lunes, 10 de junio de 2013

Un grupo de valientes



En contra de lo que la derecha califica como un gesto de mala educación, la postura de los estudiantes de excelencia que se negaron a estrechar la mano del señor Wert, no puede ser más coherente.
En contacto directo con lo que ocurre en los ambientes universitarios y formando parte de la élite que alcanza los primeros puestos de las promociones, a base de esfuerzo, podría decirse que nadie mejor informado que ellos sobre lo que puede aportar la nueva Ley de Educación, ni más capacitados para poder discernir si están o no a favor de su implantación y de las consecuencias que traerá la misma.
Haciendo uso de la libertad de expresión que otorga a todos los españoles la Constitución, estos estudiantes ya optaron por cambiar las galas propias que podrían haber lucido uno de los días más importantes de sus vidas, por una simple camiseta de color verde, que se ha convertido en el símbolo de la solidaridad popular con la Enseñanza Pública y el rechazo a la implantación del sistema clasista propuesto por el Ministro Wert y que sesga cualquier oportunidad de llegar a la Universidad, a todos aquellos que no dispongan de los medios económicos que, a partir de ahora, serán necesarios para tal fin.
Del mismo modo, estrechar la mano de quien trata de llevar adelante esta Ley, cerrando con ella el camino de la educación a las clases humildes, hubiera constituido un acto de total hipocresía, que colocaría  la cursilería del protocolo establecido, por delante de lo que cada cual pudiera sentir hacia quién considera artífice de algo que rechaza y que hubiera mermado considerablemente la imagen de indignación que recorre los ambientes universitarios y que es preciso que se conozca, también, por el resto de la sociedad española-
La valentía de estos muchachos, que han conseguido con su gesto, copar las primeras páginas de todos los medios de comunicación, puede que haya sido más válida que todas las protestas organizadas en el último año en las calles, al tratarse de la primera ocasión en que se ha podido expresar esta oposición a la Ley, en contacto físico con un Ministro, bastante reacio a discutir ni con instituciones ni con particulares, lo que considera el meollo de su proyecto.
El desplante es más que merecido, si se tiene en cuenta que Wert se ha negado sistemáticamente a escuchar a Padres, Alumnos y Profesores y que su única ambición se centra en sacar adelante su Ley, a pesar de tener al grueso de la sociedad en contra y teniendo en cuenta que, con toda probabilidad, estos estudiantes nunca más tendrán la ocasión de ver al Ministro tan de cerca, justo era que aprovecharan la oportunidad para mostrarle el desacuerdo con su política, para provocar en él, el mismo sentimiento de abandono que a diario siente la ciudadanía, cuando sus protestas no son escuchadas.
La valentía de estos jóvenes, que podrían representar el sentimiento generalizado de los universitarios, deja también en entredicho, al tratarse de los mejores estudiantes del País, la teoría de que quienes se manifiestan en la calle son alborotadores profesionales, sin oficio ni beneficio y constituye una llamada de alerta con mayúsculas, para un gobierno absolutamente desligado del sentir ciudadano, que impone de manera dictatorial sus decretos, maltratando e insultando, por norma, a todos aquellos que se atreven a manifestar su oposición, de la manera que fuere y siempre dentro de una legalidad vigente.
Si Wert ha sido herido en su orgullo, a lo mejor esto era una necesidad para contrarrestar su soberbia.
Ahora sabe por experiencia propia que los estudiantes no le quieren, que no piensan abandonar la lucha por conservar el derecho a una Educación  Pública de calidad y que así lo van a decir cada vez que tengan ocasión, independientemente de quién sea su interlocutor o de la importancia del acto que en ese momento se celebre.



