miércoles, 4 de enero de 2012

Los ingresos de los sin techo

La iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona, de multar a los sin techo, por ocupación de espacios públicos, podría ser la imagen más amarga de este mundo, rendido a los brazos del capitalismo feroz que le devora, sin tener en cuenta ninguna limitación impuesta por la ética o por el simple respeto a los más humildes del género humano.
Sensiblemente preocupados por su incapacidad para contabilizar a los integrantes de este colectivo, cada vez más numeroso a causa de la crisis, que de alguna manera escapan a las siniestras garras de los recaudadores sin piedad que reclaman su parte de cualquier ingreso que llegue a los bolsillos de los ciudadanos, los representantes municipales de uno de los consistorios más grandes de la nación, han visto ahora la manera de exigir también su parte de las limosnas recogidas por los desheredados de la tierra y han lanzado a su policía particular, a la caza y captura de cualquiera, a quien se vea pernoctar en las aceras, estableciendo una persecución que en algunos casos, arroja la increíble cifra de 40.000 euros.
Capitaneados por unos pocos cabecillas de la pobreza, estos ciudadanos, víctimas de mil malas historias que podrían haber sucedido a cualquiera de nosotros, se han dirigido a la defensora del pueblo, para que como buenamente pueda, aclare a las autoridades que no viven al raso por un afán de huir de la hacienda pública, sino por una necesidad perentoria de sobrevivir del modo que sea, a los duros reveses que este sistema parece proyectar despiadadamente sobre ellos, sin darles otra salida que la de encontrar un rincón donde descansar del abandono a que los somete la vorágine capitalista, que trata de borrarlos de la faz de la tierra.
La tristeza infinita que produce este tipo de noticias en la gente de bien, sería solo superada por la terrible indignación que se siente, al comprobar la catadura moral de los políticos que hemos elegido para que nos gobiernen.
Tratar de arrancar de los bolsillos de los más pobres un puñado de monedas que ayuden a paliar la desastrosa gestión que ha llevado a éste y otros Ayuntamientos al endeudamiento generalizado en que se encuentran, es un atentado directo contra los cimientos en que se funda la convivencia de los hombres y, desde luego, merece una respuesta inmediata de parte de una justicia, en la que ya casi nadie cree.
Bien harían las autoridades barcelonesas en investigar la procedencia de grandes fortunas, como por ejemplo la del líder de Convergencia y Unió, Durán i Lleida, y crear para ellas un generoso impuesto que exija su contribución a las arcas públicas, en la medida que de ellas se enriquecieron, durante sus años de participación en la política.
Pero eso sería atentar contra sus propios correligionarios y representaría una pérdida radical de ingresos, imposible de admitir para quienes se han acostumbrado a un tren de vida impensable para cualquiera de nosotros.
Es más fácil atacar a quienes no pueden defenderse y transgredir las normas morales, en la creencia de que por ser humildes, este tipo de ciudadanos ni siquiera tienen derecho a una defensa que les devuelva un poco de la dignidad que les robamos entre todos, cuando permitimos que terminaran haciendo de la calle, su lugar permanente de residencia.

