jueves, 1 de noviembre de 2012

Niebla en el corazón



Se despide este Octubre lluvioso y demoledor, con una espesa niebla que comparo a la sensación de incertidumbre, que se ha instalado en el corazón de todos los españoles.
Busca mi pueblo desesperadamente un lazarillo que lo guíe, a través de esta nebulosa vestida de crisis que no somos capaces de atravesar, sin faro de guía que nos indique un camino para escapar del naufragio.
La indescriptible situación de los desempleados, choca de frente con el inexplicable optimismo de la Ministra de Trabajo, que presta su imagen y su voz a la mentira del optimismo, mientras los ciudadanos no saben dónde acudir para remediar su desamparo y el Presidente anda enfrascado en historias que sólo él entiende, alimentando a los ciudadanos con sus vaivenes de dudas, sin ofrecerles ninguna explicación, ni preocuparse por resolver ni uno solo de sus problemas.
Caminan las personas y los políticos en direcciones distintas y viven realidades contrapuestas, sin encontrar un punto en común por el que luchar, como si toda la racionalidad que distingue a los seres humanos de las bestias, hubiera muerto repentinamente, dejando paso a una lucha feroz, a muerte, contra un gigante invencible, todopoderoso y dañino, para cuya destrucción no se ha inventado aún arma capaz y de insaciable voracidad, en su afán de engullir cuanto encuentra a su paso.
La fortaleza de los humildes, mermada por el inexorable paso del tiempo, va dejando el brío de los primeros momentos, como tributo, detrás de cada esquina, al tropezar una y otra vez con los mismos muros de piedra, sin conseguir atravesarlos.
Y el lenguaje, que siempre ha sido una vía de comunicación, va reduciéndose a términos macroeconómicos, hasta ahora desconocidos, que se van instalando en las conversaciones de forma habitual, aunque la mayoría de nosotros desconocemos su verdadero significado y en otro momento distinto, ni siquiera les hubiéramos prestado atención, por entender que en nada podrían afectar a nuestras vidas.
Todo se ha transformado empujándonos a una carrera de fondo, para la que no estábamos preparados en absoluto y exigiéndonos un esfuerzo insuperable, que ya no somos capaces de dar, por no creer en que pueda reportar ninguna mejoría, a este estado de desolación, que nos ha robado la tranquilidad y la sonrisa.
Estremecidos, aguardamos el paso de los días, rogando cada cuál a lo que cree, que no empeore el panorama que nos rodea y que, al menos, nos dejen conservar una dosis pequeña de dignidad, con la que poder caminar con la cabeza erguida, sin caer presas de la esclavitud que se nos ofrece como única forma de trabajo.
Y esperamos, como los niños, despertar de esta pesadilla que nos corroe las entrañas, con el consuelo de una mano amiga que nos ofrezca, al menos, una caricia reconfortante, que alivie nuestra angustia y nos devuelva la ilusión por retomar una vida, ahora abandonada al miedo y el desasosiego de no saber siquiera si tenemos futuro.
Huimos desaforadamente de las mentiras con las que tratan de confundirnos, como si aún anduviéramos a gatas y el uso de la razón nos fuera totalmente ajeno y deseamos un poco de luz para poder mirar aquello que nos envuelve, con la lucidez necesaria para afrontarlo, por fuerte que sea la visión que aparezca ante nuestros ojos, que no están preparados para luchar a ciegas.
Está a punto de amanecer Noviembre y habrá que hacer acopio de fuerzas para recibirlo, dejando los brazos caer el día catorce, para que también la otra parte, la poderosa, empieza a saber lo que es la inquietud, y lo mal que se vive con ella pegada a la espalda, como una sombra enemiga, de la que no puedes deshacerte.
Si es verdad que hay justicia, también el reparto de la incertidumbre debiera ser, como todo, más equitativo, para los habitantes de este planeta.



