lunes, 12 de marzo de 2012

Si los muertos hablaran

Con el recuerdo de los atentados del 11M aún fresco en la memoria de los españoles, la división entre los familiares de las víctimas ha vuelto a hacerse patente durante los actos organizados en el aniversario de la masacre, demostrando que en muchos casos, son incapaces de olvidar sus diferencias políticas, para honrar, simplemente, a los que perdieron entonces.
Ahora que el Partido Popular vuelve a dudar de las decisiones que tomaron los jueces en relación con este caso, sacando otra vez a la palestra la posibilidad de una autoría de ETA, que ya quedó descartada durante el desarrollo del juicio, los que son afines a su ideología, apoyados por la plana mayor del Ayuntamiento de Madrid, se empecinan en ofrecer actos distintos de los programados por la que fuera abanderada en la lucha por esclarecer la verdad, Pilar Manjón, como si la patata caliente en que se convirtió este asunto para ellos, no hubiera existido jamás, y los sentimientos de los que apostaron por la probada autoría de los islamistas, pudieran ser distintos a los de los conservadores que perdieron a alguien aquella aciaga mañana de Marzo.
Pero si los muertos hablaran, probablemente harían tambalearse, con sus palabras, cualquier intento que se desviara del camino de lo que realmente ocurrió, llamando al orden a todos aquellos, que año tras año, siguen empeñados en disfrazar la verdad, para no tener que admitir que los crímenes fueron una consecuencia directa de la entrada de España en la guerra de Irak, que propició el entonces presidente José María Aznar, en connivencia con sus amigos de la foto de las Azores.
Si lo que verdaderamente importa a los familiares de las víctimas es reivindicar la idea de que esta acción nunca tendría que haber ocurrido, harían bien en permanecer unidos en su dolor a los que nunca temieron enfrentarse a una realidad más que manifiesta y que lucharon hasta la extenuación porque no se dejara de investigar una historia, que sin su participación activa, probablemente, nunca habría sido del todo resuelta.
Los españoles no olvidamos la sobrecogedora intervención de la señora Manjón ante las comisiones del Congreso y su valentía al ser capaz de decir cara a cara a los políticos lo que gran parte de este país pensaba, reprochándoles su pasividad frente a la urgencia que tenían los que estaban viviendo el incomprensible duelo provocado por las muertes injustas de los suyos y exigiendo, con una contundencia admirable, su derecho a conocer detalladamente, las circunstancias en que se habían producido estas pérdidas y la verdad sobre la autoría de las mismas.
Como ya antes había pasado en innumerables ocasiones con las víctimas de ETA, también en esta ocasión, las ideologías políticas intentaron ejercer una manipulación descarada sobre los familiares de las víctimas y pronto empezaron a relacionar las posturas de unos y otros, con las simpatías que demostraban hacia determinadas formaciones, corriendo un cortina de humo sobre lo verdaderamente importante de la causa: que quedara esclarecida totalmente.
Y en ello siguen ocho años después. Y no ha valido que se celebrara un juicio, en el que quedó sobradamente probado cómo, cuándo y quienes organizaron los atentados, ni que muchas de las víctimas directas de la masacre y sus familias, hayan hecho patente su conformidad con lo que, en este caso, dictó la justicia.
Empeñados en demostrar lo indemostrable, otro año más, institucionalizan la conmemoración trayendo a su terreno los actos y mezclando en ellos a personas que nada tuvieron ni tienen que ver con estos acontecimientos y que aprovechan la ocasión para reivindicar un endurecimiento en el proceso de paz con ETA, o para exigir algunos derechos que no son suficientemente colmados, con las medidas que el gobierno anterior estableció para el conflicto de Euskadi.
Pero la verdad es que los que murieron en los trenes, no procedían, ni por asomo, de las poderosas familias a las que suelen pertenecer los conservadores, sino más bien eran parte de los que, como nosotros, no disfrutan de una posición holgada que les permitiera acudir a su lugar de trabajo o de estudio, en otro medio de transporte que no fuera público.
Es por tanto, casi imposible, que los que, en ningún caso, hubieran podido perder a nadie en un tipo de atentado como éstos, entienda de primera mano el dolor que trae consigo esta clase de sucesos, ni pueda estar jamás a la altura que requieren estas circunstancias dolosas, a pesar de lo que se intente aparentar, sólo con fines políticos e interesados.
Pedir que se deje de lado la burda intención de negociar los votos con los muertos, sería el primer deseo de cualquiera que se considere hombre de bien y que apoye, de verdad, a quienes, desgraciadamente, se vieron obligados a convertirse en protagonistas de esta trágica historia.
Los nombres de las casi doscientas víctimas y de los muchos heridos que continúan luchando por deshacerse de tan espantoso recuerdo, están grabados a sangre y fuego en la historia de este país y pertenecen, en su totalidad, a la intimidad de los suyos y, por solidaridad, también a los que los sentimos, en cierto modo, como nuestros.

