lunes, 22 de octubre de 2012

Un voto que esclaviza



Tener en las manos la posibilidad de cambiar el destino y no hacerlo, convierte a los pueblos en merecedores de cuántas fatalidades acontezcan después y les roba el derecho a lamentar su error, al haber posibilitado con él, el curso de los posteriores acontecimientos.
Galicia da una palmada en la espalda a Mariano Rajoy, condescendiendo con su política de recortes y aceptando con sumisión la pérdida de derechos impuesta a los ciudadanos, como si no fuera necesaria la libertad para vivir y las carencias traídas por los conservadores fueran, como ellos dicen, absolutamente necesarias para salir de una crisis, que no termina de ver un punto de luz, bajo el yugo de su mandato.
La cobardía de emitir un voto esclavo, en el pensamiento de que tal vez lo que sobreviniera de cambiarlo, podría ser aún peor, pone en evidencia hasta qué punto influencia el ánimo todo lo que nos está sucediendo y empuja al pesimismo a los que, por lógica pensamos, que es posible construir un nuevo modelo de sociedad, lejos de las leyes de una derecha movida, exclusivamente, por las imposiciones de la economía.
No es verdad que en Galicia todo el mundo aplauda al PP, ni que el silencio de los que ayer no acudieron a las urnas ratifique el modo de hacer de los que nos gobiernan. Muy al contrario, la falta de participación en los comicios, podría ser un indicativo de hasta qué punto llega el hartazgo de los ciudadanos y también de su falta de confianza en la clase política, independientemente de la ideología y las banderas.
Pero si todo va a peor, como resulta previsible, no tendrán los gallegos la oportunidad de echarse atrás para recuperar la ocasión perdida y se verán obligados a sufrir estoicamente el porvenir que les vendrá dado por el sentido estricto de su voto, sin poder reclamar hasta que pasen cuatro años a sus gobernantes, que cambien el rumbo de su historia, ya que son ellos y no otros, quienes los han colocado exactamente donde están, poniendo su confianza en ellos.
En el caso de Euskadi, ya se sabe que los tiempos de crisis propician el triunfo de los nacionalismos y que aunque históricamente se ha podido comprobar su ineficacia para solucionar los problemas, los pueblos tienden naturalmente, a generar un sentimiento de auto conservación, dejando la solidaridad con los demás para cuando llegan los tiempos de bonanza.
Hasta ahora, no podrá Euskadi comprobar en carne propia las consecuencias que puede traer a su tierra el gobierno de los partidarios del independentismo y cómo también ellos sufrirán el lógico desgaste producido por los años en el poder, que probablemente será mucho más efectivo que la lucha que se viene manteniendo desde Madrid, por terminar con la radicalidad de un colectivo procedente en su mayoría, de las filas de ETA.
Unos y otros, habrán de asumir su responsabilidad en lo que venga y ser conscientes de que la voluntad popular elige a veces extraños caminos para remediar los males que la azotan.
Pero la grandeza de la Democracia está en aceptar los resultados que ofrecen las urnas y en aprender a vivir con ellos, independientemente de que sean o no justos par el bien de las mayorías.
El tiempo, pone a cada cual en su sitio y acaba por ofrecer razones suficientes para meditar en ocasiones futuras, con mucha más profundidad, el sentido del voto que se emite y que no deja de ser el único instrumento que tiene la sociedad, para manifestar sus preferencias.









