domingo, 11 de noviembre de 2012

Vientos de Huelga


Tremendamente afectado por la ola de suicidios provocados por los desahucios, el pueblo español se prepara para la jornada de Huelga más importante de su historia, con el ánimo de ser oído, al fin, por su Gobierno y conseguir que las políticas que está llevando a cabo el Partido Popular, sustituyan los recortes por una apuesta fuerte por el empleo, dada la situación de gravedad que atravesamos y que está llegando a límites insostenibles.
Dispuestos a dar un salto al vacío y con muy poco que perder, los españoles han empezado a movilizarse en diversos puntos de nuestra geografía, con la esperanza de que la merma económica que supone para el trabajador acudir a una huelga, no pese más en la balanza, que la multitud de carencias que les están trayendo los errores de sus políticos y de que el día 14 se consiga paralizar el país, en apoyo de la indignación que se sufre, cuando se tiene la certeza de encontrarse en la más absoluta soledad, precisamente cuando uno más apoyo necesita.
A pesar de los enormes esfuerzos empleados por el Gobierno para convencer a los ciudadanos de la inutilidad de este tipo de acciones y del recuerdo vivo de la terrible represión ejercida últimamente contra los manifestantes en Madrid, la falta de recursos que acerca a la gente, cada vez más, al umbral de la pobreza, será la única bandera imperante durante la jornada de esta huelga, que es sin duda de carácter social y no tiene colores políticos.
Inclusive, las encuestas realizadas dan como resultado que un 98% de los españoles apoyan la necesidad huelga, con el dato curioso de que también lo hace un 35% de militantes del Partido Popular, lo que viene a dejar claro que ni siquiera los propios correligionarios de Rajoy están de acuerdo con el tipo de medidas que está tomando su Gobierno y que, probablemente, también ellos saldrán a la calle el día 14, contraviniendo las órdenes de su Partido.
En este clima de nerviosismo extremo, comienza una semana que podría convertirse en un pulso entre Presidente y ciudadanía y que bien podría aumentar, más aún, la enorme brecha que los separa, si pasada la jornada de huelga y suponiendo que sea un éxito, Rajoy no se propone un cambio inmediato en su planteamiento de la crisis y empieza a pensar con rapidez en cómo solucionar el problema del paro, aún a riesgo de perder su buena sintonía con sus socios europeos, aunque a favor del pueblo que lo eligió, como sería exigible.
Muchos de los colectivos más combativos durante este último año, como podrían ser los trabajadores de la sanidad y la enseñanza, ya han anticipado su participación activa en los actos del 14 y no descartan continuar con la protesta posteriormente, de no ser atendidas sus peticiones y continuar el intento de privatización encubierta que se está llevando a cabo en estos ámbitos y que privan al pueblo de dos de sus más elementales derechos, como son la educación y la salud.
También los trabajadores de los transportes públicos, que ven peligrar su estabilidad laboral por la misma causa, se harán eco de la protesta y sólo se prestarán los servicios mínimos establecidos por la ley en estos casos.
España puede ser el próximo miércoles, un país fantasma, en el que el silencio y la desolación enseñen al mundo la imagen real de la ruina que nos sobrevuela.
No por ser absolutamente necesario, resulta menos doloroso.