El mundo nunca fue de los corderos

La tímida participación en las manifestaciones contra la reforma laboral, podría hacer creer a un observador recién llegado a nuestro país, que la mayoría de los ciudadanos aprueba las medidas adoptadas por el gobierno.
Ya se encargan, a diario, los dueños del poder, de adjudicar calificativos a los que, indignados por la situación actual, dan un paso adelante para tratar de remediarlo y se valen de sus propias teorías para invalidar la postura de los que, por convicción, reprueban su manera de gobernar y tienen la valentía de gritarlo, sin que les asuste la más que posible represión que sobre ellos se lanza desde los ministerios.
Pero el mundo nunca fue de los corderos y todas las revoluciones que acabaron beneficiando al hombre en la exigencia de sus derechos, no partieron, precisamente, de la tranquilidad de los hogares y se pelearon, palmo a palmo, por las esquinas de los pueblos y ciudades.
La terrible sumisión que demuestra el ciudadano moderno, no puede reportar otra cosa, que un aumento de autoridad para los que, resguardados de la tormenta que nos sacude, detentan las riendas de un poder, cada vez más injusto con los humildes de la tierra.
Y no es que los que se deciden a unirse a los movimientos de protesta sean conducidos por manos ocultas que manejan su voluntad sin ser conscientes de ello, sino que han comprendido, como no podría ser de otra manera, que sus posibilidades de conservar los derechos adquiridos, podrían agotarse del todo, si no se olvidan del miedo a que son inducidos por las amenazas diarias de los poderosos y se agrupan con los de su misma procedencia, para hacer frente a la injusticia que con ellos se comete y en defensa de un mundo mejor para sus descendientes.
Por mucho que se empeñen los populares, la primera reivindicación de los que ahora estamos al borde de la calle, son los cinco millones de parados que deambulan por el país, sin encontrar apoyo en ninguna de las fuerzas políticas, porque esos desempleados tan utilizados como moneda de cambio por las argucias de los que, aparentemente, nos representan, son en realidad, nuestros padres, hermanos, hijos o vecinos, y sólo a nosotros pertenecen.
Independientemente de quién convoque las manifestaciones y de lo que hayamos reprobado en el pasado a muchos de los que ahora se unen a ellas, nuestra obligación como clase trabajadora está siempre al lado de los que buscan una salida a nuestros problemas y no en los que, a pesar de estar igualmente descontentos con la situación que padecemos, se conforman con ser oradores de barra de bar, sin atreverse nunca a mezclarse en nada que ponga en peligro su integridad física, dejando a los demás la responsabilidad de abrir un camino, que luego recorrerán cómodamente, cuando esté terminado y no sea tan difícil transitar por él.
Las masas silenciosas, que dan por buena cualquier veleidad de la vida, no merecen ser beneficiarias de otra cosa, más que de las migajas que quieran ofrecerles aquellos, a los que siguen el juego con su silencio.
Y es verdad que cuesta trabajo abandonar a los que, por principio, consideras cercanos a ti, porque sus intereses y los tuyos no dejan de ser exactamente los mismos, pero la postura de indecisión que demuestran permitiendo que la vida transcurra sin ser nunca capaces de levantar la voz, contra lo que es perjudicial para todos, los coloca indefinidamente en los cercados en que habitan los rebaños, sin que nadie pueda evitar que, finalmente, sean conducidos al matadero, con su propia aquiescencia.
No se puede ocultar un hondo sentimiento de lástima por ellos, pues nada hay que haga más feliz al hombre, que lo que se consigue por el propio esfuerzo y que no tiene que ver con lo que sobreviene por la supuesta generosidad de otros, porque, al fin y al cabo, esto no es más que una limosna.