domingo, 21 de octubre de 2012

La espera





Mientras vascos y gallegos acuden a las urnas para elegir quiénes serán, a partir de hoy, los que manejen sus destinos, el resto de los ciudadanos permanecemos expectantes, en la esperanza de que los resultados reflejen, exactamente, cuál es el sentir de los pueblos, ante la desacertada política que está practicando el PP.
Son estas unas elecciones trascendentales por varios motivos y parece que de ellas derivará la decisión de pedir o no un rescate hábilmente aplazado, hasta conocer qué índices de popularidad otorga a Rajoy la voz soberana de los pueblos y en qué condiciones quedan los conservadores, tras la celebración de los comicios.
Los vascos conocen por primera vez la maravillosa sensación de votar en libertad, sin la amenaza de ETA marcando el camino a seguir por la vía de la violencia y los gallegos habrán de demostrar, si pueden, que se han desprendido totalmente de los fantasmas del caciquismo, tan instalado aún entre la gente de las pequeñas aldeas que conforman esta maravillosa comunidad, también tan poco libre.
A pesar de que se espera, según las encuestas, un triunfo del PNV en Euskadi y la confirmación de los conservadores en Galicia, todo pudiera terminar siendo absolutamente diferente, si el hartazgo de los ciudadanos pueden más en la balanza que las ideologías y optan por la decisión de elegir algo distinto, en uso de su pleno derecho, llevando hasta el poder a quienes verdaderamente les parezca que podrían ser la clave de un cambio, que los aleje de los efectos negativos de la crisis y estabilice un poco la inseguridad reinante, proporcionando tranquilidad a la convulsión de las conciencias.
Habría que recordar lo que ocurrió en Andalucía, cuando los pronósticos se vieron sorprendidos por un vuelco electoral que acabó con la gran esperanza de los populares, de hacerse fuertes en esta tierra y dejó el gobierno de la Comunidad en manos de la coalición PSOE-IU, ahora en permanente confrontación con el ejecutivo central, que no perdona la traición infringida a sus ínfulas de grandeza.
Rajoy, que pretende jugar con ventaja, al ser oriundo de Galicia, podría suspender el examen que para él representan estas elecciones, a tenor del descontento generalizado que provocan sus políticas, también allí en la tierra de donde procede.
Pero ¿qué haría, en el caso de cosechar un fracaso y toparse de bruces con esa realidad de la que desesperadamente ha tratado de huir y que demostraría de manera fehaciente, la caída estrepitosa de su popularidad y de su ideología?
Desde luego, seguir con las medidas de recorte, haciendo oídos sordos a lo que ya sería una ratificación del pensamiento de los ciudadanos, podría convertirse en un tremendo error del que difícilmente llegaría a recuperarse nunca y que dejaría a la formación a la que pertenece, muy mal posicionada en el panorama político español.
También la petición de rescate se haría con la sensación de no contar con ningún respaldo en el país y el más que probable anuncio de la rebaja en las pensiones, podría ser, ahora sí, el principio del fin de la era Rajoy y de su etapa de servilismo, a los pies de una tiránica Europa, usurera e implacable.
Las horas cruciales que quedan hasta que se conozca el escrutinio, pone a los analistas políticos en la difícil tesitura de tener que hacer previsiones a la ligera, sin base ni fundamento y la ocasión aconseja esperar hasta que las dudas sean despejadas por la contundencia de los hechos.
Todos deseamos que lo que ocurra sea para bien de las mayorías y no para vanagloria de ningún grupo político en concreto, esté o no esté en el poder.

