jueves, 8 de noviembre de 2012

Responsabilidad municipal




No bastan los gestos testimoniales para remediar el dolor de unos padres que acaban de perder a sus hijos por una serie de negligencias.
Está muy bien que los políticos acudan a los entierros cuando se produce una desgracia, pero si lo ocurrido se debe a su mala gestión para prevenir el suceso, su presencia puede convertirse en un elemento de crispación que desboque los sentimientos de los que allí se encuentran, sobre todo si no se es capaz de ofrecer una explicación que deje en claro que los fallecimientos han sido fruto de una mera casualidad.
La señora Ana Botella, como Alcaldesa de Madrid y esposa de un ex Presidente de Gobierno, debería saberlo, sobre todo cuando la responsabilidad de un evento recae directamente sobre su espalda, al ser su Ayuntamiento el encargado de tramitar los permisos pertinentes y de vigilar que se cumplan todas las normas de seguridad que garanticen la integridad de los asistentes, que no tienen la obligación de ejercer ningún tipo de control, sobre cuestiones de organización o vigilancia.
La muerte de las adolescentes en la noche de Haloween, ya lo decíamos, viene a poner de manifiesto la incompetencia de los munícipes para controlar este tipo de festejos y que lo verdaderamente importante en estos casos, está directamente relacionado con el afán recaudatorio y nada con lo que pueda suceder, una vez que se han tramitado los permisos y comienza la fiesta.
Poco o nada importa ya si se persona el Ayuntamiento al completo para presentar sus condolencias o si se ofrece a los familiares ayuda psicológica gratuita para sobrellevar su desgracia. Las vidas perdidas por falta de previsión son ahora irrecuperables y lo único que podría consolar en cierto modo a los afectados, sería que se establecieran con claridad las responsabilidades que han hecho posible la tragedia, y que cada cual pague, en la medida en que su culpabilidad lo requiera.
No basta con prohibir a partir de ahora. Tenía que haberse prohibido antes, ya que la celebración contaba con todos los ingredientes necesarios para que se produjera un desastre.
Pero este tipo de información no está nunca en manos de los ciudadanos, aunque debiera estar obligatoriamente en manos de los políticos que ahora achacan todos los errores a los organizadores, lavándose las manos con inaudito descaro, sin admitir que no se investigó en modo alguno, la dinámica de la fiesta.
¿Por qué no sabía el Ayuntamiento que se había duplicado el aforo? ¿Por qué no exigió, antes de emitir el permiso, una vigilancia estrecha de los objetos que el público podía introducir en la fiesta? ¿Por qué los agentes municipales no e3staban en los alrededores, como debiera ser forzoso, en casos de aglomeraciones como ésta?
Estas preguntas, que flotan naturalmente en el ambiente y que debieran haber sido respondidas por la señora Botella, como cabeza visible del Ayuntamiento de Madrid, han quedado incomprensiblemente sin respuesta y todo hace pensar que una vez pasada la indignación de los primeros días, desaparecerán en el tiempo, sin que nadie ofrezca una explicación a los ciudadanos, ni asuma lo sucedido la fatídica noche de Haloween.
Ahora que se aproxima la Navidad, los padres de los jóvenes de este país volverán a tener el corazón en un puño mientras sus hijos no vuelvan a casa, tras las celebraciones de Año Nuevo.
Visto lo visto, no se puede esperar más ayuda que la que les brinde el azar, porque está claro que a los políticos sólo les verán si se produce una nueva tragedia.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