martes, 30 de octubre de 2012

La Armada Invencible



De vez en cuando, los elementos se encargan de hacer un poco de justicia en el mundo y proyectan sus efectos devastadores sobre algún país super desarrollado, demostrando con su actuación, que de nada sirve la tecnología y la inversión desmesurada en armamento, cuando ruge la naturaleza.
Es verdad que lo que dejan estos fenómenos a su paso, no es comparable a lo que sucede cuando se trata de zonas del planeta a la cola de la pobreza y que los habitantes no sufren igual por ejemplo, en Haití, como hoy en Nueva York, pero al menos nos queda la tranquilidad de que en este caso del huracán Sandy, la recuperación de los destrozos, será resuelta del todo en poco tiempo , y no habrá que esperar años, a que la caridad de los demás, venga a resarcir a los afectados que han quedado en situación ruinosa, a causa del fenómeno atmosférico.
Naturalmente, también nos dan pena los habitantes neoyorquinos, pero su situación al pertenecer a la nación más poderosa de la tierra, es otra bien distinta de la de quienes aún se ven obligados a malvivir en reductos chabolistas y que no tienen ni para empezar a recuperar su anterior estado, que ya era de pobreza.
Consuela saber que a día de hoy, todavía no existe nadie todopoderoso, capaz de salir airoso de los avatares que se dan en la vida y que contra los ejércitos de la madre naturaleza, no hay Armada Invencible capaz de salvaguardar los intereses de los que gobiernan el mundo, a pesar de lo invertido en conseguirlo y de las malas artes practicadas, durante años, en lograr tal fin.
Y aunque no hay como estar preparados contra la adversidad, queda claro que el hombre sigue siendo demasiado pequeño en relación con el ambiente que lo acoge y que , a veces, no hace otra cosa que quejarse con contundencia del trato recibido, recordándole su superioridad y ofreciéndole una lección magistral de su poder, a ver si reacciona ante los hechos y aprende que el respeto y las buenas costumbres, son el mejor modo de mantener una relación equilibrada, entre quienes tienen que convivir a perpetuidad, los unos con los otros.
Veo en el blog que mis lectores neoyorkinos han debido quedar incomunicados y no pueden seguirme, como suele ser habitual desde que empecé a escribirlo, y no quiero que esta especie de crítica, pueda herir su susceptibilidad y hacerles pensar que su situación es motivo de alegría, para quien suscribe estas líneas.
Nada más lejos de mi voluntad que despreocuparme de su tragedia, pero habrán de coincidir conmigo, en que su desamparo es mucho menos que el de otros cientos de miles de personas, que a diario pasan por situaciones parecidas a estas, en otros lugares del mundo menos afortunados, en los que su sufrimiento, no es la incomodidad de quedarse sin metro unos días, o sin suministro eléctrico y telefónico, como en el caso que nos ocupa. Su sufrimiento es a perpetuidad y sus carencias serán, desgraciadamente, eternas.
Quizá ahora, que están conociendo de primera mano la magnitud de los sucesos, puedan detenerse a pensar en la angustia ajena y aumente la solidaridad con los desheredados de la tierra, que siguen esperando la consideración del primer mundo para con ellos, sin ninguna esperanza de futuro, abandonados en la indigencia.
La humanidad empieza por colocarse siempre en el lugar de los que tenemos enfrente y por entender que la primera obligación de los hombres es para con sus semejantes, sea cual fuere su lugar de procedencia, su estatus social o su creencia, porque no hay otro mundo que éste...y habrá que conservarlo.