domingo, 9 de junio de 2013

Pobreza al final de la vida


A partir de una fecha no muy lejana, la solidaridad que ha sido motor del Sistema de Pensiones español, dejará de tener importancia y los bolsillos de los nuevos jubilados, iniciarán una estrecha relación con la marcha de las arcas de la Seguridad Social, creciendo o decreciendo, en total consonancia con las fluctuaciones económicas que les depare un futuro, en principio, bastante incierto.
El concepto abstracto de crisis, que reiteradamente se viene cebando con la situación de los más débiles de nuestra sociedad, pero que hasta ahora había pasado de puntillas sobre las vidas de los mayores, se detiene ante la puerta de este colectivo para atacar sin compasión su más que probada vulnerabilidad, esgrimiendo el hacha de la pobreza sobre las cabezas de quienes lo forman y que han venido contribuyendo puntualmente,  durante todo su periplo laboral, a sostener el mismo sistema que ahora se derrumba , pillándoles bajo sus escombros.
Uno de esos comités de “sabios” nombrado por el Gobierno de Mariano Rajoy, ofrecía el viernes una rueda de prensa, absolutamente ininteligible para quienes no hayan cursado la carrera de Economía, pero que se jactaba, como viene siendo costumbre en todo lo que tenga que ver con el PP, de haber obrado para bien de las mayorías, aunque en este caso eso signifique una reducción drástica del nivel de vida para todos los pensionistas y augure para los más desfavorecidos de ellos, una vejez que los instala directamente en la miseria, sin ninguna esperanza de poder sobrevivir dignamente y absolutamente desprotegidos por el Estado.
 Finalmente, las exigencias europeas, se han ido cumpliendo una por una y todo el entramado de prestaciones públicas que tan bien han estado funcionando en este país, nos van siendo impunemente arrebatadas, con el único ánimo de hacer sostenible un sistema económico usurero y feroz, que engulle a los ciudadanos con su insaciable voracidad, privándoles de cualquier cosa que tenga que ver con el bienestar y colocándoles de manera permanente, sobre una línea de inestabilidad, en la que el miedo y la desilusión, constituyen su única compañía.
Se habla ahora de la esperanza de vida de los españoles, como un factor de riesgo en la sostenibilidad del Sistema de Pensiones, como si el hecho de haber conseguido una mejora considerable en la salud de los ciudadanos, fuera algo por lo que hubiera que pedir perdón a los magnates europeos y hasta se trata de hacer un cálculo personalizado de esa esperanza, para relacionarlo con la cuantía a percibir y que, por supuesto, bajaría, si las previsiones fueran buenas.
Quizá por eso, al mismo tiempo que se discuten los términos que incluirá el próximo decretazo que prepara el gobierno, se intenta la privatización paulatina de la Sanidad pública,  que empezará en breve, a privar a los más humildes de su derecho a la salud, ayudando en gran manera a que la longevidad, acabe por convertirse, simplemente, en un privilegio de los ricos.
Pero la vileza de estas acciones aún va más allá, porque no se puede ignorar que en los tiempos que corren y con más de seis millones de españoles  en situación de desempleo, las pensiones de los mayores, se han convertido en el sostén indiscutible de infinidad de núcleos familiares, que malviven, sola y exclusivamente, de la cuantía de esos ingresos.
Por lo tanto, si debido a la época de crisis, el nivel de dichas pensiones es a partir de ahora, reducido, sin que se haya solucionado primero, como sería de rigor, el problema del paro, el futuro que se abre ante nuestros ojos  no puede ser más desolador…y no sólo para los viejos.
El error de lesionar el Sistema de Pensiones, sin embargo, podría ser la última gota que colmara el vaso de nuestra aparentemente inagotable paciencia, pues al haber estado contribuyendo los mayores, con sus aportaciones mensuales, a la contención de la indignación de muchos miles de desempleados, han estado consiguiendo detener un más que probable estallido social, imparable ahora, si la posibilidad de supervivencia se hace inviable.
Y no es ya que los jubilados vayan a convertirse de repente en la chispa que haga saltar por los aires la estabilidad civil, sino que los que hasta ahora encontraban en su protección un modo de salir adelante, van a tener que asumir  que también esta posibilidad de salida, les está siendo vedada por la inutilidad de este gobierno y como ya hemos dicho muchas veces, no tener nada que perder, suele casi siempre generar una extrema violencia.
Por ser España el primero de los países europeos que se atreve a poner en práctica esta medida, las reacciones venideras son aún una incógnita incontestable y al no saberse todavía el apoyo político con el que contará Rajoy para sacar adelante el proyecto, los españoles aguardan con expectación las reacciones de los Partidos, sobre todo para tener claro a quiénes no deben votar nunca más, si es que deciden en algún momento, volver a emitir su voto.
La pobreza al final de la vida es el peor pago que puede recibir un trabajador honrado que culmina su vida laboral. Por eso no se puede perdonar a quienes se empeñan en hacer realidad esta tragedia colectiva.