La noche más hermosa



Mientras Barak Obama saboreaba las mieles del triunfo que le ha llevado, por segunda vez, a ocupar la Presidencia de los Estados Unidos, los gays y lesbianas españoles festejaban la sentencia del Tribunal Constitucional, que establece definitivamente la igualdad entre todos, a la hora de decidir con quienes quieren compartir sus vidas, independientemente de su sexo o condición.
La decisión, que ha venido precedida por una reflexión de varios años, ratificaba que el término matrimonio pueda ser usado con toda naturalidad, también cuando los contrayentes pertenezcan al mismo sexo y echa por tierra todas las esperanzas que había puesto el PP en el recurso presentado por Trillo y que se oponía claramente a estas uniones, aunque algunos quisieran hacerlo aparecer como una mera cuestión de léxico.
Una marea humana se echó anoche a la calle para festejar que esta historia haya tenido un final feliz, que merece indiscutiblemente, tras la larga lucha librada por este colectivo durante tanto tiempo y que tantas trabas ha encont5rado desde siempre por parte de los conservadores, que se niegan a admitir una realidad únicamente centrada en lo sentimental, pero que se ha tratado de tergiversar desde todos los ángulos, como si se tratara de una cuestión política de enorme relevancia.
Ha sido pues, esta pasada, la noche más hermosa que probablemente vivirán estas personas reiterativamente apartadas y vejadas por su condición sexual, cuyas uniones permanecían al margen de la Ley, negándoles el mismo trato que esta confería al resto de los españoles y que en muchos casos se acompañaba de una incomprensible persecución, que ha estado sistemáticamente arruinando cualquier posibilidad de ser feliz, a los que por convicción propia, se encontraban al margen de una supuesta “normalidad”, que ni siquiera estaba establecida por jurisprudencia.
La cabezonería de los populares, que les ha llevado incluso a dar conferencias en las que algún supuesto erudito trataba la homosexualidad como una enfermedad mental de los que la “padecían”, acaba de chocar, por enésima vez, contra el muro de la legalidad y también contra el de una sociedad que hace ya tiempo, empezó a admitir con total naturalidad estos hechos, demostrando que se puede convivir en paz con cualquier tipo de familia, siempre que haya respeto.
De nada han servido las marchas organizadas a este fin por las púrpuras eclesiásticas encabezadas por Rouco Varela y nutridas por una legión de incondicionales cuya auténtica conciencia y caridad, se apartan mucho del evangelio al que siguen, ni las comparaciones frutícolas de la Señora Botella o la terrible indignación de todos los beatos del país, que nunca admitieron otro catecismo que el suyo y que ahora habrán de conformarse con esta justísima decisión.
Por fin, los núcleos familiares formados entre el colectivo de gays y lesbianas podrán dedicarse exclusivamente a cultivar su felicidad, sin temer que una mano negra venga a deshacer las uniones o a retirarles la custodia de sus hijos.
Este paso, pone a España a la cabeza de las naciones progresistas que se han atrevido a terminar con los tabúes que siempre han rodeado a estos temas e iguala de manera real a todos los ciudadanos que la habitamos, en un ambiente de libertad que para sí quisieran muchos de los territorios que se consideran a sí mismos avanzados, mientras caen en la contradicción de no respetar las tendencias privadas de los hombres y mujeres que los forman.
También el flamante ganador de las elecciones americanas llevaba en su agenda la posibilidad de contemplar estos matrimonios y puede que ahora, ratificado de nuevo en su puesto y habiendo liberado a su país de la tortura del tea party con este triunfo, pueda hacer una realidad los sueños de los colectivos que confiaron en él y en su promesa de legalizar su situación, de una vez para siempre.
Hay muchos motivos para felicitar a esta gente, pero el principal es sin duda, el de haber entrado a formar parte, por fin, de la categoría de ser ciudadanos totalmente libres.







martes, 6 de noviembre de 2012

Una razón para seguir



Por muy agotados que estemos y aunque nos parezca que esta crisis no terminará nunca, rendirse al desaliento significa la renuncia a proporcionar un futuro digno a las generaciones que nos siguen, en el duro camino que nos ha tocado vivir.
No tiene el hombre derecho a dejar en el más absoluto desamparo, a aquellos que, sin voluntad de nacer, fueron puestos en el mundo por ellos, con la previsión de que mejorarían sus condiciones para habitarlo, aunque entonces aún estuviéramos motivados por la utopía de la riqueza para todos.
No basta la amargura del presente para movernos a la rendición, abandonando la esperanza de poder cambiar lo que está sucediendo o de habilitar los medios para remediar la pobreza.
Al fin y al cabo, las cosas materiales no son más que una apariencia de felicidad, que suele desvanecerse con facilidad en cuanto tropieza con las motivaciones más íntimas, que siempre tienen que ver con los sentimientos.
Y aunque se reconoce que nos son verdaderamente necesarias, su carencia ha de representar, precisamente, un móvil para permanecer en la brecha y no una razón de peso para caer en brazos del desánimo.
El hombre era antes más feliz porque se sentía cómodo mientras se respetaban sus derechos, pero llegado el tiempo de la desolación y el silencio, de la deshonestidad y la avaricia, que sitúa en la cúspide del mundo solamente a unos pocos, en detrimento de la inmensa mayoría que representamos todos nosotros, su desgracia es mayor por el hecho de no sentirse respetado, que por tener que renunciar a una posición de privilegio, en la que moverse a plenitud, sin el cortapisas de la necesidad para salir adelante.
A lo largo de la historia, muchos hombres se han sentido exactamente igual que nosotros ahora. Pero la facultad de pensar y su tenacidad han hecho posible vencer los escollos y superar la adversidad, aún cuando el panorama que les rodeaba no podía ser más tétrico y sólo contaban, como ahora, con la fuerza de su unión, para avanzar en la consecución de algunas metas, que entonces aún parecían inalcanzables.
El recuerdo de su memoria, podría considerarse como un punto de partida para los que todavía permanecen a la espera de que ocurra un milagro y para los que desde hace tiempo tenemos claro que nada nos es dado sin el esfuerzo de ganarlo a pulso y a diario, un ejemplo a seguir, en la seguridad de que la lucha siempre termina dando sus frutos y de que no existe esfuerzo vano, cuando se pone empeño en él y no se pierde la paciencia.
Todos aquellos que tratan de convencernos con la idea de que las batallas de los pueblos son simples algaradas sin la menor posibilidad de éxito, saben también, como nosotros, que esta premisa es absolutamente incierta. Lo afirman, parque en el fondo temen que el pensamiento de unidad se contagie y acabe por convertirse en un fenómeno universal de incalculables consecuencias, capaz de mermar los dividendos que ahora les reportan el temor y la ignorancia, que hacen de nosotros esclavos físicos y mentales de un sistema proclive a la explotación de los demás, en beneficio de unos cuantos.
Pasar por encima de esta opinión, es la primera obligación de los que nos encontramos a este lado de la batalla. Entender que la defensa de nuestros intereses es única y exclusivamente de nuestra propia incumbencia y abandonar la esperanza de que alguien con posibilidades de hacerlo, pueda premiarnos con algún regalo que sobrepase las expectativas que para nosotros se tienen, son conceptos que no tenemos más remedio que asumir, si queremos procurar una salida digna para toda la humanidad y un mañana mejor para los que cada uno tenemos más cerca.
Dar ejemplo a nuestros hijos, enseñándoles que la rebeldía es un factor necesario para permanecer vivo, constituye un deber ineludible, si queremos ser recordados por nuestros hechos cuando pase el tiempo.
Nada hay peor que dejar memoria de haber sido cobarde o conformista, ya que la historia del mundo, desde luego, siempre la escribieron los valientes.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Rectificar a tiempo