jueves, 8 de marzo de 2012

Sin un claro pronóstico

Muy convencido está el Partido Popular de su triunfo en las elecciones andaluzas, sobre todo ahora que las encuestas dicen que rozará la mayoría absoluta, aunque aún no ha empezado una campaña electoral, que promete ser voraz, sobre todo por parte de los dos grupos mayoritarios.
La sombra de los ERE, se cierne tétricamente sobre los socialistas, recordando a los españoles que la corrupción en la política, hace tiempo que dejó de ser sólo patrimonio de la derecha y será difícil obviar este delito en los mítines, sobre todo porque Arenas y compañía, se encargarán de estar recordándolo a todas horas, en cuanto se suban a los púlpitos, en cada una de nuestras ciudades y pueblos.
Nada hay que moleste más al personal, que saber que le roban el dinero, sobre todo cuando este robo esconde una trama bien orquestada de mentiras encadenadas, que tratan de hacer aparecer al contribuyente como un tonto de capirote, a quién nada le importa lo que se haga con su aportación al Estado, aunque los fondos se desvíen para el enriquecimiento personal de unos cuantos avispados con ansias de poder.
Este gravísimo error, va a costar a los socialistas un precio muy alto, aunque si juegan bien sus cartas y, a la desesperada, se encargan de informar con claridad meridiana a los ciudadanos, de adónde pueden acabar llevando las últimas medidas adoptadas por el gobierno, ni su derrota será tan abultada, ni el triunfo de los otros tan cierto.
Parece que va subiendo Izquierda Unida en las previsiones de voto, y no es de extrañar, porque Andalucía nunca ha sido de derechas, y de no ser por las barrabasadas cometidas en tantos años de poder por los cabecillas del PSOE, no existiría ninguna posibilidad para los conservadores, en esta tierra, que hasta ahora siempre ha sido la gran olvidada, cuando han estado en el poder.
Los andaluces tenemos demasiados malos recuerdos de los poderosos, que durante siglos nos esclavizaron en sus inmensos latifundios, explotando el sudor de nuestras frentes en beneficio de sus arcas y condenándonos a la ignorancia, al negarnos el acceso a la cultura, mientras se dedicaban a adjudicarnos una fama de vagos graciosillos, que nunca se correspondió realmente, con la realidad de nuestra triste historia.
Si al final les concedemos nuestros votos, será más por enojo que por esperanza, y hacen mal los que ya dan la victoria por hecha, porque en cualquier momento, de aquí al día de los comicios, cualquier acontecimiento podría hacernos volver a nuestra tendencia natural, dejando con un palmo de narices al repetidor Arenas, que ha echado canas perdiendo elecciones, sin darse nunca por vencido.
Nada hace sin embargo augurar, que el PP vaya a hacer por Andalucía ninguna cosa extraordinaria y si nos cernimos únicamente a los hechos, lo más probable es que si al final llegan al poder en esta tierra, esto acabe por convertirse en una llave que abra un montón de nuevas puertas peligrosas, que acaben de enterrar los pocos derechos que aún nos quedan, no sólo a los andaluces, sino a los españoles en general.
Pero aún el destino es incierto y ahora nos disponemos a contemplar la mejor cara de cada uno de nuestros políticos y también al monstruo que, a la vez, llevan dentro.
Vuelve a empezar el circo de las engañosas promesas y, en los próximos días, nos tocará analizar cada una de ellas con lupa, a ver si descubrimos los engaños, antes que ya no tengan remedio.
La pluma está preparada, lo prometo.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Retorno al abismo