jueves, 18 de octubre de 2012

Una huelga imprescindible




Por fin Europa se levanta y se convoca una huelga conjunta para el 14 de Noviembre, en la que los ciudadanos de todos los países de la Unión, tratarán de frenar el despropósito político que se fragua en las altas esferas económicas y que tanta desolación ha traído consigo, sin que ninguno de nuestros gobernantes se haya atrevido a poner límite a la desmesurada codicia de los poderosos.
A pesar de que aún existen sustanciales diferencias entre determinados socios de la Comunidad y definitivamente los países del Sur e Irlanda, se han llevado la peor parte de los efectos negativos de la crisis, parece que finalmente se ha impuesto un criterio de unidad y es de prever que el Continente quede paralizado por un día, si la convocatoria es un éxito.
No queda más remedio que volver a empezar de cero y familiarizarse con la lucha de clases, que ya creíamos medianamente superada, a tenor de los logros conseguidos durante más de un siglo de dura batalla, ya que en apenas dos o tres años, los derechos adquiridos por los trabajadores y por la sociedad en general, se han visto vilmente ultrajados hasta hacerlos desaparecer y cada vez nos acercamos más a condiciones laborales parecidas a las que se daban cuando empezó la Revolución industrial y los campesinos emigraron a las ciudades, para trabajar de manera infrahumana, en las fábricas de los capitalistas.
El golpe nos ha cogido por sorpresa, cuando habíamos cometido el error de acomodarnos, creyendo en la buena voluntad de los poderosos que nos hicieron creer que podíamos vivir como ellos. Y la trampa mortal, que consistía en atraparnos de por vida con deudas eternas, terminó por cerrarse arrancándonos de cuajo cualquier posibilidad de satisfacer nuestros pagos pendientes, al privarnos repentinamente del único medio de sustento que teníamos, es decir, del trabajo.
Perdida como estaba la costumbre de tener que pelear las condiciones de nuestros contratos, la solución que muchos encontraron fue la de esperar inútilmente que pasara lo peor del temporal y que las cosas volvieran a su cauce. Pero en lugar de suceder así, las tuercas empezaron a ser hábilmente apretadas cada vez con más fuerza, hasta hacernos llegar exactamente al punto de desesperación preciso, como para aceptar la explotación y verla como un regalo llovido del cielo, que al menos, mitigaba nuestra pobreza.
Y sin embargo, no existe el menor consuelo en ser sumiso y la docilidad, en la mayoría de los casos, no hace más que fortalecer la postura del que tenemos enfrente, haciéndole creer que aún podría dominarnos más y mejor, si encontrara la estrategia adecuada.
Puede que desde su situación de privilegio, hasta llegue a pensar que consiguiendo de nosotros un mayor grado de esclavitud, se tripliquen sus beneficios.
No obstante, debe quedar claro que si los brazos caen y los trabajadores se niegan rotundamente a las exigencias que se les imponen por la fuerza, llegará un momento en que los cálculos del poder, habrán de avenirse a un acuerdo, porque de otro modo, el suculento bocado que esperaban conseguir con su táctica, no solo mermará considerablemente, sino que desaparecerá del todo, si se emplea en ello el tiempo oportuno y no se da un paso atrás en la negociación más ventajosa para las mayorías.
Por esto resulta imprescindible que esta huelga sea un éxito y que el concepto de unidad traspase, por una vez, las fronteras, para que una sola voz suene con fuerza por toda Europa, dejando claro que no se lo vamos a poner fácil.
El modo de vida de varias generaciones depende de ello y hasta la concepción del individuo que hasta ahora teníamos, pero que ha empezado a ser anulada por las nuevas teorías de mercado, tendrá en esta convocatoria, la que pudiera ser una de sus últimas esperanzas.
El clamor debe ser tan rotundo, que pueda ser considerado una seria amenaza por los que manejan los hilos de este mundo que nos rodea. Y ha de ser tan contundente, que de a entender que no habrá marcha atrás, ni concesiones que permitan nuevas lesiones de uno solo de nuestros derechos.
Las fábricas y los negocios europeos han de quedar ese día, en el más absoluto de los silencios. Como si el Continente se hubiera convertido en una enorme ciudad fantasma y no fuera a despertar jamás con la imagen que de ella tenemos ahora, los que por ella estamos dando tanto.





miércoles, 17 de octubre de 2012

"Batapadres"