  

jueves, 6 de junio de 2013

Errores imperdonables



El FMI, copiando en cierto modo el ejemplo de la Iglesia Católica, que pide perdón cuando las cosas ya no tienen remedio, dice ahora que se han equivocado con las exigencias que hicieron a Grecia, como condición para recibir el rescate y que la han llevado a una reducción drástica del consumo, un veinticinco por ciento de paro y un alto índice de pobreza instalado en su población, que tiene visos de prolongarse, asuman o no su equivocación, los usureros europeos.
Cualquier estudiante de Bachillerato de la Educación Pública española, esa que tanto critica Wert, se hubiera dado cuenta sin pasar por ninguna Facultad, que las medidas propuestas por Europa a los países del sur y, principalmente a Grecia, al producir como efecto inmediato un altísimo desempleo, estaban abocadas al más estrepitoso de los fracasos.
De poco o nada sirve ahora a los griegos el arrepentimiento de estos iluminados que les han llevado a la ruina y que nunca han querido escuchar el clamor popular que se oponía diametralmente al camino que habían tomado, supuestamente, para remediar esta crisis.
Fragmentado el País y vendido al mejor postor por la inutilidad de sus políticos, bastante similar a la de los nuestros, la fingida contrición que aparentan los miembros del FMI mientras suplican el perdón de los ciudadanos, no tiene el menor viso de credibilidad, dada la calidad moral de los suplicantes.
En justicia, Grecia debiera exigir ahora la urgente reparación del error y que el FMI aportara una fuerte inversión dedicada exclusivamente a la creación de puestos de trabajo, que saquen a los griegos del precipicio al que fueron arrojados, sin piedad, por la señora Lagarde  y sus socios.
¿Y qué pasará con los otros países y en especial, con el nuestro? ¿Es el arrepentimiento extensible a todos aquellos a quienes han ido maltratando con sus exigencias de recorte, o como aún no han llegando a la categoría de catástrofe que azota Grecia, siguen considerando válidas sus inteligibles propuestas y hemos de seguir recortando en salarios, pensiones y partidas sociales, para merecer su atención y su propósito de enmienda?
La esperpéntica imagen de este organismo, que durante los últimos tiempos ha sido la guillotina que ha segado las ilusiones y las esperanzas de media Europa, cae por fin, estrépitopsamente empujada por su ineptitud y se muestra ante nuestros con toda la crudeza que pone la realidad en los rostros de los fracasados.
En buena lid, si son ellos los que reconocen haberse equivocado, que empiecen a pagar por ello, de la misma manera en que nos han hecho pagar a nosotros, con sangre, sudor y lágrimas.