Hay quien dice que los pueblos están condenados a repetir sus errores, aunque habría que añadir que tal cosa sólo podría suceder, cuando nada se aprendió de las equivocaciones anteriores, o las antiguas etapas se cerraron en falso, dejando un poso de sed de venganza flotando en el espíritu de los que no estaban dispuestos a pasar página.
Vivimos unos días, sin embargo, en que la sensación de haber vuelto al pasado parece haberse instalado en la mente de los que vivimos la etapa de la dictadura, empezando a recordarnos, por su similitud, episodios que hace mucho creíamos haber enterrado para siempre.
Ya nos pasó hace sólo unas fechas, con las cargas policiales de Valencia. Por un momento, nos pareció que continuábamos sufriendo la persecución permanente de nuestros veinte años y que estos estudiantes de hoy, éramos aún nosotros, acosados sin tregua por la policía del régimen, por el mero hecho de defender nuestra libertad de expresión, como si nunca hubiéramos, todavía, conocido el dulce sabor de la democracia.
Nos vuelve a pasar cuando se habla de la reforma inmediata de la ley del aborto, intentando de nuevo privar a las mujeres de su capacidad de elección, en algo tan serio como la maternidad, o cuando se intenta comparar la violencia de género con escaramuzas familiares sin importancia, que nunca llegarían a un resultado de muerte, como es habitual, en los casos en que los agresores se ensañan en su maltrato a las víctimas.
Y se repite hoy, cuando aparece en la prensa que en Valladolid se va a multar, desde ahora, por ejercer la mendicidad, trayendo a nuestra memoria la antigua Ley de vagos y maleantes, que tanta gente inocente maltrató, durante los años del franquismo.
Desamparados como estamos, ante el abuso de la clase empresarial, sólo faltaría que, además, nos impusieran la exigencia de un sindicato vertical, para que nos pareciera que los últimos treinta y siete años han sido un sueño y que la oscuridad en que comenzamos nuestras vidas, no nos ha abandonado nunca.
Tal vez, los que se hallan ahora en el poder sienten cierta añoranza de aquel pasado en el que ostentaban todos los privilegios, sin que nadie se atreviera, por miedo, a discutir sus decisiones, teniendo que acatarlas con sumisión, ante una amenaza permanente que, teñida de normalidad, daba la sensación de que nunca pasaba nada, pero la realidad era que las innumerables prohibiciones impuestas entonces, igual que las que nos empiezan a imponer ahora, coartaban cualquier atisbo de libertad y hacían de nosotros simples números, a merced de la mano del opresor que nos robaba nuestros derechos.
Pareció durante algún tiempo, que habíamos sido capaces de olvidar y que aquella parte de nuestra historia había quedado atrás, convirtiéndose en un vago recuerdo de algo que nunca debió pasar y que nos ayudaría a no caer en los mismos errores que entonces nos hicieron tanto daño.
Todos estos casos que mencionamos, hacen tambalearse la reflexión y ponen de nuevo en la picota las mismas injusticias que combatimos y que parecen regresar desde el pasado, como si no hubiera pasado el tiempo.
Claramente, una parte de nosotros, se había negado a cerrar las heridas y había guardado celosamente el deseo de volver a la imposición como forma de gobierno. La placidez de la libertad, vuelve a estar amenazada, de forma velada, por los fantasmas de otro tipo de tiranía.
Y no es de ley que se nos intente disfrazar la verdad de lo que está ocurriendo, apelando a que estas cosas se hacen por mera necesidad, ni que se utilicen nuestros votos como patente de corso, para transgredir barreras que habíamos dado por asentadas para siempre. No es de ley que se nos prive de nuevo de la capacidad de pensar, decir, manifestar o hacer aquellas cosas en las que creemos, en un abuso de poder, impensable en cualquier democracia moderna.
La aceptación de este retorno al abismo, sería como pisotear el esfuerzo de cuantos lucharon por darnos la categoría de personas, dejando muchas veces, en ese esfuerzo, años de vida en las cárceles del antiguo régimen.
Aunque solo sea por su memoria, ni podemos ni debemos permanecer inmóviles ante cualquier cosa que nos aparte del camino de nuestra bien ganada libertad, sobre todo si podemos hacer que las cosas cambien y tomamos como una obligación, hacerlo.