lunes, 2 de enero de 2012

Año nuevo, lucha nueva

Empezamos el año los españoles siendo todos un poco más pobres, a causa de las primeras medidas tomadas por el Gobierno de Rajo y atemorizados por la negritud de las perspectivas que nos anuncia el nuevo ministro de economía, que se escuda, como era de esperar, en la desastrosa situación en que le ha dejado el país su antecesora, dejando atisbar en el horizonte que los recortes aplicados a los ciudadanos no han hecho más que empezar, mientras se conceden otros cien millones a la “pobre” banca, para que pueda salir de la desolación que produce obtener menos beneficios.
Se le llena la boca a Sainz de Santamaría, con la presunción de estar revalorizando las pensiones, aunque cualquier ciudadano medianamente avispado enseguida comprende, que la subida del uno por ciento aplicada por decreto, en los casos de las personas más desfavorecidas, sólo suponen al mes, cuatro euros más.
Produce aún más indignación el hecho de que se nos suponga una ignorancia supina en estas cuestiones, que la ya esperada desfachatez de la derecha, de desdecirse de sus promesas electorales con tanta ligereza, pone en duda la memoria de la gente a la que machacó con su discurso reiterativo de que no se subirían los impuestos y que tenían una cartera de soluciones que terminarían con la crisis, en cuanto llegaran al poder.
Sin embargo, el empecinamiento del pueblo español por creer que la economía marcharía mejor en manos conservadoras, enseguida ha empezado a obtener contundentes respuestas que desdicen dicha presunción y se acerca más a lo que muchos de nosotros advertimos por activa y por pasiva, dándonos la razón en que la ideología que representa este gobierno, nunca estuvo, ni estará, de parte de los trabajadores.
A uno le gustaría, por ejemplo, echarse a la cara a Félix González Pons, que prometió la rápida creación de tres millones de puestos de trabajo, y exigirle el obligado cumplimiento de sus palabras, con una vehemencia parecida a la empleada por sus correligionarios en ansiar el poder, aunque ahora se ve que hace aguas toda la verborrea empleada a diario durante la campaña electoral y la crisis la seguimos pagando los mismos, mientras sus amigos de los consejos de administración y los estamentos empresariales, andan reclamando aún más prebendas, con las que acabar de arrebatar los pocos derechos que nos quedan, a los que tenemos la suerte de tener empleo.
Las fiestas navideñas han frenado un poco las acciones de los movimientos del 15M, no porque haya disminuido la indignación, como quizá hayan podido creer nuestros gobernantes, sino porque todo el mundo necesita un paréntesis para reorganizarse y volver, con más fuerza si cabe, a la dura lucha que habremos de librar, contra estos enemigos que en nada nos representan.
Así, el comienzo de un año que se augura movido, va desgranando los días festivos que quedan, hasta que todo vuelva a normalizarse y se apaguen las luces de neón, devolviéndonos a la cruda realidad que nos ofrece el panorama político que padecemos.
Entonces será el momento de responder convenientemente a todos los abusos apuntados directamente para hacer diana en nosotros, con la contundencia que exige este guión que escriben, en sus ratos libres, los seres mal pensantes del planeta. También nosotros, a veces, somos capaces de ser malos.


viernes, 30 de diciembre de 2011

El año más incierto

Si los historiadores tuvieran que definir con una sola palabra lo que ha representado el año2011 en el mundo, quizá ninguna lo calificaría mejor que “incierto”.
Veníamos, es verdad, arrastrando una dura crisis, absolutamente diferente a otras muchas que sucedieron anteriormente y precisamente por esa desazón que produce en los hombres el miedo a lo desconocido, este año que se va nos ha dejado un cúmulo de sensaciones diversas, con las que no sabemos muy bien cómo enfrentarnos.
Ha sido un tiempo, además, azotado por catástrofes naturales, como la de Japón, capaces de poner al borde del abismo todas las previsiones de la raza humana, como si los elementos se conjugaran palideciendo cualquier perspectiva de esperanza y dejara sentada la premisa de que vivimos en la más absoluta soledad, en un siglo en el que las comunicaciones hacen posible establecer contacto inmediato con cualquier parte del planeta.
Pero es cierto que a veces la fatalidad viene a demostrarnos lo efímero de nuestra existencia, probando nuestra capacidad de tolerancia con durísimas pruebas que escapan a nuestra inteligencia y que nos obliga a aceptar nuestro destino, recordándonos nuestra ridícula pequeñez, en una especie de broma macabra.
Es entonces cuando surge la inevitable pregunta de si es lícita nuestra angustia por temas que en estas circunstancias resultan banales, como la economía o la política, que tanta indignación nos producen y que, indiscutiblemente, pierden toda su importancia, cuando se trata de luchar por la supervivencia.
Y sin embargo, el mero hecho de sobrevivir no convierte al hombre en un ser pleno, porque no vale de mucho pasar por la vida careciendo de los valores que marcan nuestra diferencia con las bestias, como la libertad de decidir nuestro propio destino, o la satisfacción de trabajar en aquello que elegimos y amamos.
Si yo tuviera que decantarme por un solo hecho que marcara la diferencia en este año que nos deja, a pesar de todo, nunca lo haría por la tragedia japonesa, sino que detendría los ojos esperanzados en los levantamientos de los pueblos árabes, que para nada pensaron en conservar la vida, cuando decidieron lanzarse a la calle reclamando para ellos mismos, un mundo mejor.
Su lucha a la desesperada definiría perfectamente la esencia de lo que significa ser hombre y su amplitud de miras al desdeñar el bienestar personal, en favor del bienestar de las mayorías, podría representar claramente un ejemplo para el resto de la humanidad, perdida en una vorágine de mercados de valores que devora cualquier atisbo de sensibilidad, de piedad y de justicia, estableciendo diferencias cada vez más hondas entre individuos de una misma especie.
Toda esta incertidumbre que nos atemoriza, no es en principio, más que un miedo cerval a perder nuestras posesiones materiales y la devastadora fiebre de riqueza que sacude las sociedades civilizadas, martirizando a los seres que las habitan, es un borrón que pone una nebulosa sobre nuestras cabezas, tratando de aniquilar lo que verdaderamente nos es imprescindible.
El enigmático futuro que nos aguarda sucederá para nosotros, según nuestro propio comportamiento y es por eso, que a la hora de establecer las prioridades que nos moverán a vivirlo, debemos ser extremadamente cuidadosos.
En este año ya hemos aprendido que nadie velará por nosotros. Que los sistemas de gobierno están salpicados de una podredumbre incurable que necesita urgentemente un tratamiento de choque que sacuda los cimientos de una sociedad demasiado acomodada y estéril.
Y la profunda renovación necesaria para el bien común, no será, eso está claro, dirigida por ninguno de estos políticos entregados a los brazos de las finanzas, ni por los dueños del Capital, empecinados en convertirnos en esclavos sin mente.
El que entra, espero, será un año de hallazgos. Y siempre dependerá de dónde decidamos buscar, para que seamos capaces o no de trazar nuevos caminos. Ojala que la elección sea la correcta.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Congelar la pobreza