La utilización del lenguaje, por parte de los líderes políticos, suele jugar malas pasadas si no emplea con rigor el auténtico significado de los términos.
Le ocurrió ayer, o al menos eso nos gustaría pensar, al portavoz del PP en el Congreso, cuando estableció una comparación entre los padres de alumnos que protestan a causa de los recortes aplicados por el ejecutivo y los militantes de Batasuna, atribuyendo a los primeros una radicalidad de la que carecen, y politizando una protesta que nada tiene que ver con ideologías, y mucho con los problemas económicos con que se encuentran los progenitores, si pretenden educar, a partir de ahora, a sus hijos.
Colocar al mismo nivel a las AMPAS y a los terroristas, puede dar lugar a errores de concepción, sobre todo si no se barajan con soltura los hechos que han ocurrido en el país durante los últimos cincuenta años, y en el caso de estar emitiendo una información desde el extranjero, se podría pensar que los padres de alumnos acuden a las manifestaciones armados con cócteles molotovs, dispuestos a volar coches y a organizar algaradas, que nada tienen que ver con el pacifismo que acompaña a este colectivo inocente.
Medir las palabras, es lo primero que tendría que aprender un político que se precie, sobre todo si su cargo le obliga a hacer continuamente declaraciones ante los medios, porque a veces, como en este caso, se lesiona gravemente la honorabilidad de los individuos, despreciando su libertad de expresión y convirtiéndola por la comparación, en un hecho delictivo, castigado en el código penal, por su violencia.
Hablábamos anteayer de la manía persecutoria que sufren los conservadores y éste de hoy, vuelve a ser un ejemplo de la misma.
Pretender que las familias alimentan el deseo permanente de un derrocamiento brutal de los poderes establecidos por las urnas, es una grave acusación que, al menos, tendría que ser demostrada fehacientemente por parte del señor Alonso, a quien no basta ahora desdecirse de su afirmación, si no lo acompaña de una dimisión inmediata, cosa más que improbable.
Lanzar un mensaje de esta índole para retroceder después, no evita el daño producido por las declaraciones en el intervalo de tiempo entre una y otra aparición, ni evita que el pensamiento libre de los receptores elucubre con la idea, pudiendo llegar a pensar que algo de verdad habrá en ella, si quien la transmite es nada menos, que el portavoz en el Congreso.
Y aunque el intento de boicotear la protesta es el trasfondo de la cuestión, no todos los medios son válidos para tratar de evitarla, ni es ético recurrir a la injuria para intentar tapar los errores cometidos, con una cortina de humo que no permita ver con claridad la realidad de los hechos.
Ya lo han intentando, negando a los alumnos el derecho a la manifestación y la huelga, a pesar de haber utilizado en multitud de ocasiones a menores y discapacitados como cabecera, en sus protestas contra la Ley del aborto.
Ahora, inciden en la idea de que una inexistente izquierda radical maneja los hilos desde la sombra y que los españoles, a los que deben considerar idiotas y fácilmente manejables, se dejan abducir por un catecismo fundamentalista, cada vez que salen a la calle para manifestar su descontento con la clase de política que está llevando a cabo Rajoy, con la que están en total desacuerdo.
Todo, menos reconocer que el estallido social es un hecho y que tienen en contra al grueso de la población, como es fácil de comprobar, a tenor de la multitud de convocatorias que se llevan a cabo diariamente, a cargo de todos y cada uno de los colectivos lesionados por las medidas de recorte, y evidentemente, sin medios de coacción que esclavicen la voluntad de la gente.
Los padres y alumnos de este país, señor Alonso, se niegan a presenciar el desmantelamiento del Sistema Público de Enseñanza y a renunciar a su derecho a una educación de primera magnitud, sólo ofrecida, gracias a la Reforma, por escuelas elitistas reservadas únicamente a los hijos de los ricos.
Así de simple es el problema, aunque ustedes se nieguen a verlo y así de sencillo es el motivo que saca a las familias a las calles para dejar sentada su opinión, frente a los abusos que en su contra está cometiendo el gobierno y usted, al formar parte del ejecutivo y defender su postura.
Es mucho más radical, si se reflexiona sobre ello, negar a los jóvenes españoles la posibilidad de recibir una enseñanza igualitaria y de calidad, amparándose en una política de austeridad, que no contempla como de primera necesidad la educación y la cultura de su propio pueblo.
Pero claro, de todos es sabido que el analfabetismo suele traer consigo docilidad, con lo cual no es de extrañar que ustedes lo fomenten, siendo partidarios, como son, de establecer una sociedad clasista, en la que los pobres no tengan derecho a casi nada.