miércoles, 5 de junio de 2013

Tolerancia cero


El recrudecimiento de la violencia de género, detectado en estos últimos meses, obliga a una revisión urgente de las medidas legales que suelen adoptarse en nuestro país, e invita al gobierno de Mariano Rajoy a posicionarse claramente en esta cuestión, sobre la que siempre ha mantenido una ambigüedad imperdonable.
Es verdad que las órdenes de alejamiento pueden haber evitado muertes y que la concienciación ciudadana se ha elevado con respecto al pasado, pero lo cierto y verdad es que las mujeres siguen en innumerables casos, atemorizadas por sus agresores, sin que haya medios reales para establecer una vigilancia permanente, que las proteja de esta plaga que tantas víctimas les ha costado, desde que decidieron que su dependencia del varón había terminado y que tenían derecho a tener vida propia.
Una gran parte de la culpa de lo que ocurre la tiene la educación diferenciada que muchas familias practican con sus hijos, preservando los privilegios que por cuestión de sexo, han tenido los hombres desde tiempos inmemoriales y que les exime, por ejemplo, de las labores domésticas, en lo que sería un primer paso hacia la consolidación de un carácter machista, que después perdurará durante toda su vida.
Tampoco se hace suficiente hincapié en que la tolerancia con el maltrato ha de ser nula, sobre todo en edades adolescentes, mostrando a las hijas que el camino de la igualdad es el único posible cuando se establece una relación, por lo que a menudo tropezamos con chicas muy jóvenes, que continúan viendo en los celos una prueba de amor y que toleran diariamente actitudes de violencia verbal, e incluso física, justificándolas y agradeciéndolas e incluso refiriéndolas en público, como una forma de pasión envidiable, que hace única la relación que mantienen.
La cruda realidad se encarga siempre de demostrar la falsedad de este argumento y el paso de los años, coloca al maltratador exactamente en su justo papel, en cuanto los celos adolescentes empiezan a transformarse en una idea obsesiva de poseer a la persona con la que conviven, anulando su personalidad y llegando hasta el asesinato, con tal de demostrar su prepotencia-
La labor de los padres en estos primeros pasos de noviazgo precoz, ha de ser obligatoriamente contundente y la lucha diaria en este sentido, ha de estar orientada a dejar claro que la libertad individual y el desarrollo de la personalidad de cada uno, debe estar por encima de cualquier intento de anulación por parte de quien se tiene enfrente, dando lugar de persistir, a un abandono inmediato de la relación y a una denuncia, si el individuo tras el adiós, practicara el acoso, a través de llamadas telefónicas, seguimientos o en las redes sociales, que tan de moda están, en los últimos tiempos.
En el caso de los hijos varones, la educación en el respeto a la mujer y su práctica en casa por parte de los padres, es la piedra angular en el proceso.
Aplaudir actitudes machistas, como las que convierten a los hombres en el centro del universo, ninguneando el papel de la mujer en la sociedad y relegándola únicamente al de madre y esposa, potencia sobremanera el sentimiento de falso orgullo que ha prevalecido durante siglos en el mundo, e impide a quien lo tiene, avanzar en el pensamiento de complicidad que toda pareja necesita.
No se puede ser conservador en esto. Sin una mínima dosis de progresismo, esta cuestión estaría enquistada en el pasado y la lucha que las mujeres han mantenido por conseguir la igualdad, estaría perdida de antemano y sin remisión posible.
Es pues labor de los gobiernos, del signo que sean, desligar la ideología de lo que es justo, en lo que a este tema se refiere, sin dar tregua a los que aún creen que las personas pueden ser de su propiedad y convierten la vida de sus parejas en un infierno, empleando a diario como única arma, la violencia.
Los pasos atrás que pudieran darse, empleando como argumento razones de pura ideología, traerán siempre consigo más pérdidas de vidas humanas y un aumento de los casos que ya tenemos, al no haber efectivos policiales suficientes, para combatir lo que ocurre.