lunes, 29 de octubre de 2012

Cementerio marino



Mientras que los españoles no adquieran una conciencia plena del problema de la inmigración a través del estrecho y muchos sigan pensando que sólo las mafias tienen la culpa de que miles de personas intenten la tenebrosa aventura de alcanzar nuestras costas en pateras, los trágicos sucesos de los últimos días seguirán repitiéndose con cierta frecuencia, y el cementerio marino que ya existe, entre las playas de Marruecos y las nuestras, continuará poblándose de cadáveres, hasta llegar a convertirse en una fosa común, de incalculables dimensiones.
Estamos, como fatídicamente acostumbrados a leer este tipo de noticias en los periódicos y ahora que la crisis se ha instalado entre nosotros dificultándonos la vida, hasta hay quien parece alegrarse de que descienda la inmigración, considerando que la desaparición de estas personas en las aguas, podría ser tomada por los demás como una medida disuasoria, a la hora de plantearse el intento de alcanzar una vida mejor, en este Continente, que ya no es lo que era.
Pero la terrible realidad es otra bien distinta, que incluso pudiera parecerse a la nuestra, en un futuro, si las cifras del paro siguen aumentando y nos vemos obligados a marcharnos del país, de la forma que sea posible, como única vía de encontrar el sustento.
Quién tenga corazón, no tiene más remedio que verse gravemente afectado por la terrible historia de estos protagonistas procedentes de una miseria mucho mayor que la nuestra y compadecerse de su espantoso destino, procurando ayudar, en lo que se pueda, a mejorar su situación, al menos acogiéndolos entre nosotros, como por su condición de personas, merecen.
No importa si en Marruecos se desinhiben del problema y optan por la vía rápida de abandonarlos a su suerte, entre las frías mareas o en el desierto, en una acción indescriptible de crueldad infinita. No importa si no están dispuestos a colaborar, e incluso no importa si potencian que las familias envíen a sus niños a nuestro territorio, para que reciban una educación y sanidad gratuitas al lado de los nuestros y ni siquiera importa si esto supone tener que apretarse un poco más el cinturón, a favor de estos desheredados de la tierra.
Se trata de una cuestión de humanidad, que nada entiende de políticas e ideologías, sino de dignidad y ética.
En modo alguno, el problema ha de convertirse en una patata caliente, que nuestro gobierno y el marroquí se arrojan uno a otro, sin buscar una vía de solución que termine de una vez, con la tragedia.
Tampoco disminuye el problema aumentando la vigilancia policial, ni construyendo muros cada vez más altos, que separen las fronteras, hasta hacer de los países antros blindados a la posibilidad de enriquecerse con la presencia de gentes procedentes de otras culturas, por el mero hecho de que procedan de las clases humildes.
La necesidad, que obliga a los hombres a ser mucho más valientes y arriesgados de lo que lo serían en una situación de normalidad sin carencias, no entiende de métodos para alcanzar un objetivo y abre las puertas que abre, sin dar opción a elegir por cuál de ellas sería más conveniente acceder al remedio de nuestros males.
Y en este caso, aunque también es cierto que las mafias se lucran de la desesperación de la gente, la única verdad es que cualquiera de nosotros, se agarraría igualmente a un clavo ardiendo, si de ello dependiera nuestra propia supervivencia y la de los que nos son cercanos, actuando exactamente igual que ellos y utilizando los mismos métodos, si no quedara otro remedio.
Hagamos un ejercicio de reflexión y multipliquemos por un momento, por mil, los efectos de la crisis que nos azota. Y después contestémonos una pregunta: ¿tomaríamos o no la patera, incluso sabiendo que podríamos morir en el intento?

