jueves, 10 de enero de 2013

Dos casos de portada



El socio imputado de Urdangarín, se ha marcado un órdago presentando ante el Juez la trascripción de unas conversaciones, en las que no sólo se trata de hacer desaparecer su nombre de los asuntos del caso NOOS, sino que además se menciona el de la amiga de safaris del Rey, poniendo un poco más de pimienta en este enrevesado asunto, no se sabe si con intenciones tácitas de chantaje, o porque este socio estaba empezando a entrever que al final cargaría solo con la culpa y se ha rebelado contra la idea, con cuántas armas tenía a su alcance.
Esta noticia, coincide en el tiempo con la probada financiación ilegal de Convergencia y Unió, que pone en candelero unas declaraciones de Durán y Lleida, en las que se prestaba a dimitir, si el asunto llegaba a un fin claramente inculpatorio.
La primera información parece dejar claro que el yerno del Rey no sólo hizo caso omiso de las recomendaciones de abandono de sus actividades que le sugirió el monarca, sino que además se permitió traer a sus filas a esta misteriosa princesa Calina, que tanto ha dado que hablar en los últimos tiempos, sin que se haya llegado a confirmar oficialmente su grado de intimidad con el Rey, aunque la mente es libre y cada uno imagina lo que quiere.
Lo raro es que con tan estrecha amistad, a la princesa no se le haya escapado en algún momento ni una palabra de sus contactos con estas fundaciones de NOOS, dejando al soberano en la más supina ignorancia en un asunto que concierne tan directamente a su propia hija y más aún, si la tal Calina conocía, como sería natural, la aversión de su real amigo a tal tipo de negocios.
El juez encargado del caso tiene ante sí una difícil papeleta para establecer culpabilidades y sobre todo para determinar qué grado de conocimiento del tema tenían determinados personajes de relevancia, a los que hasta ahora se había tratado desesperadamente de exculpar y que vuelven a aparecer en escena, esta vez con mucha más virulencia, en lo que aparentemente parece una urdimbre con multitud de tentáculos familiares, que habrá que desenmarañar, si se quiere verdaderamente llegar al fondo del asunto.
En cuanto a la otra cuestión, la financiación de los partidos políticos siempre ha estado caminando por una cuerda floja, coqueteando con la ilegalidad, pero nunca se había conseguido probar tan oportunamente como ahora, hasta dónde son capaces de llegar los líderes para conseguir una parcela de poder, aun que ya se había intentado en numerosas ocasiones, sin alcanzar demasiado éxito.
Y digo oportunamente, porque la acusación llega en un momento en que la cuestión de la independencia catalana estaba empezando a convertirse en un permanente dolor de cabeza para Rajoy, sin que aún hubiera encontrado una manera de hacer frente a las exigencias de Mas y los suyos, sin jugarse el esporádico apoyo que los convergentes suelen ofrecerle en determinadas cuestiones, como por ejemplo en la aprobación de su espantosa Reforma Laboral, que de otro modo, hubiera tenido que sacar adelante en solitario.
Así, hasta podemos entender el silencio de Mas en el encuentro de anteayer, cuando seguramente ya conocería la inmediata salida a la luz de este escándalo y su actitud sumisa ante la presencia del Príncipe, al que como ya relatábamos, no se atrevió a hacer ningún tipo de comentario sobre sus planes independentistas.
Sin embargo, no parece que vayan a producirse dimisiones, como por otra parte era de esperar, en este país nuestro, que en esto es calcado al catalán, ya que tampoco allí resulta fácil para ningún político apearse del poder, como queda demostrado con lo que estamos comentando.
¿Será la justicia capaz de aclarar ambos dilemas?
Esa es una pregunta peliaguda que tardará en obtener respuesta, pero la esperanza del pueblo en conocer los entresijos de este tipo de cosas, es, desgraciadamente, mínima.
Todo lo que tiene que ver con política y políticos, trae consigo un espeso velo de opacidad, que por una razón u otra, siempre acaba tapándolo todo, sin permitir que ni un solo rayo de luz se filtre para que la opinión pública pueda saber la verdad y los culpables paguen sus delitos.
Estamos tan acostumbrados a esto, que hasta nos empieza a parecer natural, cuando lo deseable sería, precisamente, todo lo contrario.