martes, 4 de junio de 2013

La más pura inmoralidad


No le basta al Banco de España con haber contribuido grandemente al hundimiento económico del País, consintiendo gestiones como las de Bankia y cerrando los ojos ante la venta de productos como las preferentes, sino que además permite a sus gobernadores hacer pronunciamientos periódicos sobre la marcha de la economía, como si la responsabilidad de la crisis que padecemos no estuviera directamente relacionada con el sector al que pertenecen y la deuda adquirida por el rescate que han necesitado, no hubiera generado un empeoramiento de los problemas de todos los españoles.
Este último, cuyo nombre no merece siquiera mencionarse en esta humilde página, aboga descaradamente y sin ningún rubor por una bajada inmediata de la cuantía del salario mínimo y por una urgente supresión de los convenios colectivos que rigen desde hace años, las subidas de sueldo de los trabajadores por sectores y que se habían gestionado hasta ahora con total normalidad, incluso antes de la llegada de la Democracia.
Las palabras de este individuo que ocupa por designación dáctil uno de los puestos mejor pagados de la Nación, cruzan todas las líneas éticas establecidas y son un ejemplo indiscutible de la más pura inmoralidad que reina en el territorio nacional y especialmente, en todas las parcelas que tengan que ver directamente con el dinero, sean o no, parte de la estructura oficial del estado.
El mensaje no puede ser más demoledor e inadmisible, pues aunque se quisiera buscar algún viso de buena intención en sus palabras, inmediatamente tendría que surgir la comparación entre el modo de vida que disfruta el que las pronunció y el  del resto de los trabajadores, que en este caso serían los afectados por las medidas propuestas, además de haber tenido que soportar las ya aplicadas por el Gobierno de Rajoy, sin contar con su parecer y a golpe de decreto.
Poco o nada importa a este personaje el bienestar del País, ya que acomodado en su posición de privilegio de manera inamovible, mientras siga como un cordero las directrices de quién lo nombró, cualquier eventualidad sufrida por el conjunto de la sociedad le es ajena, siempre que la Banca a la que representa, pueda salir airosa del atolladero en que se metió durante los años  de bonanza inmobiliaria y que tantos sacrificios está costando a los españoles, que no tenían arte ni parte en tan disparatados entuertos.
Y sin embargo estas sugerencias, bien podrían ser aceptadas de buen grado por el gobierno de la derecha, acorralado como está por la gravedad de los acontecimientos y llevadas a la práctica, apoyándose en el argumento de que provienen de un auténtico experto en la materia, independientemente de si tal experto tiene o no la suficiente moral, como para ponerse en la piel de los demás, que en este caso somos todos nosotros-
Reducir aún más los salarios y hacer desaparecer los convenios, no solo supondría, sin embargo, una reducción drástica del consumo, sino que situaría ipso facto, dentro de la más absoluta pobreza,  a un buen número de familias que ya malviven con lo que ahora obtienen como pago de su trabajo, cuando tienen la suerte de encontrarlo y la Reforma Laboral de Rajoy no los pone en la calle sin discusión, al poco tiempo de haberse incorporado al mercado laboral.
La lógica aconsejaría, precisamente, lo contrario, si se quiere empujar a las familias a consumir, para que no se termine de arruinar el sector del comercio, que ya está padeciendo de manera insostenible el paso del huracán que nos azota y que no encuentra respuesta a su oferta, al estar los bolsillos de los españoles, cada vez más vacios.
El gobernador del Banco de España haría muy bien en dedicarse con ahínco a sus funciones, en lugar de emplear su tiempo en aspirar a ser estrella de la televisión, haciendo declaraciones de este calado ante las cámaras, con una desvergüenza tal, que resulta difícil encontrar calificativos que reflejen lo que verdaderamente representan.
Tampoco estaría mal que el Gobierno llamara al orden al personaje, haciéndole comprender que no entra dentro de sus competencias asesorar a nuestros mandatarios con propuesta alguna y que lo suyo ha de ser, intentar reflotar las arcas del País, dedicando, por ejemplo, ese tiempo que pierde en opinar, en vigilar intensivamente y sin piedad, los comportamientos de los que tan buenas razones han dado, para que se les responsabilice de una gran parte de nuestro fracaso.
Al final, hará bueno a Fernández Ordoñez. Vivir para ver.