Como era de esperar, Octubre arroja un nuevo jarro de agua fría a las ya heladas narices del PP, con un descomunal aumento de la cifra del paro, que vuelve a poner en evidencia el rotundo fracaso de la Reforma Laboral propiciada por los conservadores y que no está aportando siquiera, una leve mejoría a la desesperación de los que no encuentran empleo.
Cualquier persona medianamente inteligente no esperaría más y retiraría de inmediato el decreto, en vista del resultado obtenido tras varios meses de aplicación, pero los políticos, muy a nuestro pesar, suelen adolecer de una cabezonería machacona y no les gusta nada reconocer sus errores, por muy garrafales que sean, como es el caso.
No crean que nuestro invisible Presidente ha corrido a ofrecer una mínima explicación de los hechos para, al menos, tratar de contener la furia de la ciudadanía contra las medidas que viene adoptando. Más bien, aún amenaza con practicar nuevos recortes, sin que se sepa de qué partida piensa hacerlo y hasta parece orgulloso del panorama que presenta el país desde que desgraciadamente, cayó en sus manos, a pesar de que su gestión y la de su equipo, no ha podido ser más nefasta para todos nosotros.
Supongo, que al no conocer la sensación que se experimenta cuando uno va a trabajar sin estar seguro de si lo hará por última vez, por cierre de la empresa, gozará de una tranquilidad de espíritu, que por sistema nos niega al resto de los habitantes de la Nación, al habernos colocado en las manos de unos empresarios sin escrúpulos, a los que ha otorgado todo el poder para hacer y deshacer a su antojo y que hace tiempo decidieron que les resultaba más rentable privarnos a todos de nuestros derechos.
Pero es que además, ni baja la prima de riesgo, ni se arregla el problema de la Bolsa, ni ha conseguido quitarnos de encima la sombra de un rescate inminente, ni ha dado con ningún tipo de solución para que remonte la economía, incluso después de tiranizar las relaciones laborales, exigiéndonos un esfuerzo que, en muchos casos, ya resulta imposible de cumplir.
Como tampoco ha bebido nunca el trago amargo de tener que hacer cola delante de una oficina del INEM, suplicando cualquier tipo de ocupación, a cambio de un sueldo de miseria, es de suponer que no entiende la magnitud de la ruina que nos azota y que, por tanto, jamás será capaz de atajarla, como es su obligación, desde que decidió presentarse a unas elecciones, para ocupar el puesto que ostenta.
El problema, hace ya tiempo que dejó de ser meramente político, para convertirse en una cuestión de humanidad y clama al cielo que entre todos los cargos que se sientan en el Parlamento español, no sean capaces de encontrar un camino por el que sacarnos de un atolladero al que nos ha llevado, directamente, su antiguo delirio de grandeza.
Nada es factible, desde luego, desde el momento en que el gobierno y el pueblo contemplan dos realidades distintas de una misma cosa y los encargados de dirigir nuestro destino se desentienden de la ciudadanía, como si en vez de ser los electores que los colocaron donde están, fueran una pesada carga de la que están deseando liberarse, a base de reprimir sus derechos y hacerlos cada vez más pequeños, en la escala de los seres humanos.
Porque si se ha cometido un error, lo lógico sería subsanarlo a la mayor brevedad posible, en lugar de abundar en el mismo camino, hasta hacerlo todo irreparable.
Nada hay peor que la soberbia de creernos infalibles, esgrimiendo razones que nada tienen que ver con la verdad, para salvarnos de la crítica feroz de los que, en este caso, están sufriendo las consecuencias de nuestra cadena de fracasos.
Así no se da una imagen de credibilidad, ni a los ojos de Europa, ni a los de nadie que posea una cierta capacidad de raciocinio.
Así, se hace el ridículo y se adquiere una fama de trapacería, que embadurna todo lo que tocamos, hasta cuando decimos la verdad, colgándonos una etiqueta de manifiesta inutilidad, de la que nos será prácticamente imposible deshacernos.
De sabios es dar marcha atrás y comenzar de nuevo, ensayando otras vías, experimentando otros retos quizá menos cruentos, e incluso desdiciéndonos de cuanto dijimos, con la ilusión de alcanzar un buen fin.
Claro que la sabiduría, parece haberle sido negada a este gobierno.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El amo del mundo