miércoles, 9 de enero de 2013

Un encuentro apacible



Mariano Rajoy y Artur Mas estaban destinados a tener que encontrarse. La batalla que han librado durante los últimos meses sobre el tema de la independencia de Cataluña, no impide que por las obligaciones de sus cargos, se vean obligados a mantener conversaciones periódicas relacionadas con otros temas, al menos mientras que el plebiscito propuesto por el President de la Generalitat no sea un hecho y los catalanes sigan formando parte, a disgusto o no, de los territorios que conforman España.
Sin embargo este encuentro era esperado por gran parte de la población con cierto desasosiego, sobre todo si se le añadía el morbo de la presencia del Príncipe Felipe, que mientras no se demuestre lo contrario, debe ser partidario de las tesis de unidad territorial mantenidas por la Corona y que quizá esperaba alguna salida de tono por parte de Mas, dado que no suelen coincidir en actos públicos con demasiada frecuencia.
Pero no estaba el catalán en un día reivindicativo, o quizá pudo más la educación que su afán independentista, porque la cita transcurrió sin pena ni gloria, sin que de sus labios se escapara una sola referencia al tema, aunque bien podía haber aprovechado la presencia de los medios de comunicación, incluidos micrófonos abiertos dentro del AVE, para pronunciarse sobre lo que piensa o no piensa hacer, aunque solo fuera con fines propagandistas.
Frente a eso, la conversación derivó por los derroteros del aspecto físico de cada cuál y de si practicaban o no deporte diariamente, dejando absolutamente estupefactos a todos los que esperaban cierta acritud entre los asistentes al encuentro, que en cambio dieron la imagen de unos amigos charlando de temas triviales, con lo que está cayendo en el país.
Debió parecerle a Artur Mas que el heredero de la corona, al carecer aún de poder, era poca cosa para tratar con él el asunto que trae entre manos desde que asumió la jefatura de Cataluña y de hecho, más tarde dijo que se reunirá en breve con el Rey para exponerle su plan en la Zarzuela, que es dónde se debe hablar de cualquier cosa que tenga importancia y no en una inauguración que, por otra parte, viene muy bien Cat5aluña, en el terreno de las comunicaciones terrestres.
Sin embargo a Rajoy se le notaba ligeramente incómodo, quizá esperando que de un momento a otro Mas sacara los pies del plato, haciendo alguna declaración subida de tono y dando lugar a tener que improvisar sobre la marcha una respuesta de cierta contundencia, cosa que nada gusta al Presidente español, a juzgar por su afición a los discursos preparados que profesa cuando ha de tratar con la prensa.
Así que al no producirse la noticia, los amantes de las complicaciones y los alborotos, hubieron de conformarse con la imagen gráfica del encuentro, que abre hoy las portadas de todos los periódicos, pero sin poder ofrecer a los lectores ningún tipo de carnaza que pudiera suscitar una nueva polémica, ahora que ha entrado un nuevo año y todavía las cosas están relativamente tranquilas, en el terreno de la información.
La placidez del encuentro seguramente tranquilizó a Rajoy, que probablemente intentará rentabilizar la ocasión, colgándose la medalla de sus buenas dotes diplomáticas, al haber evitado el esperado encontronazo con el catalán y haber salido airoso de tan escabrosa cita.
El refranero, que contiene una cita para cada ocasión, lo explicaría diciendo que dos no discuten, si uno no quiere.