   

lunes, 3 de junio de 2013

El esfuerzo del ama de casa


En todo este cúmulo de tragedias que nos está trayendo la crisis y relegada al último lugar en el orden de las preferencias informativas, las amas de casa españolas son, sin embargo, auténticos ejemplos de eficacia, a la hora de organizar la economía de las familias y las que sufren más duramente los efectos de las carencias, bregando con el paro que se ha instalado entre los suyos y haciendo auténticos juegos malabares para estirar los pocos recursos que poseen, para llegar a fin de mes, mientras arropan bajo su manto protector a miles de hijos que se han visto obligados a refugiarse en el hogar paterno, acosados por la pobreza y sin ninguna esperanza de futuro.
La lección magistral que a diario ofrecen estas heroínas, poniéndose al frente de situaciones más que dantescas, podrían y deberían ser estudiadas con detalle por más de un ministro de economía, porque sin duda les ayudaría grandemente al aprendizaje de cómo hay que manejar los recursos que se poseen y de qué modo es necesario establecer prioridades cuando todo escasea y sin embargo, no queda otro remedio que salir adelante.
Olvidadas por todos los políticos y no reflejadas en ninguna estadística, al no poseer cualificación profesional, constituyen no obstante, un numeroso colectivo, al que difícilmente pueden sorprender las dificultades y cuya opinión resultaría interesante escuchar, por la mucha experiencia que acumulan, en la resolución de problemas extremadamente difíciles.
No haría falta más que mirar al lado para descubrir a más de una de ellas, teniendo que sobrevivir con un subsidio de poco más de cuatrocientos euros, al haber agotado su cónyuge el tiempo de paro correspondiente y no haber encontrado trabajo,pero que además, ha tenido que recibir en casa a uno o varios hijos también desempleados con sus familias, al haberse quedado sin un techo, a causa de los desahucios.
Si cualquiera de nuestros políticos tuviera que lidiar con esta situación y hacer componendas de la índole que fuera, para salir de un atolladero de tales características, sin duda el signo de su voluntad, cambiaría considerablemente y tendría que aprender a anteponer la solución de problemas de tal envergadura, a los mandatos de una Europa autoritaria que no está dispuesta a contemplarlos, ni a arbitrar medidas que los resuelvan, para que no se repitan jamás.
Y sin embargo, la voz silenciosa de las amas de casa, ni siquiera se contabiliza, casi nunca, en las cifras de la protesta, ni su abnegación es  mencionada por ninguno de nuestros supuestos representantes en el Parlamento, ni aplaudida desde las plataformas ciudadanas, como si estas mujeres fueran invisibles.
Pero aún siéndolo, su papel en el desarrollo de esta crisis es de una importancia extrema, sobre todo si se habla del problema emocional que acogota a los españoles y que sin el apoyo encontrado en el seno de la familia, podría derivar hacia actitudes mucho más violentas, que pondrían en enormes dificultades a los gobiernos de cualquier signo.
Sin ayuda, levantarse cada mañana y salir a la calle con la cabeza alta, a pesar de que detrás de la puerta que cierran queda toda una amalgama de variopintos sufrimientos, es toda una odisea que precisa de ingentes dosis de valentía y de la voluntad de creer que sí se puede, aunque no lleven el slogan escrito en el pecho, ni se arropen detrás de las siglas de alguna organización que las respalde.
Ya quisiera De Guindos tener cerca asesores de estas características y poder contar con el sabio consejo de quienes tan buen ejemplo dan a los que a pesar de tenerlo todo, no son capaces de subsistir, si no es con una mueca de frustración en el rostro.
Y ya quisieran los políticos tener una mínima parte de la autoridad moral de estas mujeres, que no tienen poder, ni cuentas en Suiza y que en incluso, en muchos casos, ni siquiera tuvieron la oportunidad de acceder a una educación y que, sin embargo, manejan el rumbo de sus casas, con mejor mano que cualquiera de los expertos que nos abruman a diario, con sus aburridas lecciones de macroeconomía.