martes, 6 de marzo de 2012

Reacción en cadena

Ahora que el gobierno griego había decidido acatar los durísimos recortes que se le imponían desde Europa, para poder conseguir un segundo rescate, la larga sombra de la quiebra vuelve a proyectarse sobre el país, si no llega a encontrarse quien financie la operación, en un corto plazo de tiempo.
Dirigida por un ex banquero, que no ha pasado por el trámite de las urnas, la madre de la democracia se debate entre estertores de agonía, esperando la caridad de los organismos financieros que palien en cierta medida su desastrosa situación, sin recordar que los bancos no tienen corazón y sacudida por una clamorosa negativa popular a cualquier iniciativa que provenga de fuera de sus propias fronteras.
Pero la quiebra griega provocaría una inmediata reacción en cadena, que traería para Italia y España la necesidad de ser rescatadas, sin que se tenga momentáneamente ninguna seguridad, de que los responsables del dinero, estuvieran dispuestos a hacer frente a estos rescates y con la incertidumbre de qué podría ocurrir, si la negativa afectara también, a los italianos y a nosotros mismos.
Contaba el Partido Popular, antes de llegar al poder, que la solución de la crisis que nos envuelve estaba en sus manos y que en cuanto se hicieran cargo de la gestión de nuestro país, todo sería diferente, pero hasta ahora, ni siquiera con el desastroso gobierno de Zapatero, habíamos estado tan cerca de la bancarrota y la labor de los populares, a más de tres meses desde su toma de posesión, no ha traído sino más desgracias, a este bendito pueblo que, probablemente por ignorancia, puso su destino en tan malas manos.
De nada han servido la subida del IRPF, ni la innombrable reforma laboral que nos han impuesto por decreto, ni los muchos recortes sobre la partida de lo social, que han mermado considerablemente nuestra calidad de vida. Suben las cifras del paro y la avaricia insaciable de los dueños de los capitales, no se ve resarcida con ninguna de estas medidas desoladoras para el grueso de la población y exige una parte mayor de un pastel, que ya empezaron a comerse en la etapa anterior, sin que nadie ponga freno a su voracidad, con una negativa contundente a sus ínfulas de colonialismo.
Y mientras los ciudadanos se van acercando cada vez más a la pobreza, los causantes reales de la crisis van volviendo paulatinamente a su antigua opulencia, a costa del sacrificio de los pueblos y con la aquiescencia de unos políticos absolutamente entregados a un servilismo vergonzoso, que nada tiene que ver con ideologías, ni formas de pensamiento.
El Lehman Brothers, por ejemplo, ya anuncia hoy a bombo y platillo su salida de la quiebra, sin aclarar los métodos utilizados para ello, después de que en 2008 se destapara como uno de los bancos que originaron, con sus maniobras fraudulentas, cuánto ha acontecido después, y sin que nadie, que se sepa, le haya exigido el pago de su parte de responsabilidad en la mayor crisis conocida en la historia, o lo haya, directamente, llevado a los tribunales, para que cuántos hemos contribuido con nuestro esfuerzo a su salida de la quiebra, recuperemos, con intereses, lo que hemos desembolsado desde entonces.
Después de esto ¿qué esperanza nos queda de poder resurgir de la nada para volver a incorporarnos a un mundo, que pone nuestro esfuerzo al servicio de los magnates, comerciando con nuestra integridad, a favor de los mercados y no de los individuos?
La esperanza de un futuro mejor es prácticamente nula, si todo se sigue orientando, únicamente, en la dirección que marcan los que comercian con el poder, obviando cualquier participación de las personas que conforman los pueblos.
No cabe mayor tristeza que ser anulado por el dinero y esclavizado por quienes lo poseen.

