miércoles, 9 de marzo de 2011

Intra muros

Sabido es, que los conventos siempre guardaron tesoros ocultos que, bajo las rígidas reglas de la clausura, permanecen ignorados para el resto de los mortales, cuya única comunicación con los habitantes de estas instituciones, suele ser una hermana tornera, de quien oye la voz, detrás de una celosía, que oculta escrupulosamente su rostro.
Hasta ahora teníamos entendido que estos tesoros tenían siempre que ver con el patrimonio cultural, ya que se trataba de alguna obra pictórica donada en la antigüedad por algún noble a la congregación, o, a lo sumo, colecciones de imágenes del niño Jesús, de diversas épocas, vestidos por las primorosas manos de las novicias y expuestos en alguna conmemoración de importancia para su orden, si la ocasión lo requería.
Algo se habían modernizado últimamente, dedicando su tiempo a cocinar manjares exquisitos, que se podían adquirir casi siempre en los días previos a la Navidad, a través de los obispados de las provincia, o in situ, previo pago de su importe, aunque sin otra oportunidad que la de situarse en una especie de zaguán y a través del ya mencionado torno giratorio, por el que se recoge la mercancía.
Lo que no sabíamos, desde luego, es que el negocio de los dulces reportara tan altos beneficios.
Ayer, nos sorprendía la noticia de que uno de estos conventos había presentado denuncia por el robo de un millón y medio de euros, perpetrado en su interior, seguramente por algún descreído sin conciencia, y que las pobres hermanitas almacenaban guardados en bolsas de plástico, en el interior de una alacena, quizá emulando las andanzas de Julián Muñoz cuando aún era el alcalde de Marbella.
Supongo que los pasteleros del país, se han quedado de piedra al conocer los hechos, porque hasta el momento, no se conoce a ninguno que con el esfuerzo diario de su trabajo, haya sido capaz de acumular tamaña cantidad de dinero, ni que haya sacado de su labor diaria otra cosa, mas que una lidia permanente con unos horarios imposibles y un salario digno con el que alimentar a sus familias, sin grandes dispendios.
Y eso que ninguno de ellos tiene la obligación de cumplir el voto de pobreza, implícito en las reglas de estas congregaciones, ni tiene que repartir con los pobres el montante de sus ganancias, aunque sí la obligación de arreglar cuentas con Hacienda y, seguramente, la precaución de guardar en algún banco, las pocas ganancias que les quedan, tras pagar a los proveedores e intermediarios de que se nutren.
Tal vez, en el caso de las monjitas, al tener línea directa con lo divino, se haya producido un nuevo milagro parecido al de la multiplicación de los panes y los peces, sólo que ahora el producto de la multiplicación han sido billetes de quinientos euros, en recompensa a sus desvelos y dedicación a la vida contemplativa que practican.
Lo que no acaba de cuadrar en esta noticia, es el destino previsto para la cantidad sustraída, porque es mucho para gastarlo en harina, azúcar, miel y huevos, dado que todos ellos son productos perecederos que resultaría inútil almacenar con vistas a un futuro, y poco para establecer una multinacional del ramo, aunque las previsiones de mercado fueran absolutamente favorables a la salida de los productos elaborados por estas mujeres, totalmente apartadas de los vaivenes económicos que sacuden el mundo.
Quizá, esa desconexión en que se encuentran, les impide saber cuánta necesidad hay en la tierra y las carencias que sufren los humildes que ni siquiera cuentan con un sitio en el que cobijarse. De otro modo, no se comprende este almacenamiento desmesurado de riqueza en un lugar de austeridad y recogimiento, ligado por doctrina a socorrer a los desfavorecidos, allá donde se encuentren. O puede, que la historia que nos llevan vendiendo, junto a los dulces, durante toda nuestra vida, no sea más que una gran mentira y dentro de cada ancianita vestida con hábito, habite un corredor de bolsa que ambiciona multiplicar dividendos con los que asegurar una cómoda vida al pequeño estado que regenta el máximo representante de su católica Iglesia.
Así que no sé si desear que el dinero sea recuperado, porque puede que ayude mucho más a las necesidades ajenas donde quiera que esté en este momento, que oculto en un armario con olor a manzanas, tan añejas como sus dueñas.
Eso si, no pienso comprar un dulce más a estas señoras, aunque tenga que estar toda la Navidad comiendo galletas industriales, que al menos aseguran puestos de trabajo a los padres de familia que ahora se encuentran al borde de la calle.