La varita mágica con la que Rajoy anunciaba, en su campaña electoral, una salida para la crisis, se está empezando a derretir dejando al descubierto quiénes serán los que pagarán los excesos de la especulación de la Banca.
La vileza de congelar el salario mínimo interprofesional, uno de los más bajos de Europa, constituye un ataque directo contra los más desfavorecidos y agrava su ya difícil situación para hacer frente a los gastos que se precisan, para cubrir las necesidades primarias.
Precisamente el mismo día en que conocemos la partida destinada a sufragar los gastos de la familia Real, realmente muy por encima de los que cualquier español medio podría obtener con duras horas de trabajo, se anticipa la intención de esta medida, que atenta contra las clases humildes, favoreciendo de nuevo los intereses de un tipo de empresarios sin escrúpulos, nada interesados en encontrar un camino para salir del atolladero en que estamos metidos y que buscan ahora, en la figura del líder de la derecha, un apoyo total para canalizar su avidez de obtener beneficios, sin ofrecer prestaciones a cambio.
Naturalmente, la congelación del salario mínimo no es más que la antesala de la instauración de los mini empleos de cuatrocientos euros, sugeridos por Europa, y que acabarán por aceptar los desempleados de larga duración, si se les aprietan convenientemente las tuercas, acabando de esta manera con la estabilidad del mercado laboral español y estableciendo un abismo entre clases, desconocido para los ciudadanos de nuestro país, desde hace por lo menos, cincuenta años.
Estamos asistiendo, por capítulos, a un desmoronamiento progresivo de la ilusión creada en las clases medias durante los años de bienestar, que alimentaba la idea ficticia de acercarse a la riqueza y que ha desembocado finalmente, por la sórdida actitud de los que manejan el dinero en el mundo, en una situación de amargura extrema, que escenifica el abandono real en que nos encontramos los que basamos nuestra vida en el esfuerzo de nuestro trabajo.
Se ha convertido en cotidiano el hecho de ver cómo las empresas se deshacen de los trabajadores más antiguos para, sin que ninguna institución se atreva a remediarlo, nutrirse de nuevo personal al que obligan a firmar contratos basura, bajo la obligación de aceptar horarios maratonianos y al que poder despedir sin costo alguno, con la aquiescencia del nuevo gobierno conservador.
Nada esperamos ya los trabajadores de las negociaciones que puedan llevar a cabo nuestros subvencionados Sindicatos, que en lugar de establecer medidas drásticas de lucha que contrarresten las aspiraciones a la asiática de la patronal, no hacen otra cosa que admitir cada vez más recortes, con tal de no perder la situación de privilegio en que se encuentran los que tienen la suerte de ocupar, en sus filas, un puesto de liberado, que les coloca en el bando de los que no han de vérselas con las largas colas del INEM.
Lo peor es que el hambre empieza a anestesiar las ideologías, con su sombra implacable, y que para los que rozan el umbral de la más absoluta pobreza, el caramelo envenenado de un contrato, de la clase que sea, se convierte en un pequeño sostén, que palia en cierto modo su situación de miseria.
Aterrorizada por la perspectiva de fatalidad que extienden nuestros políticos en sus discursos, la población se está dejando llevar como un rebaño, a las puertas de un matadero que terminará por aniquilar sus derechos, colocándola en peor posición, incluso, que la de los obreros de siglos atrás, cuando eran esclavizados en las fábricas de los abuelos de estos magnates de ahora.
Y sin embargo, si no somos capaces de alzar la cabeza en defensa de nuestra dignidad, y aceptamos cualquier condición impuesta que convierta nuestras vidas en un infierno sin retorno, el espíritu de lucha que nos había colocado en una situación de igualdad, al entablar negociaciones con los dueños del capital, habrá muerto.
Ya ni siquiera importa formar parte de una sociedad civilizada, ni poseer ciertas dosis de cultura o educación, o que nos gobierne una supuesta democracia. El fantasma del capital, amenazándonos con sus garras, del modo más sibilino conocido hasta ahora en la historia, nos amordaza consiguiendo vencernos y no hacemos nada por evitarlo.
No se debe esperar más. Es indispensable hacer saber al gobierno Rajoy nuestro descontento con estas medidas que atentan directamente contra la médula espinal del pueblo y hacerlo, de una manera sonora y contundente, sin contar con la pantomima sindical que nos ofrece el panorama desolador de la desesperanza que nos hace llegar lo que vemos.
Debemos convencernos de que nuestra soledad termina en cuanto nos acompañan los demás y apoyarnos los unos en los otros para encontrar la fuerza. Es cuanto nos queda para seguir andando.