domingo, 28 de octubre de 2012

El mal menor




La prensa oficial publica unas encuestas en las que se pregunta a los españoles por su intención de voto, si estuvieran a punto de celebrarse unas elecciones generales y cuyo resultado no puede ser más desalentador, si se tiene en cuenta la situación que atraviesa el país en estos momentos.
La mayoría, confiesa que volvería a votar al partido popular, convencida de que no existe una alternativa capaz de sacarnos del pozo sin fondo en que nos encontramos, argumentando que estar bajo la tutela de los conservadores, podría considerarse como un mal menor, si lo comparamos con lo que ofrecen las otras opciones políticas.
Fuertemente influenciados por la idea del bipartidismo, que durante años se han encargado de alimentar populares y socialistas, el grueso de la población española ni siquiera se ha `planteado nunca la posibilidad de informarse sobre el resto de formaciones que conforman el arco político y se encuentra ahora atrapado entre la mala gestión de Rajoy y la descomposición sufrida por el PSOE, desde que Zapatero lo dejara en la peor situación conocida de su historia.
Sin sentirse auténticamente representados por nadie en el Parlamento y atenazados por el miedo inducido de que la izquierda resulta ser absolutamente inútil en las cuestiones económicas, los españoles parecen haberse resignado a su negra suerte y sólo esperan el milagro, más que improbable, de que el PP se compadezca de ellos y termine por cambiar de rumbo, para tratar de aliviar la miseria del pueblo.
Frente a esa mayoría amedrentada por su propia ruina, los valientes de la indignación, que no se rinden en la lucha por sus reivindicaciones y derechos, no quieren siquiera oir hablar de males menores y abogan por un cambio radical en el modelo de sociedad, luchando denodadamente contra los temporales provocados por las exigencias europeas y exigen la disolución del Parlamento y la convocatoria de un Referéndum, en el que los ciudadanos puedan decidir si están de acuerdo o no, con el modo de gobernar de los políticos actuales y de cuyo resultado dependerían las actuaciones a seguir, en el futuro, pero que contarían con un apoyo popular, del que ahora carecen.
Pero el tormento a que es sometida la población, acuciada por el fantasma del paro y ahogada por las deudas contraídas, va horadando cada vez más las conciencias y no deja decidir, en libertad, cuál podría ser la solución más conveniente para nuestros problemas o quiénes serían los más idóneos, para empezar a ver la luz que perdimos, en manos de la incompetencia de este gobierno y del anterior.
Por otra parte, la inexistencia de líderes de peso, capaces de convencer con honestidad a los ciudadanos de que otra alternativa es posible y la insistencia gubernamental en tildar a los indignados, poco menos que de anarquistas incendiarios, consiguen confundir a las mayorías silenciosas, sin dejarlas atisbar con claridad, nuevos horizontes que palien su particular sufrimiento, por lo que la desidia y la falta de confianza en la clase política, se han convertido en los peores enemigos de un pueblo, incapaz de luchar por sus derechos más elementales, como si hubiera sido abducido por una secta que anulara su voluntad, impidiendo una reacción ante los atropellos que contra él se cometen.
Quizá por eso, no baste con la indignación de unos miles de personas plenamente convencidas de que es posible un cambio y el primer paso sería tratar de eliminar los efectos que el miedo y la pobreza están causando entre nosotros, estableciendo una corriente de información, aunque sea puerta a puerta, que explique con total limpieza las pretensiones que llevan a los manifestantes a las calles y cuáles son las peticiones que los mueven, aunque no exista una figura representativa a la que votar, en el caso de que se celebraran nuevas elecciones.
Querámoslo o no, los pueblos necesitan de la figura del líder, como una manera de saber que cuentan con el apoyo de alguien capaz de canalizar sus deseos y de tratar con las Instituciones con conocimiento de causa. Alguien a quien poder confiar la responsabilidad de gobernar y que responda del bien de la mayoría, con honestidad y con decencia.
Así que puede que haya llegado el momento de poner caras al movimiento de la indignación y dejar aparcadas las políticas asamblearias, para constituir legalmente una formación que represente verdaderamente el sentir ciudadano, pero implicándose a la vez, hasta las últimas consecuencias, en organismos auténticamente democráticos, que consigan cambiar la tenebrosa visión que de los mismos, se tiene ahora en este país.
La teoría del mal menor no puede consentirse, porque de hacerlo, el desgobierno de los populares podría llegar a convertirse en uno de esos largos mandatos que por desgracia ya conocemos y que suelen terminar bastante mal, como ya se ha encargado de hacernos ver, muchas veces, la historia.





