martes, 8 de enero de 2013

Reyes y mendigos



Mientras los comedores sociales se llenan de familias a las que las medidas impuestas por la crisis ha arrastrado hasta la pobreza, llama poderosamente la atención que exista un determinado tipo de prensa, que sigue dedicando incontables páginas a reportajes que reflejan toda la suerte de lujos que rodean a los miembros de las casas reales, llegando incluso a afear, que las princesas y reinas europeas utilicen más de una vez los modelos de alta costura, que se costean con los impuestos de los contribuyentes y cuyos precios alcanzan cifras astronómicas, que ahora serían necesarias, para paliar la terrible situación en que se encuentran los ciudadanos de sus determinados países.
Esta institución obsoleta, más propia del medioevo que de los tiempos que corren en la actualidad, sigue conservando sus injustísimos privilegios, sin que los problemas económicos que nos azotan, hayan mermado, ni siquiera mínimamente su desenfrenado nivel de vida, desarrollado totalmente de espaldas a la realidad cotidiana de los que vuelven a parecer sus súbditos y cuya desesperación y angustia no tiene visos de afectar a estos monarcas absolutistas, enganchados a un poder heredado que ni siquiera ha sido jamás refrendado por las urnas.
Y no sólo es ya que se encuentren cómodamente instalados en el despilfarro que supone para una nación el sustento de su numerosa prole, sino que además, sin ningún sentido del pudor ni de la decencia, no dudan en exhibir lo ostentoso ante una población empobrecida que apenas `puede paliar las necesidades primarias de cualquier ser humano, pero que se ve obligada a aceptar la imposición de este sistema de gobierno, sin el derecho a ser consultada sobre si desea o no su continuidad y teniendo que contribuir religiosamente, a sufragar la rimbombante suntuosidad en la que se mueve, con sus fiestas, sus joyas y sus atuendos adquiridos para ser lucidos una sola vez y después relegados a la profundidad de sus enormes armarios.
En esta época de grandes contrastes sociales, al menos deberían tener la decencia de la discreción, sobre todo para no provocar más indignación entre una población azotada por el negro fantasma del desempleo, que en muchos casos ha sido despojada, incluso del techo bajo el que vivía y que en modo alguno puede justificar el despilfarro que supone la cartera de gastos que acarrean los miembros de las monarquías, sin que se aclare cuál es exactamente su papel y si de verdad son imprescindibles, en la política de una Democracia moderna.
La fragilidad de ánimo que acompaña a los nuevos pobres, surgidos del efecto de esta crisis de la avaricia, no está preparada para soportar una realidad tan escandalosamente injusta y puede llevar en cualquier momento, a una clamorosa exigencia de abolición que al menos en cierta medida, coloque el montante económico destinado a las casas reales, en otras partidas ahora mucho más necesarias para el bien de las mayorías.
Y habría que darles la razón, porque la tienen.



lunes, 7 de enero de 2013

Sin ley que nos ampare



Superadas las Fiestas Navideñas y con la incertidumbre instalada en el corazón, los españoles nos disponemos a retomar la vida rutinaria, sin demasiadas esperanzas en que nada vaya a cambiar, ahora que las calles han vuelto a la oscuridad, desapareciendo de ellas el neón artificial que este año ha alumbrado una alegría ficticia.
La losa del paro, que aplasta con su peso la felicidad personal de todos los hombres y mujeres de bien, no permite ver otro horizonte que aquel que ofrezca quien pueda arbitrar una solución urgente a lo que ya se ha convertido en la peor lacra social que hemos padecido en este país, tan acostumbrado a soportar penurias y a la vez, tan valiente, como para haber sido capaz de sobrevivir a todas y cada una de ellas.
La angustia contenida que todos llevamos en el corazón, sin dar crédito a lo que para nosotros han elegido un puñado de poderosos, está dando paso a una cólera frenética que aumenta por momentos, al comprobar que ha crecido una nueva especie de individuos, que dedicándose a la política, parecen haber heredado a través de nuestros votos, la potestad de hacer y deshacer a placer el destino de todos, sin que haya modo efectivo de poner freno al despropósito de su gestión, ya que no existe mecanismo legal que ampare a los ciudadanos, si un partido obtuvo la mayoría absoluta en el Parlamento y no ha lugar a una moción de censura que lo aparte del poder, al estar perdida numéricamente desde el principio.
Ahora que tanto se habla de cambiar la Constitución, a veces por motivos nimios, que en nada afectan a la vida de la ciudadanía, sería un momento perfecto para arbitrar una solución al terrible problema que supone tener que soportar a un grupo político en el poder durante cuatro años, incluso cuando como ahora, se encuentra enfrentado en una guerra abierta con la población, que difiere de su modo de hacer política y pide
clamorosamente su dimisión, en el único foro en el que se le permite alzar la voz, es decir, en la calle.
A ningún político tendría que estarle permitido causar un sufrimiento permanente a su pueblo, ni tomarse la licencia de gobernar de espaldas a la opinión general, ni abusar como ahora sucede, de un total incumplimiento del programa electoral que le llevó al poder y que ha resultado ser absolutamente fraudulento, desde el mismo momento en que juró su cargo.
Es verdad que este pueblo nuestro ha empezado a cansarse de estar en silencio y que por todas partes pueden verse a diario actos de protesta, protagonizados por mil y un colectivos afectados por las medidas tomadas por Rajoy en este último año.
Pero también es cierto que nada de esto parece afectar al Presidente y que legalmente, de no tomar por propia iniciativa la decisión de marcharse, nada hay que apoye la voluntad popular `para conseguir este fin y que tendremos, desgraciadamente, que soportar tres años más su presencia, hasta que se convoquen nuevas elecciones y como es natural, las pierda.
El panorama no puede ser más desolador, pues si tenemos en cuenta que su primer año de gestión se ha saldado con seiscientos mil parados más, ¿qué puede ocurrir con tres años más en el gobierno?
Esta incógnita, que nos corroe las entrañas como un ácido letal, tiene en vilo a los españoles de todas las edades, que siguen clamando por la inmediata dimisión de Rajoy, aunque sin resultado factible en ciernes.
Se augura pues, una larga y cruenta lucha cuerpo a cuerpo entre políticos y pueblo, que no se sabe qué traerá consigo, aunque unos y otros, cada cuál con sus actos y consecuencias, estamos escribiendo la historia que, implacablemente, acabará por poner a cada cual, exactamente donde le corresponda.







