jueves, 12 de enero de 2012

Las fotos de las Maldivas

Mientras el pueblo italiano ve reemplazada su voluntad soberana, por la imposición de un banquero en la presidencia de su gobierno y los ciudadanos se sacrifican para salir de la crisis, en la misma medida que la gente corriente de cualquier otro país de Europa, sus políticos acaban de pasar unas opíparas navidades en las islas Maldivas, ocupando habitaciones de más de cinco mil euros la noche, en un complejo de villas de lujo, reservadas para dueños de grandes fortunas.
La indignación que provocan unos hechos de esta categoría, no debe reservarse únicamente al territorio del que proceden sus protagonistas. El esfuerzo común que se está exigiendo a los ciudadanos de Europa, a través de las continuas amenazas lanzadas desde las agencias que controlan la economía y los gobiernos esclavos de sus designios, nos da derecho a exigir contraprestaciones de otra índole, a todos nosotros, que desde que comenzaron los años difíciles, estamos aportando parte del sudor de nuestro trabajo, para mejorar el negro panorama al que nos ha llevado la pésima gestión de nuestros políticos.
Si los frutos que habrán de dar los rescates de determinados países y las reformas laborales que nos privan de disfrutar de un salario digno o nos empujan a un despido sin indemnización, son los de sufragar la “dolce vita” de nuestros supuestos representantes, en lugar de reducir los índices de desempleo o terminar con la usura que impone a los estados el dueño del capital, toda esta pantomima protagonizada por los salvadores de las patrias, resulta evidentemente, intragable.
El frenético nivel de vida al que se han ido acostumbrando los que un día decidieron hacer carrera en los asuntos públicos, ha de tener, necesariamente, una mano que les ponga límites, o todos caeremos al abismo, empujados por su ciega avaricia.
Lo imperdonable de este caso, es que no se trata de un hecho aislado de corrupción o de unas imágenes únicas que culpabilicen a unos cuantos descarriados haciendo gala de su indecencia. Estas fotos, podrían estar protagonizadas, sin ningún género de duda, por cualquiera político europeo, e incluso se podría jugar en ellas a intercambiar las caras que muestran, sin que nadie se sorprendiese al descubrir en las paradisíacas islas, a los parlamentarios de su país.
La inmoralidad que supone este despilfarro, mientras los pueblos se van hundiendo en una miseria colectiva, que los coloca al borde de la quiebra más insalvable, debiera ser, ya en sí, constitutiva de un delito de traición y juzgada incluso, con la máxima dureza, en el caso hipotético de que aún existiera una verdadera justicia.
Pero en lugar de eso, se secuestra a las democracias, colocando en lugares de poder a gente estrechamente relacionada con los agentes del más duro capitalismo y se justifica la perversión con el atrevimiento de negar la evidencia, e incluso se permite la teatralidad del victimismo a los líderes, cuando, compungidos, nos explican la urgencia de los recortes que nos aplican.
La pregunta es sencilla: ¿Dónde está el límite de la sociedad y dónde el resorte que hace saltar la chispa que la empuja a combatir la injusticia que la reprime, echándola de bruces en brazos de la esclavitud?
La respuesta, naturalmente, se encuentra en cada uno de nosotros, pero el vaso se encuentra, en este caso, a punto de rebosar y cuando lo haga, ya no habrá nadie que impida un giro más que probable hacia la violencia.