martes, 27 de diciembre de 2011

La importancia del voto andaluz



Sin arriesgar una sola medida contundente hasta que no se celebren las elecciones autonómicas en Andalucía, el ex banquero reconvertido en ministro de economía del gobierno Rajoy, inicia su andadura recurriendo al manido tema de la recesión, mientras la clase empresarial machaca reiterativamente a la opinión pública, intentando conseguir cuanto antes que el despido libre se convierta en una realidad, que les permita terminar con los contratos indefinidos, para hacerse con nuevos trabajadores carentes de todo derecho.
Que el nuevo presidente de la nación aún no se haya atrevido a dar el paso exigido por los que manejan el dinero, se debe a que falta a su triunfo electoral el apoyo de una de las autonomías más grandes del territorio, que durante más de veinte años se ha resistido a otorgar su confianza a los conservadores, de manera permanente.
Mientras no se asegure el voto andaluz, el partido popular no puede permitirse dar pasos en falso llevando a cabo medidas impopulares, como volver a rebajar el sueldo a los funcionarios o la entrada en vigor de los mini empleos aconsejados por la madre Europa, porque un traspiés en la carrera electoral que se iniciará en los próximos meses, supondría un grave deterioro para el recién estrenado gobierno, que se vería obligado a lidiar con una oposición imprevista, que torcería todos sus planes de poder absoluto, sobre todo si pinta de rojo todo el sur del país.
De ahí, caminar con pies de plomo en estos primeros momentos. De ahí, la tenacidad en ocultar las verdaderas intenciones de mandato y de ahí, la estrategia de ir minando con un catastrofismo creciente la mentalidad del pueblo, para empujar a los andaluces a seguir el mismo sendero que el resto de sus conciudadanos, cuando se reclame su participación en las urnas.
Enrocado en su postura de ambigüedad, el Partido Popular trata sibilinamente de hacer pasar el tiempo, hasta conseguir el apetecible objetivo del voto andaluz, sin dar muestras de lo que después podría venírsenos encima, si finalmente lo alcanzaran.
Sin embargo, parece un insulto contar de antemano con la indignación de los ciudadanos y jugar con ella para, una vez utilizada convenientemente, ponerse al servicio de los mandatos europeos, en detrimento de los logros sociales conseguidos y en beneficio de quienes siempre manejaron, a su propio favor, los beneficios obtenidos de la explotación descarada de los trabajadores.
Las señales que llegan insistentemente desde otras comunidades autónomas, ya gobernadas por el partido popular, o como en el caso de Cataluña, en manos de otros conservadores, no son alentadoras precisamente.
Los recortes practicados en las partidas concernientes a las prestaciones sociales, y sobre todo los referidos a la Sanidad pública y a la enseñanza estatal, van dejando indicios de lo que podría ser el camino a seguir por Rajoy, una vez instalado en el poder, sin oposición alguna que pueda controlarlo.
La importancia del voto andaluz, es pues, inestimable y en las manos de los habitantes de esta autonomía podría encontrase el futuro de todo el país y por añadidura, de los que lo habitamos.
Resulta imprescindible realizar un análisis diario de la actualidad, leer cuidadosamente entre líneas lo que se nos ofrece y mantenerse alerta, hasta decidir cuidadosamente y libres de miedos, a quienes conviene otorgar la confianza, porque una vez hecho el recuento de las urnas, ya no habría marcha atrás y ya no quedaríá motivo alguno que frenase la avaricia de los empresarios, ávidos de volver a instaurar entre nosotros jornadas interminables de trabajo, a cambio de los salarios de hambre que acabaremos aceptando, para que no nos pongan en la calle sin indemnización alguna.