jueves, 25 de octubre de 2012

Asesinato en primer grado




La primera víctima de la crisis en España, naturalmente, no es un banquero. Es un vecino de Granada que a punto de ser desahuciado, se ha colgado de una viga, incapaz de superar la angustia de seguir viviendo con la carga de la ruina, que la crisis le ha traído a su casa.
Ha sido la suya una muerte anunciada, que más pronto que tarde tenía que ocurrir, en vista del cariz que están tomando los acontecimientos, e incluso resultaba extraño que alguna de las terribles historias que hay detrás de cada uno de los desalojos de viviendas, por parte de los bancos, no hubiera culminado así.
Por eso no importa su nombre, que podía ser cualquiera de los nuestros, o su edad o su historia, que podría ser la misma que la de cualquiera de los muchos españoles empujados a la miseria, por las medidas adoptadas por los gobiernos consentidores de este tipo de tremenda injusticia.
Pero si importa, y mucho, el trágico desenlace que viene a corroborar la angustia vital que nos está invadiendo a todos y la total indefensión en que nos encontramos, ante la insaciable voracidad de los organismos económicos y políticos.
Importa, porque el suyo, mas que un suicidio, es un asesinato en primer grado, cuyos culpables nunca comparecerán ante un juez, a pesar de su probada culpabilidad, en el desarrollo de los hechos.
Importa, la espantosa soledad que nos acompaña, sin que exista un propósito firme de defensa de la integridad de las personas por parte de los políticos, e importa la cadena de despropósitos que nos vienen acompañando desde que tenemos la mala suerte de perder el trabajo y se nos hace imposible atender nuestros compromisos hipotecarios y nos vemos al borde de la calle…y con la deuda.
Importa la falta de previsión legal y la dureza de unos jueces, que ya debieran haber manifestado su disconformidad con la aplicación de una ley insostenible, negándose rotundamente a firmar las órdenes de desahucio en las condiciones actuales del país, si es verdad que creen aún en un concepto de justicia, que a nosotros nos parece cada vez más lejano e incierto.
Importa la participación policial, en cumplimiento de un deber que saben de antemano nefasto, pero que aplican con rigor, empujando a los desahuciados fuera de la vivienda que supone el único techo que tienen para seguir malviviendo.
Importa la pasividad parlamentaria, que no se afana en solucionar estos casos con la urgencia debida, mientras pierden un tiempo precioso en aplicarse en el insulto entre formaciones políticas, sin prestar ninguna atención al sufrimiento de la sociedad, que se hace insoportable y genera violencia.
Importa que los políticos centren todo su esfuerzo en discusiones de temas macroeconómicos, mientras los seres humanos son literalmente pisoteados en derechos fundamentales, como este de la vivienda y que hoy nos ha dejado la primera víctima mortal, pero que pudiera no ser la última.
Importa que no se atiendan con diligencia las necesidades fundamentales del pueblo y sí las de las entidades bancarias, a las que se inyectan cantidades ingentes de dinero para remontar negocios que han fracasado por la mala gestión de sus ejecutivos y el alto grado de corrupción generado en este país y que salpica con demasiada frecuencia, a los que teóricamente deben estar al servicio de la sociedad, puesto que se llaman a sí mismos políticos.
Importa que hayamos llegado hasta aquí, aclamados por la misma banca que ahora nos desahucia y que en momentos de bonanza, trató de convencernos de que podíamos ser los amos del mundo, al concedernos préstamos que, con toda probabilidad, resultarían en un alto porcentaje, impagables.
Importa en resumen, que la salud mental de este pueblo esté empezando a resentirse, por la acuciante necesidad de trabajo que tenemos, sin que en ninguno de los foros públicos se hable siquiera de hallar una fórmula para remediar el cáncer del desempleo, y con él, la razón que nos está llevando a una enfermedad lenta y dolorosa, que en algunos casos, como el que nos ocupa, se hace ya del todo irrecuperable.
Mientras, los titulares de los periódicos, siguen ocupándose con las subidas y bajadas de la prima de riesgo, con la posibilidad de que se pida a corto plazo un nuevo rescate y con las veleidades europeas, que al fin y a la postre, son en buena medida, la raíz de todos nuestros males.
Y aunque hoy ha muerto un hombre en Granada, la noticia ni siquiera merece una portada, ni abrir los informativos de la televisión, al ser considerada como una triste anécdota. Hasta ahí llega la deshumanización del poder que rige nuestras vidas.