A finales de esta semana, las dudas sobre quién gobernará los destinos de la tierra, habrán quedado, por fin, despejadas y el nuevo Presidente de Los Estados Unidos de América, resurgirá gloriosamente de entre la desolación causada por el huracán Sandy, eclipsando cualquier otra noticia que pudiera ocurrir en el mundo, dueño de todo el poder y la gloria.
A pesar de hallarse tan lejos de nosotros, también los americanos coinciden en la mala costumbre del bipartidismo y tampoco ellos manejan entre sus opciones de voto, más que dos alternativas a las que acudir, como si no fueran posibles otras ideas, que las de los republicanos y los demócratas.
Esta vez, Romney y Obama protagonizan una dura batalla, apurando la recta final de la campaña para arrancar de los indecisos su intención al acercarse a las urnas, aunque rodeados por la misma parafernalia lúdico-colorista que siempre ha caracterizado esta elección, de la cual depende el futuro de todos nosotros, en los próximos cuatro años.
Es obvio que todas las ilusiones rotas por Obama en la última legislatura, van a pasarle el Martes factura y que aquellos cientos de miles de votantes que se tiraron al vacío al grito de “Yes, we can”, ya no son los mismos, ni mantienen las mismas expectativas que entonces les movieron, al no ver colmados sus deseos ni cumplidas las esperanzas depositadas en el primer presidente negro de su historia.
Pero Romney parece sacado de un armario cerrado en el año cuarenta del pasado siglo, bañado en alcanfor y estancado en la mojigatería de una moral de doble rasero, que choca frontalmente con las ideas de una juventud, que al menos ha conseguido evolucionar, y mucho, en las cuestiones relacionadas con su manera de vivir la libertad y en cómo administrarla.
El recuerdo de Bush y su afán por conquistar territorios a base de guerras, pulula también sobre las cabezas de los norteamericanos, cansados de ser los supuestos defensores de una verdad que ya no resulta creíble para casi nadie y les proporciona un motivo de peso para la resistencia a ser considerados como una especie de cruzados modernos, en contra del terrorismo mundial.
Quizá este rechazo pueda finalmente inclinar la balanza del lado de los demócratas y su desgaste quede reducido a la nada, si se ponen en la balanza una serie de elementos de corte social, que los republicanos ni siquiera llevan en su programa, o se calculan las consecuencias de la derogación de algunas de las leyes vigentes en la actualidad, como la del aborto o los matrimonios entre personas del mismo sexo y que tienen detrás, ciertos logros de verdadera importancia, que algunos no están dispuestos a perder.
O tal vez pueda más la indignación que la esperanza y no se otorgue una nueva oportunidad al Presidente, que en varias ocasiones ha reclamado más tiempo para poder cumplir sus promesas y se opte erróneamente por votar a favor de quien se supone más entendido en economía, a tenor de la crisis que también se sufre en aquellas latitudes, aunque en menor grado que en la nuestra.
Lo cierto es que el resultado de estas elecciones, desgraciadamente, nos incumbe también, y de qué modo, a todos nosotros y que dependiendo del talante del nuevo vencedor, así serán las políticas universales que gobernarán nuestro destino.
El amo del mundo, llámese Obama o Romney, está a punto de ser coronado y la expectación es enorme. No podía ser de otra manera. Cosas del Imperialismo de ayer, de hoy y siempre.