miércoles, 11 de enero de 2012

Vergonzoso

Si a nuestros políticos les quedara un mínimo de pundonor, la noticia de que una madre valenciana se ha visto obligada a recaudar ocho mil euros, para que una investigadora, afectada por los recortes, pudiera continuar su investigación sobre la diabetes, removería todos los resortes institucionales y daría la medida exacta de lo que en el país, es verdaderamente importante y lo que resulta para los ciudadanos, meramente superfluo.
Entretanto, los españoles tenemos que soportar miles de juicios por corrupción, fundamentalmente protagonizados por aquellos que debido a sus cargos, poseen un altísimo poder adquisitivo, en los que casi siempre se acaban dictando sentencias, que diluyen en la nada el saqueo al que las arcas del Estado son sometidas, por esta suerte de prevaricadores sin vergüenza, que pueblan las instituciones, con el único objetivo, de enriquecerse a costa del sudor de los contribuyentes.
Si por ley se exigiera la devolución total de lo sustraído, a todos los que se atreven a esquilmar los recursos públicos, probablemente no habría necesidad de recurrir a recortar partidas destinadas a corregir enfermedades, u otras relacionadas, directamente, con mejoras sociales que alivian las múltiples carencias que nos ahogan en la actualidad.
Pero se ha perdido el sentido del pudor, cuando un Presidente de gobierno, que dice representar a todos los españoles, se sienta delante de unas cámaras de televisión para decirnos, con voz lastimera, que le ha resultado muy amargo tener que recurrir a una subida de impuestos encubierta, para remediar la grave situación económica encontrada, cuando ha llegado al cargo que ocupa.
Mientras, antiguos presidentes de comunidades autónomas regentadas por su propio partido, se sientan en el banquillo de los acusados, para responder, al menos de cara a la galería, de algunas de sus prácticas corruptas, en casos como el Gurtal o el Palma Arena.
Poco queda que añadir ante semejante contradicción, que pone en entredicho la credibilidad futura de cualquiera que se vea inmerso en ella y que no explica, en absoluto, por qué los ciudadanos tenemos que pagar los excesos cometidos, en uso del poder, por estos piratas políticos, que a diario se extralimitan en sus funciones, buscando colmar sus aspiraciones de riqueza y exigiendo esfuerzos a los demás, para alcanzar sus malévolos fines.
Y da igual si se paralizan investigaciones médicas, si se retiran ayudas como la establecida por la ley de dependencia o se cierran casas de acogida para mujeres maltratadas. Lo único verdaderamente importante es que nuestra clase política y la Banca, no pierdan un ápice de las muchas prebendas que las colocan, por encima del bien y del mal.
La escuálida moralidad que aún pudiera quedarnos, es rápidamente borrada de un plumazo por la justicia, que es incapaz de colocar a la delincuencia de alto standing donde debiera estar: entre rejas.
Vergonzoso.

martes, 10 de enero de 2012

Rajoy, el asceta

La reaparición de Mariano Rajoy se ha producido en una entrevista con la televisión estatal, que bien pudiera haber sido grabada hace varios días, en las que contestando a preguntas seguramente pactadas, justifica la dureza de las medidas adoptadas por su gobierno, escudándose en la situación ruinosa que ha heredado, del anterior gobierno.
Esta postura, que ya anticipábamos aún antes de que fuera elegido, contrasta con la opinión del ejecutivo saliente, que inmediatamente ha exigido una comparecencia del presidente en el Congreso, para que explique de dónde salen los tres puntos de aumento en nuestro déficit, por los que considera necesario exprimir los bolsillos de todos los españoles, con la subida del IRPF.
Pero Rajoy parece haber dejado claro que no le agrada el contacto con los medios de comunicación y que prefiere apoyar sus palabras en el rostro visible de su vicepresidenta, a la hora de tener que hacer cualquier tipo de declaración, sobre todo si contradice sus incumplidas promesas electorales o puede manchar la imagen de credibilidad, que ha tratado de dar continuamente, a los electores españoles.
Creerá, como suele suceder a los niños, cuando ocultan su rostro tras sus propias manos, que su ausencia puede esconder cualquier barrabasada cometida desde su posición personal de poder, presumiendo una memez colectiva de sus conciudadanos, que, a su pesar, viven muy de cerca cualquier acontecimiento que les venga de su impresentable clase política y que después, castigan con su voto.
Dice que ha formado un gobierno de expertos en economía, porque ésta es la cuestión que más le preocupa en estos momentos, cosa que no deja de sorprender a una sociedad, machacada hasta la saciedad por el discurso popular que anteponía la creación de puestos de trabajo, a cualquier otro problema, por grave que éste resultase.
Por otro lado, se empecina el señor presidente, en que patronal y sindicatos alcancen un acuerdo, para una próxima reforma laboral, antes del viernes, aunque no parece digno de su atención el hecho de que los empresarios pongan condiciones innegociables, tales como el despido libre, o que los convenios colectivos puedan ser obviados, si las empresas no consideran haber alcanzado la rentabilidad deseada.
Naturalmente, los Sindicatos encuentran serias dificultades para aceptar estas premisas, si no quieren perder la poca confianza que les queda, ante la clase trabajadora del país, pero si no acaban por aceptar lo que de algún modo se les impone, tanto desde el gobierno, como desde la empresa, podría peligrar la partida destinada a la subvención que reciben de parte del Estado y que ya ha sido rebajada en un veinte por ciento.
Al final, podrá más el amor al dinero que la carga ideológica de lo que representan, y terminarán por aceptar cualquier medida perjudicial para todos nosotros, como mandan los cánones del capitalismo, que ahora obedecen sin rechistar, nuestros líderes sindicales.
Pero ésto no merma la enorme curiosidad que siente la mayoría del país, por saber a qué se debe este comportamiento asceta del nuevo presidente y qué hace en su retiro, para paliar la desastrosa situación en que se encuentran los cinco millones de desempleados, a los que prometió emplear, en cuanto llegara a la Moncloa.
Hay quien ha llegado a pensar que permanece retenido por el ala dura del PP, que manipula desde la sombra sus actuaciones, obligándole a volver al redil que abandonó, cuando se declaró abiertamente centrista. A ver cómo responde cuando Europa lo llame, y no tenga más remedio que acudir a esas citas, en las que se decide el futuro y el presente de cualquiera de nosotros.

