciendo la factura que adeudan a las arcas públicas, de las que dependen, por ejemplo, el buen funcionamiento de los servicios sociales que ahora son negados a los más desfavorecidos, por evidente falta de fondos.
La ausencia de decoro, al presumir ante los medios de comunicación de lo que pagan por los nuevos fichajes, dice mucho de la catadura moral de estos empresarios que han deteriorado el deporte, hasta el punto de convertirlo en algo bien distinto de la finalidad que realmente debería moverlo y muy lejos de la posición altruista que siempre caracterizó a los atletas, desde que exhibían sus habilidades en los estadios del país heleno, allá en la antigüedad.
Mientras los niños españoles empiezan a sufrir desnutrición, por la falta de medios de sus padres para poder ofrecerles al menos, una comida al día, Bale es presentado en el Estadio Bernabéu con honores de rey, como si en sus manos estuviera el destino del mundo.
Si esto es justicia social, habrá que cambiar con urgencia el sistema que permite  que estas cosas sucedan.




domingo, 1 de septiembre de 2013

Cargado de nuevas promesas


A un paso de que Barak Obama decida iniciar una guerra con Siria, Mariano Rajoy da comienzo al nuevo curso político, con un discurso entre triunfalista y visionario, en el que se atreve de nuevo, a mitad de la legislatura, a prometer buenas nuevas a un pueblo español, que ha podido comprobar en carne propia que entre las palabras y los hechos de este Presidente, hay un enorme abismo.
 Arropado por algunos incondicionales, ya le quedan muy pocos, y sabiendo de antemano que cuenta de seguro con su aplauso, afirma Rajoy que estamos saliendo de la crisis, que el año que viene bajará los impuestos y que nada ni nadie conseguirá apartarle de la trayectoria emprendida, que es la misma que nos ha traído su desafortunada Reforma Laboral y la multitud de recortes y pérdidas de derechos, que hemos ido sufriendo durante sus casi ya dos años de mandato.
Como poseído por una realidad virtual y sin hacer referencia en ningún momento a los embrollos del caso Bárcenas, que le mantienen sobre una cuerda floja de la que con toda probabilidad, acabará cayendo, ignora por completo la crudeza del paro que padecemos y la precariedad laboral que está poniendo a nuestra mano de obra a niveles solo conocidos en países del tercer mundo.
No aparece ya a su lado el incombustible Arenas, ni ninguna de las caras pertenecientes a la corriente de José María Aznar o Esperanza Aguirre, que parecen haberle abandonado a su suerte después de que las sospechas sobre la financiación ilegal de su partido o el asunto de los sobresueldos le cerquen haciendo casi imposible la posibilidad de una salida.
Puede que le culpen de haber cometido la torpeza de permitir que este asunto de dimensiones aún desconocidas haya visto finalmente la luz y por tanto, de la incontestable pérdida de votos que tendrá el PP en los próximos comicios que se celebren o que en cierta medida, se alegren de su fracaso personal, esperando el momento de volver a alzarse con el poder, esta vez como salvadores de su Partido y también de la Patria.
Tampoco se  refirió Rajoy a temas internacionales como el de Gibraltar o a la inminente intervención en Siria, probablemente tratando de evitar tener que pronunciarse sobre sus intenciones en el primero de estos asuntos y para no tener que tomar partido entre Londres y Washington, ahora que no se ponen de acuerdo  sobre el conflicto que afecta al país musulmán.
Después de la ridícula imagen de unidad ofrecida en el transcurso de sus vacaciones, en la que aparecía paseando idílicamente por el campo, acompañado de toda una cohorte de afines a su cuerda, la única intención de Rajoy, a punto de entrar en un Otoño que se presuma muy caliente, ha sido ¿cómo no?, presumir de lo bien que lo ha hecho y jurar sobre su imprescindible biblia, que aún lo hará mejor.
Las catastróficas listas de espera en la Seguridad Social, las infinitas protestas sobre la Ley Wert, el desempleo, el hambre infantil y las amenazas de ciertos empresarios sobre los trabajadores, por un momento, dejaron de existir en Sotomayor y convirtieron a España en un país idílico en el que da gusto vivir, gracias a la actuación de su magnífico Presidente.

Si alguien todavía le creyó, tendrá merecido cuanto le pase.