Premiando la ineptitud



En un país con seis millones de parados, muchos de ellos con gran capacitación para la gestión de empresas, a Telefónica no se le ocurre otra idea que contratar a Rodrigo Rato como asesor, a pesar del enorme agujero que ha dejado su paso por Bankia, que ha costado a los españoles tener que pedir un rescate, para evitar que las finanzas de la nación cayeran de bruces en la bancarrota.
En pleno proceso judicial por lo ocurrido en esta entidad y sin que todavía los jueces se hayan pronunciado sobre su implicación en el agujero de quince mil millones que ha quedado al descubierto tras su salida, la suerte se le vuelve a poner de cara al ex ministro de Aznar, que no solo se convierte en uno de los pocos ciudadanos que encuentran una nueva ocupación, sino que además, la remuneración que recibirá por la misma pudiera estar cercana a los cien mil euros, cifra que se aleja de manera abismal de la que constituye el salario mínimo interprofesional que se está ofreciendo a miles de trabajadores con su misma titulación y que no arrastran la lacra de haber conducido a la ruina, ningún otro tipo de negocio.
Creíamos los españoles incautamente, que ya habíamos pagado con creces a Rato, la desilusión que le produjo el nombramiento de Rajoy como sucesor de Aznar, ya que se le ofreció primero, un puesto de nivel internacional del que no salió muy bien parado y después, el asunto de Caja Madrid, que terminó por conducirnos a todos a la situación extrema en que nos encontramos, pero al parecer, nuestra deuda no ha terminado de saldarse y ahora que ya resulta imposible por lo ocurrido, ofrecerle algún cargo político, alguien se las ha compuesto para reubicarlo en una de las empresas más fuertes del Estado, en la que también militan otros personajes de dudosa catadura, como Urdangarín o Zaplana, de los que será mejor no hablar.
No se sabe muy bien qué espera Telefónica que haga Rato en sus filas, pero si la misión que piensan encomendarle encierra la esperanza de fomentar un negocio productivo, las pasadas experiencias indican que su especialidad es justamente ir cerrando aquello que toca, sin que hasta el momento se haya producido superavit en ninguna de las empresas que ha gestionado, sino más bien todo lo contrario y escandalosamente.
No se comprende que los dueños de estas Compañías puedan obviar el pasado laboral de sus asesores y que admitan a personajes con una trayectoria curricular tan nefasta, sin ningún tipo de exigencias que garanticen la limpieza de su futura gestión, incluso ignorando su imputación en procesos judiciales en curso, de los que podría salir un veredicto que demostrara una culpabilidad que automáticamente les convertiría en delincuentes financieros, que bien podrían repetir sus pasadas jugadas, creando nuevas situaciones de extrema dificultad, ahora en el sector privado, cuando ya no pueden hacerlo en el público.
La única explicación que podría tener este hecho es que también Telefónica tuviera alguna deuda que saldar con el ex ministro o bien que éste guardara alguna información delicada relacionada con esta empresa o con alguno de sus directivos y que no interesa que vea la luz, por las consecuencias que pudiera traer ante una opinión pública, ya suficientemente indignada con lo que está ocurriendo en el país y que sólo necesita una mecha que prender, para provocar un estallido social de incalculables consecuencias.
Es inaceptable que en la larga lista de desempleados que existe actualmente en España, no haya nadie que pueda disputar este magnífico puesto de trabajo a Rodrigo Rato, estando además el ex ministro, como está, en esa franja de edad en la que casi resulta imposible encontrar un empleo y que tanta desesperación está causando en miles de padres de familia, que se ven con el agua al cuello, sin que para ellos se abra nunca ninguna puerta.
Los jóvenes universitarios que se están viendo obligados a emigrar para buscar el sustento lejos de su tierra, tienen hoy un motivo de peso para sentirse absolutamente defraudados con la actitud de estos empresarios españoles, que prescindiendo de cualquier cuestión ética o moral, otorgan el privilegio de un contrato suculento al responsable directo de la ruina de Bankia y que, a la vez, son capaces de ofrecer sin ningún tipo de rubor a cualquiera que llame a su puerta, puestos mileuristas que ni siquiera pagan el tiempo y el dinero invertido en la educación que poseen y que avergüenzan a cualquiera que tenga principios y siga creyendo que el hombre necesita conservar su dignidad, para vivir de una forma decente.
No es de extrañar, si la actitud del empresariado español se rige por estas normas, que no consigamos salir de una crisis, en la que su papel debiera estar encaminado y con urgencia, a combatir drásticamente los casos de flagrante corrupción que hasta ahora se han dado a diario y no a fomentarlos otorgando a dedo toda suerte de privilegios, a quien no merece siquiera un cargo de portero, en la más pequeña de las fábricas que pueblan el territorio español, al que tanto daño ha hecho, sin resultar siquiera herido en el encontronazo.