lunes, 5 de marzo de 2012

Sin novedad

Retomo la rutina de trabajo con la facilidad que suele traer implícito un estado de ánimo pleno.
Como ya esperaba, no resulta excesivamente complicado volver al ruedo informativo, pues las novedades que han ocurrido en mi ausencia son pocas y ninguno de nuestros problemas ha encontrado una solución milagrosa, que nos haga salir airosos de la multitud de vicisitudes que rodean nuestra vida diaria y que, de alguna manera, son casi una costumbre.
Parece que en Bruselas le han enmendado la plana a Rajoy, ensalzando. Además, la gestión del gobierno de Zapatero, cosa que muy probablemente le habrá provocado, como mínimo, una crisis gástrica de proporciones incalculables, teniendo en cuenta la sarta de improperios que él y toda su camarilla, han estado vertiendo durante la pasada campaña electoral, mientras intentaban convencernos de que no era ése el camino para conseguir dar fin a la prolongada crisis que nos azota.
Por otro lado, queda claro para quién aún lo dudase, que la justicia en España no es, en modo alguno, igual para todos, desde el mismo momento en que se desdeña investigar a la infanta Cristina, por el caso Urdangarín, pretendiendo que la ciudadanía pase a creer que esta señora permanecía en una ignorancia supina, mientras su marido hacía y deshacía una serie de negocios, de cuyo beneficio, por cierto, ingresaba ingentes cantidades de dinero, que reportaban a la familia completa un tren de vida, difícil de explicar estando la honradez de por medio.
Una de dos: o la infanta es de una candidez propia de una niña de cuatro años, o quizá prefería no preguntar el origen de sus fuentes de ingreso, o no convive, en verdad, con su marido, o su nivel de riqueza personal es tal, que las cifras que se barajan en este caso son pecata minuta comparadas con las que se suelen barajar cuando se procede de la realeza, cosa que no sabemos los españolitos de a pie, ya que nunca se nos ha permitido estar al tanto del auténtico patrimonio que posee la familia real, individualmente, o en su conjunto.
Empezamos a temernos que al final, el señor Urdangarín acabará siendo inocente, a criterio de los jueces, de cuánto se le imputa y que todo el alboroto que se ha montado con esta trama de corrupción y evasión de capitales, quedará reducido a la nada, tal como en muchos otros casos cercanos, ha sucedido, sin que llegue a esclarecerse jamás qué destino se ha dado a lo robado y, sin que se exija su inmediata restitución a los autores del delito.
Da la impresión de que el único delincuente del país era el defenestrado juez Garzón, y que una vez desaparecido el peligro que suponía su trabajo en los tribunales, los demás son una especie de hermanas de la caridad y unos ciudadanos ejemplares, sin mancha alguna en sus impecables expedientes.
La ex ministra Salgado, ya ha encontrado trabajo en Endesa, con una facilidad envidiable para los padres de familia que lo intentan durante meses y años, sin conseguirlo,
Claro que ellos nunca estuvieron en ningún gobierno.
Seguimos sin ser escuchados, en las calles, en justa reclamación de nuestros sustraídos derechos, haciendo cuentas para llegar a fin de mes y a la espera de nuevas decisiones que nos hagan la vida aún más difícil.
Pero ésto no representa ninguna novedad, ni le importa a ninguno de nuestros políticos, aunque ya sabíamos de su sordera crónica y por eso no nos extraña.