lunes, 9 de enero de 2012

Para que no caiga en olvido

No sé por qué tengo la impresión de que los casos de violencia de género, que se han convertido en habituales en nuestro país, no interesan a nuestros nuevos gobernantes, en absoluto.
A pesar de haber empezado el año con varias víctimas, de todas las edades, la relevancia dada a este tema por cualquiera de los populares, a quienes se ofrezca la oportunidad de hacer declaraciones, es nula o empieza a ser llevada por otros senderos absolutamente distintos, amagando un cierto desinterés incomprensible, que en muchos casos es respaldado por parte de los representantes de los jueces.
Cambiar la denominación de violencia de género por la de violencia en el entorno familiar, conlleva un olvido consciente de que nuestras mujeres, en todos los casos, son violentamente asesinadas por el hecho de serlo y, por tanto, constituye un ataque directo a todos los avances conseguidos en este campo, apuntando más bien, en una dirección que pronto podría considerar estos casos como meros accidentes, fruto de un mal momento, y no una cadena de malos tratos, que finalmente acaban con resultado de muerte.
Probablemente, entre los muchos recortes sociales que tienen en la cabeza los conservadores, se encuentre la partida destinada a combatir esta plaga que crece diariamente en nuestra sociedad y haya un cierre masivo, por ejemplo, de las casas de acogida destinadas a ser refugio de las mujeres maltratadas, cuando su situación ya no les permite seguir conviviendo con su verdugo y necesitan con urgencia, un sitio donde esconderse, junto a sus hijos.
Verdaderamente, no se ha conseguido erradicar el problema, a pesar de ser muchas las iniciativas puestas en práctica en los últimos tiempos. Pero no hay que olvidar, que en multitud de ocasiones, las interpretaciones de las leyes hechas por jueces demasiado anclados a posturas machistas, han sido un escollo insalvable, que han dejado a las víctimas en total indefensión y abandono.
Puede ser que entre los integrantes de las altas esferas, a las que pertenecen gran parte de los afiliados al PP, estos casos se resuelvan de una manera muy distinta, dado el alto poder adquisitivo de que disfrutan las señoras de la derecha, y sea fácil para ellas abandonar el hogar, para desplazarse inmediatamente a otra de sus propiedades inmobiliarias, poniendo tierra por medio con el agresor y arropadas por la posibilidad de salir adelante, sin preocuparse de la economía. Pero en las capas humildes de la sociedad, estas relaciones delictivas, se convierten además en un callejón sin salida, del que resulta imposible huir, sobre todo si la mujer no tiene fuente alguna de ingresos y arrastra hijos a su cargo.
Es por eso imprescindible, dar la voz de alerta, para que no se consienta en absoluto, el abandono de los programas de ayuda a las maltratadas y para que se continúe la lucha por conseguir un endurecimiento categórico de las penas para los maltratadores, que en muchos casos han seguido cobrando una pensión, después de haber acabado con la vida de sus parejas.
Si la violencia de género empieza a ser comparada con simples trifulcas de entornos familiares relativamente normales, la carrera emprendida para cortar de raíz el machismo que genera una esclavización en el hogar para muchas mujeres, se habrá perdido y quién sabe si podrá llegar a retomarse algún día.
No estaría mal un recordatorio periódico de las listas de víctimas y una especial atención a casos, como los de los niños desaparecidos en Córdoba, que mantenga viva una llama imposible de apagar, por ningún recorte gubernativo. Tal vez así pudiéramos evitar más de una muerte inútil en el futuro.