lunes, 26 de diciembre de 2011

El discurso del Rey

El malestar de la población, por las andanzas de Urdangarín, ha aumentado la expectación general por el discurso que todos los años- por Navidad- nos ofrecen todas las cadenas de televisión, y en el que Rey suele dar su opinión a cerca de los problemas del país.
Se hubiera considerado un gran error dejar pasar la ocasión sin referirse, veladamente, a la actuación de su yerno, al que ha prohibido expresamente presentarse a la cena de nochebuena en Zarzuela, en un intento a la desesperada por no añadir leña al fuego vivo de la polémica que la prensa ha levantado, sobre la trama de corrupción que se cierne sobre las empresas que dirigía.
Como no podía ser de otra manera, el discurso del rey ha proclamado la igualdad para todos en la justicia y ha incidido en que la ejemplaridad es un factor imprescindible, en todos los miembros de la familia real, aunque sin hacer alusión explícita al ex jugador de balonmano, ni a su hija, que parece haberle acompañado en su andadura, sin haberse pronunciado en ningún momento sobre la ilegalidad de sus actuaciones, que dada su condición de esposa, debía conocer al dedillo.
La verdad en este asunto, es que los españoles tampoco están seguros de que entre dentro de la legalidad aprovechar los obsoletos derechos de sucesión que sostienen a la institución monárquica viva, en los tiempos que corren. Mantener económicamente el tren de vida de la extensa cohorte familiar que acompaña al Borbón, habiendo cinco millones de desempleados en el país, no parece precisamente conforme a derecho y si además viene a sumarse al dispendio desmesurado que la clase política precisa para sus asuntos personales, se convierte en insostenible.
Esto lo debe tener muy en cuenta quién quiera que sea el que elabora las intervenciones del monarca ante la nación y por ello, se le apremia a torear la indignación generalizada de la población, dando una de cal y otra de arena ante las cámaras, pero sin renunciar a la posición de privilegio que detenta, para la que ya tiene designada sucesión para dos generaciones, en las personas de su hijo y su nieta.
El pueblo espera con impaciencia que la fiscalía acabe imputando al yerno real, en el grado en que su implicación exija, y sobre todo, que no ocurra como en otros muchísimos casos de corrupción, que terminan en agua de borrajas y se diluyen en la nada con el paso del tiempo.
Pero con la llegada al poder del PP, acostumbrado a manejar las frecuentes corruptelas de los suyos con mano de artista, difícilmente la justicia dejará caer su pesada mano contra nadie que tenga que ver directamente con la institución monárquica que ellos defienden a capa y espada, por estar más cercana a su ideología que a la de cualquier partido de izquierdas.
Es más, en su discurso de investidura, Rajoy se refirió varias veces al país como “El reino de España”, negando cualquier posibilidad de que nuestro territorio pudiera convertirse alguna vez en república, como mandaría la época histórica que vivimos, ya que hace tiempo que abandonamos la Edad Media, aunque algunos no gusten de reconocerlo.
Pero admitir que la soberanía ha de residir únicamente en el pueblo, está lejos de ser una verdad compartida por los conservadores, que en otro tiempo habrían pertenecido al estamento de la nobleza, y que siguen desde luego conservando una memoria elitista, que por nada del mundo se arriesgarían a perder.
Y aunque al señor Urdangarín no se le conoce ideología política, la sabiduría popular hace tiempo que lo situó en las filas de la derecha, dado su innegable aprovechamiento del “braguetazo” dado, tras su boda con la hija del Rey.
Da igual que su confinamiento americano no permita ahondar en el alcance de su implicación. Su culpabilidad se nos atoja innegable y habría que exigir la devolución inmediata de lo sustraído, además de la retirada para siempre de la jugosa subvención percibida del erario público. Que busque trabajo en las colas del INEM, como cualquier de nuestros parados.