miércoles, 2 de enero de 2013

El ejemplo de los ateos



A todos esos cristianos de misa diaria y golpe de pecho, que votan fielmente al Partido Popular porque piensan que es el único que representa los principios fundamentales de su catecismo, no les vendría mal seguir en los tiempos que corren. el ejemplo de los ateos, que parecen ser los únicos realmente preocupados por prestar apoyo a las necesidades de los más débiles de la sociedad y por defender auténticamente la vida de los humildes, poniéndose a su lado en los crudos momentos que ha traído para ellos la crisis y las medidas que el grupo ultra católico de Rajoy ha diseñado artesanalmente para los ricos, olvidando que la doctrina de su credo, no puede ser más opuesta a esta práctica de moderno fariseísmo, que ellos tanto defienden.
Si miramos las imágenes de los desahucios, por ejemplo, no vemos que sean precisamente grupos de Damas de la Caridad o representantes del sacerdocio, los que arriman el hombro para defender el derecho a la vivienda de las familias sacadas violentamente de sus casas por las veleidades de la Banca, sino que los que exponen su integridad física ante la policía que ejecuta la orden del juez, son mayoritariamente personas de ideología cercana a la izquierda, que en casi todos los casos, no se confiesan practicantes de ninguna religión, pero que anteponen el bienestar de los seres humanos a la frialdad de las cifras.
Tampoco parece muy caritativo derogar el derecho de los emigrantes a ser médicamente atendidos en caso de enfermedad, o tratar de imponer elevadas sanciones, como ahora se pretende, a los ciudadanos que concienciados con este problema, intentan socorrer a este colectivo proporcionándoles techo o sustento y que tampoco en estos casos son, nunca., gente adinerada de esa que ofrece después jugosos donativos a la Iglesia, que muchas veces van destinados a ampliar el joyero particular de cualquier Virgen, o a organizar con mayor lujo, desfiles procesionales de Semana Santa, pero que en nada solucionan el hambre y la desesperación de los necesitados.
Jamás hemos visto a Rouco Varela ni a ninguno de los altos representantes de la Iglesia Católica, organizar actos de protesta multitudinarios en los que se reivindique una caridad activa para los auténticos pobres de la sociedad, que cada vez son más y en mayor medida, ni tampoco predicar con el ejemplo de donar parte del extenso patrimonio que posee el Vaticano a favor de estos niños, ancianos y familias en general, en lugar de salir a manifestarse en contra de leyes como las del aborto o la de los matrimonios homosexuales, que no son ni siquiera de obligado cumplimiento para quines no las quieran practicar y que en nada perjudican el camino de aquellos que quieran seguir la ideología que le marcan sus creencias, pero respetando la libertad individual de que los que deseen abortar o casarse con personas de su mismo sexo, puedan hacerlo sin ser discriminados por la sociedad, como hasta ahora venía sucediendo.
Es evidente, que la práctica del cristianismo auténtico se encuentra ahora protagonizada fundamentalmente por los ateos y que los que tradicionalmente han dado en erigirse como baluartes de esta fe, no son precisamente un ejemplo para sus propios feligreses, ni siguen el camino marcado por su Dios, que aconseja como primera máxima, un reparto equitativo de la riqueza.
Ni a la jerarquía de la Iglesia, ni a su devoto Partido Popular, les importa un bledo el destino de los humildes, de los desheredados de la tierra y de las capas inferiores de la sociedad, como demuestran los patrones que se siguen y predican, desde los púlpitos y los escaños del Parlamento.
Si Jesucristo viviera, no lo duden, estaría instalado entre las filas de los indignados y nada querría tener que ver ni con la Curia romana, ni con el extraño cristianismo que ejercen las huestes de Rajoy y todos los que son como ellas.