jueves, 1 de marzo de 2012

Un pequeño respiro

Hago un paréntesis de cuatro días, para visitar a unos amigos en Barcelona, y estoy empeñada en desconectar de cualquier asunto que tenga que ver con las malas noticias que nos depara últimamente, el panorama desolador que contemplamos.
Sobradamente sé que a la vuelta, podré retomar con facilidad el camino, exactamente dónde lo dejé, pues nada indica que vaya a producirse uno de esos milagros, que consiguen dar la vuelta a situaciones casi irreparables, ni tampoco que nuestro nuevo Presidente tenga la menor oportunidad de traerse de Bruselas, la panacea que ponga remedio a nuestros males, por mucho que se empeñe en convencer a los de allí, de que tiene la solución en las manos, a pesar de que aún necesita más tiempo para sacar a la luz los presupuestos generales del Estado, pues también en Europa están, de seguro, informados de que hasta que se celebren las elecciones andaluzas, Rajoy ocultará ese dato, a costa de lo que sea.
Dada mi incredulidad manifiesta en la palabra de los políticos, me marcho con la convicción de que esta desconexión voluntaria del panorama informativo, probablemente me ahorrará algún que otro disgusto, ya que lo habitual en estos tiempos, es despertarse atragantado por algún recorte urdido, con nocturnidad y alevosía, por los que ahora llevan las riendas del poder en el país, sin que su llegada haya traído ningún parabién a la ciudadanía, sino todo lo contrario.
Esta mañana, sin ir más lejos, nos hemos despertado con la noticia de que han sido destituidos los inspectores que gestionaron la investigación de la trama Gurtel, como era de esperar, ahora que Camps se pasea victorioso por su absolución en el caso de los trajes y los españoles nos vemos obligados a acatar la sentencia, sin que se nos permita expresar nuestra opinión a gritos en la calle, como sería de recibo.
Como las mayorías absolutas no necesitan explicar sus decisiones, habrá que echar la culpa a los incautos que concedieron al PP, con su voto, tal privilegio y aguantar estoicamente las embestidas que nos propinen, en plena cara, aunque nuestros más ocultos deseos se rebelen a diario, con tanta injusticia manifiesta.
También se han propuesto cambiar el subsidio de cuatrocientos euros, que reciben los parados de larga duración, por trabajos comunitarios que acabarán por quitar de en medio a cuantos empleados municipales perciban sueldos superiores a esa cantidad, y de este modo, ayudar a sofocar el incendio que corroe las arcas de los ayuntamientos, casi todos en quiebra, por la mala gestión de sus gobernantes y, otra vez, por los innumerables casos de corrupción que han terminado con el dinero público, sin que, hasta ahora, en ningún caso, se haya exigido aún, la devolución íntegra de lo sustraído, a ninguno de los imputados.
En su lugar, pretenden privar a los desempleados de unas prestaciones que han ganado durante sus años de trabajo, como si la maldición de no conseguir volver a la vida laboral, tuviera que ser penalizada, en la misma medida que se hace con los que provocan un accidente por embriaguez, en los Estados Unidos, a los que tanto admiran nuestros gobernantes.
Nada parecen importar las manifestaciones contra la reforma laboral, que sigue adelante, ni las movilizaciones de estudiantes, médicos o docentes, que se desgañitan en las calles, indignados por los recortes que se están haciendo, de manera encubierta, en prestaciones sociales de vital importancia.
El grito de los ciudadanos, una y otra vez, cae en saco roto, mientras se sigue el camino marcado por la impía Europa, que mancilla el honor de nuestra sociedad, retrasándola al menos dos siglos.
Y aún dice Esperanza Aguirre, que el PSOE está movilizando a las masas para convertir a España en otra Grecia.
¿En qué pretenden convertirla sus correligionarios? En algo parecido a China: doce horas de trabajo por cuatrocientos euros y sin abrir la boca.
A veces es bueno desconectar, antes de sufrir un infarto y encontrar que el hospital más cercano, ahora cierra por las tardes, por orden gubernativa.