miércoles, 24 de octubre de 2012

Fantasmas de uniforme





La dimisión de una diputada socialista, que había denunciado, junto a compañeros de otros partidos, la existencia de amenazas de corte militar sobre Cataluña, no ha hecho otra cosa que enmarañar aún más todo lo que acontece en esta Comunidad Autónoma y sacar del armario antiguos fantasmas de uniforme, que ya nos parecían lejanos en el tiempo.
Este grupo de políticos había alegado una presencia masiva de aviones caza sobre los cielos catalanes, justo desde que Artur Mas se atrevió a plantear la cuestión de la Independencia, lo que se ha interpretado como una forma de presión sobre la ciudadanía, que parece mayoritariamente apoyar, las teorías del líder de Convergencia y Unió.
A esto se unen las declaraciones de ciertos militares, que hace unos días se declaraban partidarios de una intervención del ejército en Cataluña, de producirse cualquier intento de secesión, por parte del gobierno autonómico que rige ahora los destinos de aquel territorio.
Los españoles, demasiado acostumbrados por desgracia, a levantamientos capitaneados por salvadores de la patria, acaban de quedarse estupefactos ante este inesperado giro de los acontecimientos y más de uno creerá que cuando el río suena, algún agua debe llevar, por mucho que se pretenda dar al suceso, sólo categoría de mera anécdota.
Ya hemos asistido en el pasado a varios episodios de infausto recuerdo, que podrían resumirse en la escena que protagonizó Tejero en el Congreso de los Diputados, pero que había tenido, con anterioridad, múltiples ensayos fallidos, por parte de otros compañeros de armas, y que no dejaban duda sobre las continuas conspiraciones que se preparaban, durante los primeros años de nuestra Democracia.
Pasado el tiempo, creíamos haber superado esta etapa y dejado clara una separación de poderes, en la que el lugar de las Fuerzas Armadas quedaba establecido siempre al lado del Gobierno democráticamente elegido en las urnas, pero las disidencias demostradas por determinados elementos, a colación del conflicto catalán, parecen demostrar que es difícil perder ciertas costumbres y vuelven a despertar en nosotros, profundos sentimientos de temor, no se sabe si con fundamento.
Dice el Partido Popular, que los diputados protagonistas de esta historia, deben pedir perdón al ejército por la acusación que contra él emiten, al dudar de su lealtad hacia la Constitución que nos gobierna. Pero nada dice el PP sobre las declaraciones de los militares que han encendido este fuego, ni se les sanciona, como debería hacerse, por su salida de tono, de tan mal gusto, en estos momentos.
Si se castiga sin embargo, a cincuenta manifestantes que salieron ayer a la calle en contra de los recortes de Rajoy, ya que parece ser que bajo el mandato conservador, la libertad de expresión de los ciudadanos, necesita un permiso. Y sin embargo, la opinión de quien pertenece a un estamento teóricamente neutral, es admitida como natural entre las filas del PP, a pesar de haber hecho alusión a una intervención armada, sobre una parte del territorio nacional, sin que se de importancia alguna a la diplomacia, tan útil en estos casos, y tan despreciada por los que sólo creen en la razón de la fuerza.
Inexplicablemente, la sociedad española no parece merecer en esta cuestión ningún tipo de explicaciones y ha de enterarse de lo que ocurre, como de casi todo lo demás, por algún medio de prensa valiente, que se atreve a relatarlo arriesgándose a ser sancionado, como parece ser la nueva costumbre promovida por el Gobierno.
Si hay o no ruido de sables, nunca lo sabremos. La política oscurantista del PP, empeñada en mantener al pueblo español en la más supina ignorancia, se encargará de filtrar lo que interese que conozcamos, reservando el resto de la información en lo que ya debe ser su archivo secreto y si algo llegase a pasar, ya nos enteraremos cuando se nos venga encima y no tenga remedio.