Quisiera dar buenas noticias...




Mientras celebrábamos la llegada del Nuevo Año, los españoles nos hemos encontrado con una subida de los combustibles que no ha podido esperar siquiera a que nos recuperáramos de los gastos de las fiestas y que hace preludiar que en 2013, el gobierno de los populares seguirá aplicando de manera inclemente, el mismo tipo de política que ha llevado al país al borde de la bancarrota, convirtiendo la vida cotidiana, en una aventura de incalculables consecuencias.
Seiscientos mil parados más, constituyen el principal balance de los doce meses de mandato de Mariano Rajoy y su obcecación en mantenerse en la línea exigida desde Europa, sin ninguna perspectiva que augure la pronta creación de empleo, hace que los vientos que soplan no sean precisamente favorables para abandonar esta situación de desconsuelo, que tanto sufrimiento está provocando, aunque nuestros políticos no parezcan especialmente afectados por el daño causado a su pueblo.
Ya nos hubiera gustado empezar el año con alguna noticia esperanzadora que nos devolviera la ilusión por la vida y poder anunciar que se cierra uno de los capítulos más negros de nuestra historia reciente, pero la realidad es la que es y si un milagro no lo remedia, no se esperan más que una nueva tanda de recortes aún sin definir, pero que ayuden a superar el déficit que arrastramos y que parece ser lo único verdaderamente importante para quién nos gobierna.
Muchos colectivos han pasado la Nochevieja encerrados en sus lugares de trabajo, en demanda de unas reivindicaciones totalmente justas que afectan a la totalidad de la población, pero que no parecen llegar a los oídos de los responsables políticos que tienen en su mano la búsqueda de nuevas soluciones y que han optado por adorar al Dios de la usura, que campa por la geografía europea, haciéndose el dueño de todo lo que puede, sin ninguna misericordia.
Otros, se han concedido una tregua necesaria para meditar nuevas acciones durante estos días tradicionalmente familiares y volverán a la carga en cuanto recuperemos la normalidad, pero en general, podría decirse que la indignación se encuentra momentáneamente en un compás de espera, que de seguro terminará en cuanto empiecen a sufrirse las consecuencias de las medidas que se nos intenten imponer, cuando los políticos vuelvan al trabajo.
Hoy, día de resaca de una noche mucho menos festiva que otros años, sólo las relaciones familiares consiguen paliar la amargura que siente este pobre país por la situación en que se encuentra.
Y es momento de hacer acopio de fuerzas para seguir luchando. ¿Qué otra cosa `podemos hacer llegados a este punto del camino?