viernes, 23 de diciembre de 2011

Los amigos de Mariano

Las circunstancias personales que han llevado a Rajoy al poder han sido tan truculentas, en el seno de su propio partido, que probablemente no le han dejado otra salida que fraguar una sutil venganza contra el núcleo duro que ha tratado continuamente de desbancarle.
La lista ministerial que nos ofrece es más un club de amigos de cuyas lealtades no se puede dudar, que un gabinete de choque contra la dura crisis que azota al país y cuya resolución ha prometido por activa y por pasiva, el recién estrenado presidente.
Se ha librado de un plumazo de gente como Mayor Oreja y Esperanza Aguirre, que constituían para él un permanente azote despiadado, pero puede que falto de otros nombres, ha colocado en puestos decisivos a personajes de dudosa valía y extraña procedencia.
El ministro de economía viene directamente, por ejemplo, de uno de los bancos causantes de la crisis actual y su único aval es el estrepitoso fracaso obtenido por la entidad a la que pertenecía, así que difícilmente encontrará un camino a seguir para librarnos del atolladero en que nos hallamos envueltos y hasta es probable, que sus gestiones tengan cierta similitud con las llevadas a cabo por las entidades que otorgaron hipotecas basura en Estados Unidos y que han puesto al mundo, al borde de la bancarrota.
La incansable Soraya se encuentra ahora con una dosis excesiva de poder, como pago a sus años de fidelidad para con su líder y el titular de educación está recién salido de cualquiera de los debates televisivos en los que se ha dedicado a participar, por cierto, con posiciones más bien cercanas a esa derecha recalcitrante que mira con superioridad a la gente de izquierdas, de la que parece mofarse de forma continua.
La herencia aznarista, personificada en Ana Pastor y Miguel Arias Cañete, persigue a Rajoy como una sombra de la que es imposible zafarse y a la señora Mato aún la acompañan los ecos del estupendo descapotable que la trama Gurtel regaló a su ex marido, a cambio de los favores otorgados y de la que ella trató inútilmente de desligarse.
Al fin alcanza Ruíz Gallardón un buen sitio en el que poder demostrar sus dotes de diplomacia y caballerosidad, lejos del acecho de los populares de Madrid y de las garras siniestras del líder de la radio de la derecha y aunque su marcha deja el Ayuntamiento en manos de la esposa del ex presidente, se nota que respira aliviado por el peso que acaba de quitarse de encima.
Queda, eso si, la capital en manos de dos mujeres cuya ideología se halla más cerca de cierta entidad religiosa que de ninguna corriente política, en detrimento de aquellos madrileños a los que les pareció que el PP se encontraba en una postura ciertamente centrista, pero a veces, poder mirar los acontecimientos sin velos que oculten su intencionalidad, es bueno para descubrir dónde está cada cuál y poder decidir, en un futuro, si se quiere repetir o no la intención de voto.
Borracho aún, por el dulce sabor del triunfo, Rajoy está como pez en el agua rodeado de un grupo de amigos personales que harán lo que puedan porque su proyecto, mejor o peor, nada tenga que temer de los más cercanos, dándole al menos un respiro para que empiece a ser él mismo.
Las crónicas que se escriban de aquí en adelante dependerán pues, únicamente de sus acciones y las de su equipo. Ya no estarán ni Zapatero, ni los verdugos de su casa, para echarles la culpa de nada.