domingo, 8 de enero de 2012

Vuelta a la realidad

Despertando del letargo producido por las fiestas navideñas, los españoles estamos a punto de reencontrarnos con la cruda realidad, que nos ha estado aguardando pacientemente, mientras vivíamos la ilusión de haber alejado todos nuestros fantasmas, en una supuesta armonía familiar.
No ha podido la crisis competir con la tradición, e igual que otros años, nos hemos permitido toda una suerte de excesos culinarios y gastos asfixiantes en regalos intrascendentes, que en muchos casos, serán descambiados por otros mucho más útiles, ahora que han llegado las rebajas.
Pero ni nuestros kilos de más, ni la paciencia de soportar los atascos de la carretera para volver a nuestros lugares de origen, podrán hacer desaparecer de nuestras vidas el panorama desolador que redescubriremos mañana, cuando la magia del encantamiento colectivo termine, hasta el año que viene.
En espera de que nuestro recién estrenado presidente se digne a revelarnos su actual destino y comparezca ante nosotros para explicarnos por qué sus primeras medidas han contradicho radicalmente sus promesas electorales, unos acudiremos a nuestro lugar de trabajo, con la impresión de haber dado un salto hasta un tiempo pasado y otros retomarán con fuerza renovada el empeño de encontrar una salida para su prolongado desempleo, sin que en el horizonte se apunte, desde los medios políticos, una sola esperanza de que se cumplan sus deseos.
La delicada situación en que se encuentran las monarquías, parece haber afectado también a la de los Magos de Oriente, que no han cumplido ninguna de las peticiones que este pueblo exponía en sus cartas y que nos han dejado, a pesar de haber sido realmente buenos y pacientes, unas cuantas bolsas de carbón, que ni siquiera es comestible, como único regalo, en los salones de nuestras casas.
Habíamos puesto muchas esperanzas en recibir, por ejemplo, alguna alternativa que nos mostrara un camino que hiciera factible un futuro menos incierto que el que nos aguarda en este recién empezado año y una pequeña dosis de confianza para poder creer en la palabra de alguno de nuestros representantes en las instituciones, pero el regalo que hemos recibido la mayoría de los españoles, es una subida del IRPF, que mermará, aún más, nuestras posibilidades de supervivencia, y una serie de recortes sociales, que dificultarán hasta extremos insospechados, nuestro esfuerzo por reconstruir un país, que se tambalea sobre la cuerda floja del fracaso.
Enfrascada en una estúpida discusión sobre una posible vuelta al socialismo, la oposición anda proponiendo diversos candidatos que lideren esta legislatura, sin darse cuenta de que el socialismo, como ideología, sigue existiendo como tal, y que son ellos, con sus traiciones flagrantes, quienes han manchado su imagen de pureza y ahora están pagando por ello.
Pero los ganadores parten de un supuesto equivocado, si piensan que les saldrá gratis embaucar a los ciudadanos con medidas “excepcionales” y maquillajes de doctrinas supuestamente centristas. El hambre agudiza el ingenio y las carencias, cada vez más generalizadas, que atenazan a la sociedad, acabarán por hacer saltar algún resorte que la haga salir de su inercia para dar unos cuantos pasos al frente.
De momento, las elecciones andaluzas aguardan detrás de la esquina a los conservadores, con el hacha implacable en la mano, dispuesta a cercenar todas sus ínfulas de poder absoluto, y el candidato Arenas, no goza precisamente del fervor popular, ni está el patio para repetir voto, cuando el que lo emitió siente que lo timaron, a la primera de cambio.
Una vez incorporados, cada cual a nuestra rutina, será útil ir olvidando el receso navideño, para empezar a pensar en qué podemos contribuir, si es que de verdad nos interesa que nuestro panorama cambie.
Yo empezaré por no creer una palabra al señor Rajoy, si volvemos a verle, y trataré de divulgar la verdad de lo que vea, por medio de estas páginas. Por cierto, empiezo a creer que sólo a través de este medio, tenemos acceso a una prensa realmente libre, ya que los periódicos oficiales, últimamente, empiezan a parecerse entre sí, de una manera sospechosa.