martes, 23 de octubre de 2012

La rosa deshojada






Ya lo dijimos cuando Zapatero traicionó su ideología y desoyó el clamor popular que le rogaba que cambiara el rumbo de su política: que estaba abriendo puertas demasiado peligrosas y que dejaba una herencia a su partido, de la que le sería muy difícil deshacerse.
Ya advertimos que las posturas de los socialistas se estaban apartando del ideario de su fundador y frecuentando en Europa compañías poco recomendables, si querían seguir subsistiendo.
Avisamos de que el pueblo español había aprovechado con firmeza la oportunidad de educarse, aprendiendo a la vez a distinguir la verdad de lo incierto y que no perdonaba el engaño ni la deslealtad, ni prestaba su voto a la opción menos mala del panorama político.
Supimos que perderían las elecciones…y las perdieron. Supimos que resultaría prácticamente imposible que volvieran a recuperar la confianza y a la vista está, tras los resultados en Euskadi y Galicia, que nuestros pronósticos se han cumplido.
Con caras procedentes del gobierno saliente, encabezadas por un Rubalbaba demasiado tibio y medroso, la hecatombe no era más que cuestión de tiempo y a nada podían aspirar, si nada se cambiaba para conseguirlo.
Se deshojó la rosa por falta de riego y los populares llegaron al poder, más que por mérito propio, por demérito de unos antecesores demasiado cobardes, para plantar cara a las exigencias de la codicia.
Y ahora no hay marcha atrás, ni sirven los lamentos de los que desde dentro de la formación, claman en contra de los que la lideran, como si no hubieran sido también consentidores de lo acaecido y elegido a quien ahora está, por mayoría, en su último Congreso.
Resulta contradictorio, que precisamente en un tiempo como el que nos ha tocado sufrir, no haya en nuestro país un socialismo fuerte, defensor de las teorías que siempre movieron a este pensamiento, que fue creado para albergar y defender a las capas humildes de la Sociedad, frente al acoso de un capitalismo, ahora más feroz y poderoso que nunca.
Duele que hayan cambiado sus raíces por la comodidad y los uniformes de obrero de fábrica por los trajes de diseño, abandonando a su suerte a los suyos, en la lucha que ahora libran en soledad, contra un enemigo al que han permitido crecer, con su cobardía y su absentismo.
Y aún pretenden que los trabajadores olviden y que vuelvan a caer a sus pies dándoles con sus votos, la posibilidad de retornar al poder, como si nada hubiera pasado y la fractura que abrieron en su momento, no hubiera traído las consecuencias que nos ahogan y que, en parte, debemos a ellos.
Se permiten hasta defender su inocencia, como si la memoria de los españoles se hubiera borrado del todo y la política practicada durante los últimos años de Zapatero, hubiera sido sólo un mal sueño.

Pero la realidad es la que es y el PSOE se encuentra, muy a pesar de los que alguna vez creímos en él, donde se encuentra.

No hay perdón. Como tampoco lo habrá para este PP ultraconservador que nos arrastra a la ruina y roba el futuro a nuestros hijos, porque los resultados gallegos serán, con el tiempo, un espejismo que creyeron ver, pero que se desvaneció para siempre en la negrura del olvido.