martes, 16 de octubre de 2012

Dignidad y pobreza



La idea del gobierno griego, de permitir la venta de alimentos caducados a bajo precio, para que el pueblo empobrecido por las medidas de recorte ya aplicadas, palie el hambre que empieza a ser una realidad cotidiana, sobrepasa superlativamente todos los límites de la ética, demostrando con claridad meridiana qué clase de valores mueven hoy a las huestes políticas y hasta qué punto son capaces de llegar, en el viaje alucinógeno que emprendieron cuando se toparon de bruces con la codicia.
La nauseabunda visión del mundo, que acompaña como una sombra a los que administran el poder, cruza la línea divisoria entre la moral y lo impúdico, desarrollando una nueva teoría sobre la concepción del hombre, que ha pasado de ser el elemento más importante de la sociedad, a convertirse en un instrumento al que manejar caprichosamente, hasta transformarlo en una marioneta con la que jugar a voluntad, despreciando cualquiera de sus sentimientos.
Despojado de cualquier posibilidad de mínima supervivencia, gracias al curso que han tomado los acontecimientos marcados por los dueños de los capitales, el ciudadano ya sólo poseía su dignidad, para continuar por el camino de la decencia y ha estado luchando denodadamente porque no le fuera arrebatada, en una cotidianidad dominada por un abanico de carencias y un temor inducido a un futuro, a todas luces negro e incierto.
Europa es ahora, gracias a sus políticos, un continente de pobres, pero no de pobres de toda la vida, acostumbrados por las circunstancias a administrar milimétricamente los pocos recursos de que disponen, sino de ciudadanos de clase media a los que esta crisis claramente provocada, ha llevado hasta límites inimaginables de desesperación, hurtándoles un modo de vida apacible, conseguido con el esfuerzo de su trabajo, y regalándoles a cambio un billete sin retorno, hacia una esclavitud personal, desprovista de cualquier tipo de derechos.
El ofrecimiento del gobierno griego, rebaja aún más el listón establecido desde las altas esferas, y sitúa a las capas más desafortunadas de la sociedad en el escalafón más bajo de cuantos pudieran ofrecérseles, estableciendo una especie de gheto virtual, en el que ya ni siquiera se les permite consumir alimentos en buen estado y que por un momento, parece estar diseñado para su aniquilación, o al menos para tratar de convencerles para siempre, de que la cosas nunca más serán, para ellos, como antes.
La ruindad de aprovechar el pesimismo reinante, para privar a los seres humanos de su derecho a la igualdad, incidiendo de manera hiriente en una diferenciación astronómica entre las clases sociales, aporta luz a los enrevesados entresijos de esta crisis y pone exactamente en su lugar, a los que desde los organismos europeos, tratan de convencernos por todos los medios de la bondad de su gestión, que no es otra cosa que una guerra abierta de cifras, en detrimento de un género humano, estupefacto ante los acontecimientos.
Pero no todos estamos dispuestos a ceder la dignidad sin lucha. Es verdad que el hecho de sentirnos más pobres, provoca una inseguridad que podría paralizar en nosotros cualquier tipo de resistencia, pero el bucle en el que entraríamos, si nos dejamos arrastrar por el miedo y acudimos como un rebaño allá donde quieran dirigirnos, seguramente terminaría por engullirnos y hasta por convencernos de nuestra propia inutilidad, arrastrándonos irremediablemente al pozo negro de la alienación.
Nos hayan convertido o no en ciudadanos de segunda, es para nosotros fundamental conservar el raciocinio y mantener nuestra escala de valores inviolable, independientemente de los recursos con los que contemos. Sugerir siquiera que un sector de la población europea pudiera ser alimentada con alimentos caducados, supone una gravísima ofensa para los habitantes del continente, sea cual sea su lugar de origen o su país de pertenencia, y una injusticia garrafal, fomentada por una clase política sin escrúpulos, dispuesta a comerciar con la vida de los ciudadanos, desde su posición de privilegio.
La propuesta, es la gota que colma el vaso de la indignación y no puede ser más maquiavélica, aunque habría que saber quién o quienes se esconden detrás de ella y qué tipo de beneficios podría reportarles la comercialización de estos productos, que en otro caso formarían parte del apartado de pérdidas de las empresas, al no haber sido vendidos dentro de la fecha marcada para su consumo.
La baza que ahora tiene la ciudadanía es la de boicotear a cualquier establecimiento dispuesto a hacerse cargo de estos productos y potenciar, por medio de la protesta, una bajada inmediata de precios en los artículos de primera necesidad, hasta conseguir que estén al alcance de todas las economías, exigiéndolo como pago a los perjuicios que nos ha ocasionado una crisis, provocada por la ineficacia probada de nuestros nefastos políticos.
Nos lo deben.