jueves, 5 de enero de 2012

Rendición sindical

El deterioro sufrido por las centrales sindicales en los últimos tiempos, a causa de la inexplicable sumisión demostrada frente a las medidas que han ido lesionando paulatinamente los derechos de los trabajadores, alcanza hoy mismo su punto más extremo, con la aceptación de subidas salariales, por debajo del IPC.
Probablemente amedrentados por la decisión del gobierno Rajoy, de rebajar un veinte por ciento las subvenciones que reciben del estado, se apresuran a preservar el 80% restante, estableciendo una serie de acuerdos con la derecha, que no hacen otra cosa que agravar la relación que tienen con sus afiliados y perjudicar la ya maltrecha imagen que de su gestión, ha formado la mayoría del pueblo español.
Se supone que la labor principal de un sindicato consiste en defender a capa y espada los intereses de sus representados, negociando siempre a favor de los estamentos formados por los asalariados, y contrarrestando las aspiraciones lucrativas de la patronal, a veces incluso, con acciones de fuerza.
En contraposición, nuestras centrales sindicales, han permanecido a merced de las imposiciones de los gobiernos de turno, mientras los logros conseguidos por los humildes durante duros años de lucha, se han ido reduciendo, hasta dejarlos en una indefensión difícilmente entendible para los que pusieron su confianza en que los herederos de líderes como Marcelino Camacho, nunca entrarían a formar parte de las agresivas políticas globalizadotas del capital, renunciando a una ideología que desde siempre, había movido a los hombres hacia la consecución de un mundo más justo.
Tener que oír ahora a los secretarios generales de nuestros principales sindicatos mencionar la sola posibilidad de que podrían aceptar la reducción de jornada par impedir el despido, sin el menor atisbo de lucha, insinuar que podrían entrar a negociar con la patronal el despido libre, tira por tierra todas las teorías relacionadas con la raíz misma de sus funciones y demuestra la absoluta soledad en que nos encontramos los trabajadores, en este clima de corrupción generalizada, que salpica estrepitosamente cualquier organismo que, hasta ahora, podría haber sido considerado como parte nuestra.
Es evidente que si queremos defendernos, habremos de hacerlo lejos de aquellos que no están en absoluto dispuestos a morder la mano que les da de comer y que prefieren aferrarse a los sillones de poder que ocupan, aunque sea a riesgo de perder cualquier atisbo de dignidad o moralidad que `pudiera quedarles, si es que alguna vez supieron el significado de estos conceptos.
Nuestros líderes sindicales, por desgracia, se han convertido en meros títeres de los poderes políticos, e incluso ya no son siquiera, una correa de transmisión de ciertas ideologías, como siempre se había pensado de ellos.
Ahora son entes monstruosos que se vuelven contra los suyos, traicionando los principios que movieron a su creación y que pululan como almas en pena, tras quienes puedan prometerles una estabilidad económica, entorpeciendo todas las iniciativas que intenten mejorar la desastrosa situación laboral a la que nos han llevado, por igual, ellos mismos y nuestros pésimos gobernantes.
No sería una falacia, llamar a la insumisión de los afiliados de las centrales sindicales y animarlos a seguir las directrices marcadas democráticamente por movimientos más frescos, como los ciudadanos, aún no corrompidos por la mano negra del poder económico que arrasa Europa, intentando terminar con todo lo que tenga que ver con mejoras sociales, que acerquen a las mayorías a un sistema más igualitario y feliz.
Baste una sugerencia que quizá serviría para redimir, en parte, el inexplicable comportamiento de nuestros sindicatos: renuncien a cualquier subvención estatal y únanse, de verdad, a los movimientos obreros, a pie de calle, para intentar resolver los problemas derivados de esta maldita crisis inventada, por la avaricia de los más pudientes.
Éste, y no otro, es el sitio que corresponde a quienes quieran representar nuestra posición. Y no la grandeza de los edificios que ocupan sus despachos, ni el trato frecuente con las altas esferas que nos asfixian.