jueves, 1 de noviembre de 2012

Un Haloween sangriento



La manía de importar costumbres propias de otros países, como esta fiesta de Haloween, que se ha instalado entre nuestros jóvenes con inusitada fuerza, acaba por convertir en tradiciones algo que siempre nos ha sido ajeno y que nada tiene que ver con nuestra idiosincrasia como pueblo, por mucho que quieran imponérnoslo como si fuera propio.
Estas fiestas multitudinarias, que en el fondo no son más que una excusa para pasar fuera de casa una noche loca de alcohol y diversión, que normalmente les son vedadas a la mayoría de los adolescentes, suelen responder a la idea de algún comerciante avispado, que ve en ellas una vía para aumentar considerablemente sus ingresos y la promociona a base de publicidad, bombardeando a los jóvenes, hasta conseguir hacerse con su voluntad, para contar con ellos como clientes.
Anoche, el tono lúdico de la celebración se cobraba tres víctimas mortales, que perdían la vida en una avalancha humana, surgida en una de esas macrofiestas, en las que las medidas de seguridad son puramente testimoniales y cuya finalidad es la de conseguir atraer a cantidades ingentes de público, estén o no preparados los lugares en que se celebran, para acogerlos sin que peligre la integridad personal de los que allí se encuentran.
La situación, que sobrepasa todos los límites de la decencia y convierte en ganado a los que apuestan por este tipo de eventos, nunca es controlada por nadie hasta que no se produce una tragedia y pone en tela de juicio el funcionamiento de unas leyes del todo inoperantes, contra esta especie de desalmados, que comercian sin freno con los que aún no han dejado de ser niños, aunque jueguen a ser personas mayores, ayudados por la benevolencia de sus progenitores.
A pesar de que muchos Partidos han llevado en sus programas electorales la intención de acabar fulminantemente con cualquier tipo de celebración que congregue a una masa incontrolable, como las botellonas o las fiestas universitarias de la primavera y otras similares, la verdad es que, como bien puede comprobarse, nadie ha conseguido siquiera minimizar sus efectos y las calles de las ciudades siguen siendo tomadas habitualmente por los jóvenes, por lo que resulta bastante extraño que tragedias como la de ayer, no hayan sucedido antes, dado el panorama que se puede observar, en cada una de estas celebraciones.
Este Haloween sangriento, que no es más que la punta del iceberg de un gran problema con el que convivimos, sin prestarle la atención que su gravedad merece, viene a corroborar la preocupación de muchos padres cada vez que sus hijos salen de casa y la indignación de muchos ciudadanos, que se ven obligados a convivir con la barbarie y el descontrol que producen estas multitudes, presas del alcohol y las drogas, como todos sabemos.
Tal vez ahora, que nadie puede devolver la vida a estas adolescentes, los juristas se empleen a fondo en buscar una solución al conflicto, persiguiendo con contundencia a quienes especulan para obtener beneficios, con la salud mental y física de los jóvenes, imponiéndoles sanciones de carácter económico, que terminen de raíz con un negocio, moralmente ilegítimo.
Si pusieran el mismo empeño en identificar y multar a los incontrolados, que ponen en cada una de las manifestaciones de los indignados, por ejemplo, seguramente, no estaríamos hablando hoy de esta triste noticia, ni se habría dado pie a llegar hasta aquí, para perjuicio de todos nosotros.