lunes, 15 de octubre de 2012

Manía persecutoria




Sufren los conservadores españoles, en esencia, una especie de manía persecutoria que les hace imaginar conspiraciones contra su partido, en todas partes.
No se sabe si es que piensan, erróneamente desde luego, que son el ombligo del mundo y que todo ha de girar necesariamente en torno a ellos, o les quedó un trauma de infancia ocasionado por la tenacidad de sus antecesores, en inculcar un miedo feroz a la ideología de la izquierda y no ha nacido aún psicólogo o psiquiatra capaz de hacerles superar ese temor ancestral que llevan cosido a las entrañas, y del que no logran deshacerse, por mucho que pase el tiempo.
No hay más que buscar en hemerotecas para corroborar esta tesis. Cada vez que se produce una protesta popular, en contra de alguna de las muchas y nefastas medidas que están adoptando desde que aterrizaron en el poder, aparece algún miembro del Gobierno Rajoy acusando a cualquiera que se encuentre en cualquier formación política que sobrepase un poco los límites de la derecha, de fomentar un levantamiento radical, con la única intención de provocar un derrocamiento, como si todos los simpatizantes de las otras fuerzas políticas llevaran dentro un golpista en potencia y vivieran sólo en función de autoproclamarse dictador de una república bananera, después de empujar a los populares, por supuesto, de manera violenta y tendenciosa.
Hoy ha tocado el turno a Wert, quien ha calificado la convocatoria de huelga que han promovido las Asociaciones de Padres de Alumnos y los estudiantes en sí, en contra de los recortes en Educación, como una “extravagancia izquierdosa”, a la que no hay que prestar la menor atención, por carecer de todo fundamento.
Después de querer españolizar a los estudiantes catalanes y ser severamente criticado por todos los estamentos del país, incluida la corona, esta perla de ahora, no hace otra cosa que añadir un poco más de “gloria”, a la dilatada trayectoria ultraderechista del fogoso Ministro.
Ya apuntaba maneras cuando participaba como tertuliano en varios programas de televisión y en la cadena Ser, a la que por cierto no despreciaba el montante económico que le ofrecía a cambio opinar siempre a favor del partido al que pertenece, pero desde que los efluvios del poder se apoderaron de su ego y la delicia de tener mando en plaza empezó a producir el regusto que debe dar la obediencia ciega de los subordinados, debió sufrir un repentino ataque de pura soberbia y empezó a creer estar en posesión de la verdad de manera infalible, a la vez que a temer los efectos de una revolución encubierta, minuciosamente preparada por los ciudadanos para apartarle del cargo, seguramente manipulados por las “hordas marxistas” ocultas en las cloacas, pero manipuladoras hasta extremos irracionales y terribles.
Esta claro que Wert no se ha molestado en ningún momento a bajar a las calles, ni ha querido escuchar a los numerosos grupos de personas que en varias ocasiones le abucheaban a la entrada de algún acto de inauguración a los que acudía, porque de haber hecho alguna de ambas cosas, y dada su natural inteligencia, se habría percatado que en ninguno de los actos de protesta se lucen banderas de ningún partido político y que los que acuden a ellos lo hacen, exclusivamente, por haber sido gravemente lesionados por alguno de los innumerables recortes adoptados por su gobierno, sin que exista el menor atisbo de animadversión personal y sí una enorme indignación contra el ejecutivo al que pertenece.
Muchas de estas personas votaron al Partido Popular en las últimas elecciones y acuden a las convocatorias sintiéndose literalmente estafadas, ninguneadas, manipuladas y agredidas en sus derechos y sus bolsillos, por la clase de política que ponen en práctica aquellos que les atrajeron hasta las urnas con promesas que nunca se cumplieron y que se han encargado minuciosamente de ir aniquilando su modo de vida, hasta llevarlos a la desesperada situación en que ahora se encuentran, a pesar de que nunca pertenecieron a formación política alguna y de que votaron como votaron, huyendo apresuradamente de lo que empezaba a hacerles, un supuesto partido de izquierdas.
Históricamente, además, nunca hubo tantos “rojos” en este país, ni coparon las izquierdas tantos colectivos profesionales como ahora el gobierno les atribuye. La interminable lista de manifestantes que a diario salen a la calle, lo demuestra; Médicos, enfermeras, profesores, alumnos, discapacitados, inmigrantes, mineros, transportistas, investigadores, comerciantes, agricultores y ganaderos, funcionarios, jubilados, dependientes físicos y psíquicos, mujeres maltratadas, interinos, amas de casa, desahuciados, empleados de la limpieza, abogados, actores, pescadores, militares, policías y bomberos, y un largo etcétera por enumerar y que podría culminar con los seis millones de parados que atiborran las colas del INEM, víctimas de la “Magnífica Reforma Laboral” que deben a este Partido Popular tan magnánimo.
Ministro Wert: si todas estas personas fueran siquiera simpatizantes de la izquierda radical, Lenin se levantaría de su tumba para felicitar a los comunistas españoles por su maravillosa labor de proselitismo y usted, indiscutiblemente, no viviría aquí, porque su ideología capitalista le habría llevado, sin duda, a otros derroteros, en los que poder practicar a sus anchas el catecismo ideológico y clasista que siempre ha movido a las derechas.
Hágase un favor: visite urgentemente a un psiquiatra que le cure de su gravísima manía persecutoria y si le va bien, recomiéndelo a sus compañeros de gobierno, También les hace mucha falta.