La autoridad moral del PSOE

Algunos miembros del gobierno saliente de Zapatero, se han apresurado a criticar con dureza las nuevas medidas adoptadas en el último consejo de ministros, rasgándose las vestiduras por lo que consideran un atentado contra las clases trabajadoras españolas, que en lugar de ayudarnos a salir de la crisis, a su parecer, no harán otra cosa más que incrementar las tasas de desempleo y colocarnos aún más al borde de la ruina total, con su peligroso acercamiento a las doctrinas conservadoras que invaden Europa.
A pesar de ser ciertas cuántas advertencias se vierten, desde las filas del ahora partido en la oposición, sus airados militantes parecen olvidar con demasiada ligereza, que este pueblo que les ha retirado su confianza en las últimas elecciones, posee, como todos los demás, una memoria que le permite recordar tiempos pasados, sobre todo cuando su situación empezó a cambiar para peor, no hace aún tantos meses.
Habría que recordar a los encolerizados políticos, que ninguna de las medidas anunciadas por los recién estrenados ministros serían posibles, si en su mandato inmediatamente anterior, no hubieran sido ellos quienes abrieron puertas demasiado peligrosas, por las que dejaron entrar actitudes lesivas contra los ciudadanos, como recortar los sueldos a los funcionarios o simplificar el despido, dando a los empresarios una de las mayores alegrías obtenidas, desde que hace ya varios siglos, empezara la lucha obrera, en justa reivindicación de unos derechos, echados por ellos por la borda, a golpe de decreto.
El Partido Socialista carece, desde todos los puntos de vista, de autoridad moral para tener la osadía de colocarse frente al mismo pueblo que sacrificó, en aras del bienestar capitalista, para afear las maneras lógicas de un partido conservador, del que no se espera otra cosa, sino se alinee con sus correligionarios en su forma de gobernar.
Los socialistas nunca se avergonzaron de lesionar gravemente los derechos de los trabajadores, arropados en unas siglas que se suponían defensoras de las clases humildes, con tal de no perder un poder al que se habían apegado con demasiada soltura y del que , de ningún modo, se resignaban a desprenderse.
No tendrán el atrevimiento de suponer que el olvido de todo lo acontecido durante la última legislatura del Gobierno Zapatero, se ha producido como por arte de magia, en cuanto los asientos del banco azul han sido ocupados por nuevas caras, o que todos aquellos que cambiaron su voto a favor de otras formaciones políticas, lo hicieron frívolamente, con la intención de volver a su redil, en cuanto se produjera un error de las derechas, que apretara un poco más el cinturón con el que ellos empezaron a asfixiarnos, apenas unos años atrás.
La enorme cifra sumada por la abstención y el voto en blanco, en las últimas elecciones, ya preludiaba el descontento y la indignación que una parte del pueblo español tenía contra ellos y los episodios con que nos obsequiaron cuando aún ostentaban el cetro del poder, han quedado grabados a fuego en nuestra memoria, de la que probablemente no desaparecerán, en el resto de nuestras vidas.
El intento de volver a captar nuestra atención con críticas que bien pudieron ser remediadas desde el lugar de privilegio en que se encontraban los mismos que ahora las vierten, no deja de ser esperpéntico y no hace otra cosa que ahondar en el sentimiento de cólera que transmite, el mero recuerdo de los que traicionaron nuestra confianza.
Y esto no lo solucionará ni un congreso en el que se elija un nuevo líder, ni un lavado de cara de las tendencias socialdemócratas, sospechosamente cercanas a la derecha más liberal, ni una supuesta vuelta a las auténticas raíces ideológicas de las que procedía este partido, cuando fue creado por Pablo Iglesias, hace más de cien años.
La sensación de haber sido abandonados a nuestra suerte, por una formación en la que confiábamos mayoritariamente y a la que suponíamos defensora de los derechos sociales, tardará en desaparecer, si es que llega a ser perdonada, en un futuro lejano.
En los próximos meses, de seguro habremos de enfrentarnos con enemigos de dudosa catadura, a los que habrá, evidentemente, que criticar con dureza. Pero esto no corresponde al PSOE, sino a los limpios de toda culpa.