domingo, 2 de junio de 2013

Sin creer una sola palabra


Destrozada la confianza que los españoles tienen en los políticos, el que Mariano Rajoy aparezca ante la prensa intentando convencer de que el camino que eligió es el adecuado y que las cifras sobre el paro que se publicarán en breve serán un poco más satisfactorias, importa poco o nada.
Acostumbrados a las manipulaciones que sobre cualquier dato se hacen y ahítos de soportar  que la mentira se haya convertido en costumbre, la credibilidad que se da a las informaciones es prácticamente nula, sobre todo si vienen de parte de quienes no han cumplido una sola de sus promesas electorales, en año y medio de gobierno.
Tendríamos que ver que en nuestro entorno, la gente empieza a encontrar empleo digno, independientemente de su edad, sexo o conocimientos, para creer que se ha empezado a remontar y aún así, poco o nada de esa recuperación se consideraría como mérito de ningún Partido, sino más bien, consecuencia de haber llegado a tocar fondo y no poder caer más bajo de lo que hemos caído.
Pero para eso, también tendríamos que ver otra actitud en la clase empresarial, últimamente más preocupada de poner a salvo sus capitales en Paraísos fiscales que de arriesgar en la creación de nuevos empleos y empecinada en rebajar brutalmente salarios y prestaciones, para aumentar beneficios, a costa siempre del sudor de los obreros.
Ya no convence a nadie, ninguna declaración de buenas intenciones, ni el paternalismo barato que proclama que el fin, justifica los medios.
Llevados al límite de nuestras fuerzas, los españoles nos levantamos cada mañana enarbolando una enorme dosis de pesimismo y hemos tenido que aprender, a base de sobresaltos, que aunque el presente nos parezca terrible, el futuro aún puede ser peor.
El estallido electoral que dio a Rajoy la mayoría absoluta, se ha desinflado dejando paso a una creciente irritación y ya nadie perdona al Presidente, sus acostumbradas mentiras.
Ahora, mientras se piensa la respuesta que dará a la propuesta de Rubalcaba sobre el pacto, parece hacer un último intento de trasmitir a los ciudadanos una tranquilidad inyectada con cuenta gotas, por si pudiera terminar la legislatura sin tener que recurrir a ningún tipo de ayuda…y culminando el camino emprendido.
Sin embargo, la sociedad está en una coyuntura en la que cualquier espera se hace interminable y clama sin tapujos por un cambio real que consiga desembarazarnos de las redes europeas, permitiéndonos respirar, libres de una vez, para poder ir saliendo de la maldita crisis.
La senda de la austeridad no ha dado frutos y el poder adquisitivo de los que tienen la suerte de conservar el empleo se ha visto mermado, de modo que ya no permite consumir, ni siquiera, aquello que sería aconsejable para cubrir las necesidades más perentorias.
Así que poco interés despierta el espejismo de unas cuantas décimas de bajada en las cifras del desempleo y toda la expectación está puesta ahora en conocer qué se va a hacer con las pensiones, que tanto están ayudando a la supervivencia de miles de españoles, que ya ni siquiera tienen derecho a prestación alguna, al haber rebasado todos los límites previsibles, sin volver a encontrar ocupación.
La amenaza de la subida del IVA super reducido, que atañe directamente a medicamentos y alimentación, podría convertirse, de llevarse a cabo, en un motivo más para un recrudecimiento de la lucha ciudadana, haya pacto o no, entre las formaciones políticas.
Muy mucho debe pensarse Rajoy, esto de seguir a rajatabla las indicaciones europeas, porque de continuar así, llegará el momento en que ya no sepa qué hacer con una sociedad empobrecida que, sin tener ya nada que perder, probablemente terminará creyendo que no le queda otra opción, más que la de la violencia.