miércoles, 10 de octubre de 2012

Una dosis de familia



Habiendo conseguido por fin una difícil conciliación familiar, me tomo unos días de descanso al lado de todos los míos, incluido el pequeño Hugo, con el que me une una relación especial, prácticamente indescriptible.
Vamos a ver si conseguimos desligarnos un poco de los problemas que nos rodean y nos dedicamos a la vida contemplativa en algún rincón cercano al mar, donde no se adivinen siquiera los efectos de la crisis y podamos charlar tranquilamente de nuestras cosas, con la alegría de saber que, al menos, nos seguimos teniendo los unos a los otros.
No vendrá mal ejercer de abuela , madre y esposa, sin que nada perturbe la tranquilidad del encuentro, evitando por todos los medios, tocar temas de actualidad en el transcurso de las conversaciones y dedicarse simplemente a poner algún kilo de más, que ya perderemos, en cuanto nos incorporemos a la triste rutina.
La benevolencia de este otoño, parece querer contribuir a la cita, ofreciéndonos la posibilidad de caminar sin necesidad de paraguas, e incluso de disfrutar aún de la ligereza en el atuendo, que pronto habremos sin duda de reforzar, con alguna prenda de abrigo.
Queremos en fin, no hacer nada y ser especialmente felices, ahora que no es lo habitual, dadas las circunstancias, ofreciendo al más pequeño de la familia una visión del mundo que por su edad merece y que todos estamos dispuestos a brindarle, al menos hasta que le llegue el momento de toparse con alguna dificultad, en cuanto sea conciente de que la vida, no es un camino de rosas.
La buena voluntad de mis lectores, perdonará sin duda este inciso y su más que probada fidelidad asegurará el reencuentro entre nosotros, porque ya somos, aún sin conocernos, como parte de una misma familia.
A ver si este parón me ayuda también a terminar de aclarar las ideas y me permite, ojala, librarme un poco de esta crispación permanente, que no contribuye en nada a transmitir un punto de optimismo a quienes me hacen el favor de seguir, diariamente, esta amalgama de pensamientos contradictorios, que no es otra cosa que un cuaderno de ruta en el que plasmo lo que el mundo brinda a mis ojos y a los de todos los que coinciden conmigo, en la esperanza de poder alcanzar un mañana mejor.