martes, 8 de marzo de 2011

Una reiteración necesaria

Con el cariz que están tomando los asuntos de Libia, hay, necesariamente, que hacer referencia a ellos a diario, aún a riesgo de hastiar a los lectores con acontecimientos que, de haber sucedido de otro modo, podrían perfectamente pasar por una de las muchas guerras civiles que se producen en nuestro mundo, sin que se les conceda, en los medios, la menor importancia informativa.
Pero los precedentes sentados por Túnez y Egipto, que han supuesto las primeras revueltas de países árabes en la reivindicación de sus derechos fundamentales, confieren al tema perspectivas históricas inauditas, que sin duda, merecen una página aparte, hasta el punto de poder cambiar el curso de la humanidad.
No es nada nuevo, la represión que los tiranos son capaces de ejercer contra sus pueblos, Nosotros mismos, hemos tenido cuarenta largos años para comprobarlo y de ahí, tal vez, nuestra empatía con el pueblo libio, al que comprendemos en profundidad, aunque, afortunadamente, todo lo que ellos ahora sufren, se haya convertido aquí, únicamente en un mal recuerdo de otra época.
Claro que hay en nuestro propio territorio problemas graves de los que preocuparse, pero comparados con la magnitud de los sucesos que protagonizan Gadafi y sus secuaces, son agua de borrajas, aunque, en nuestro lógico egoísmo individualista, consideremos lo que nos atañe personalmente, como lo más importante de nuestras vidas.
Hoy nos hemos enterado que ETA tenía previsto el asesinato de Patxi López, utilizando un franco tirador que lo abatiera en uno de los actos públicos a los que asiste. No sabemos si pensaban hacerlo antes o después de que quede resuelta la solicitud de legalización de Sortu, pero cuando se trata de muertes, poco importan en realidad, minucias administrativas como estas.
En el fondo, aquí y en Libia, igual que en el resto del mundo, el respeto a la integridad física de los individuos es prioritario y como tal debe entenderse, antes de adoptar decisiones que acaben en resultado de muerte. No importa si los caídos tienen nombre conocido, o son seres anónimos sin derecho a una tumba dónde reposar, tirados en las calles sin asfaltar de cualquier nación menos favorecida que la nuestra. No importa su filiación política o religiosa, ni tampoco su edad o su sexo, ni su aceptación del riesgo cuando asumen un cargo o, simplemente, alzan su voz contra la injusticia social que les rodea.
Unos y otros forman parte de una humanidad que, desgraciadamente, incluso ha dejado de conmoverse ante los horrores que les son servidos en bandeja de plata, por las pantallas de las televisiones, con una normalidad que hiela la sangre, sólo de pensarla.
Nos hemos acostumbrado a vivir contemplando en directo la muerte. Su imagen se cuela en nuestras casas a la hora de la comida, mientras hablamos, sin inmutarnos, de cómo nos ha ido el día o de los proyectos de fin de semana, sin detenernos a pensar que lo que ocurre ante nuestros ojos, si el azar fuera otro, podría estar pasando en la esquina de nuestra calle y ser nosotros quienes se desplomaran inertes ante las balas de cualquier enemigo.
Es esta irreverencia la que obliga a la conciencia de quien escribe, a incidir una y otra vez sobre la obligación de asumir que también estas historias son las nuestras y hacer una llamada de atención, para que no olvidemos nuestra suerte y deseemos, para los que no la comparten, que también para ellos salga el sol que tenemos la dicha de contemplar desde la ventana, en lugar de los ríos de sangre que encharcan su entorno, sin que su pobreza sea capaz de mover a compasión el pétreo corazón del resto de sus hermanos de especie.

lunes, 7 de marzo de 2011

La hora de la venganza




Sentar a Baltasar Garzón en el banquillo de los acusados, ha constituido, sin duda, uno de los objetivos a conseguir, para la derecha española. Así que se podría decir, sin temor a equivocarse, que, probablemente, su felicidad se habrá sido colmada esta mañana, cuando hayan visto avanzar al juez hacia su inevitable cita con la justicia y que, seguramente, hasta utilizarán su línea directa con los santos, para rogar que el caso siga adelante y que la sentencia acabe siendo implacable, para con quién levantó la liebre del caso Gurtel, que tantos quebraderos de cabeza está trayendo a una parte bastante señalada de sus “ilustres” militantes.
Alega la parte acusadora, que se vulnera la intimidad con las cintas que el juez mandó grabar y en las que, parece ser, que se hablaba sin recato, del montante económico que constituye el meollo de este episodio de corrupción y que, naturalmente, señala abiertamente con el dedo a los participantes en el asunto, si es que, finalmente, son admitidas como prueba, en alguno de estos tribunales, tan escrupulosos en la aplicación de las leyes, cuando los supuestos delitos son cometidos por personas doctrinalmente afines a la ideología soterrada en que militan quienes los dirigen y cuya manga suele ensancharse, si los acusados pertenecen a grupos diametralmente opuestos a sus creencias, siempre hablando de casos similares en contenido.
No seré yo quien se declare a favor de la vulneración de las leyes, pero, ciertamente, las investigaciones habrán de valerse de ciertos mecanismos con los que poder esclarecer los hechos que permitan una obtención de pruebas necesarias, para poder instruir una causa, y aclarar quienes se hayan implicados en ella, sin que una continua obstrucción, impida que se avance hacia la verdad, salpique a quien salpique, para acabar ofreciendo una impunidad, sobre todo en delitos de corrupción, de la que ya hemos visto beneficiarse a demasiados individuos, fundamentalmente relacionados con la clase política.
No es de extrañar que las arcas del país se hallen en la deplorable situación que atraviesan en nuestros días, si se toma como lícito, que cualquiera que ocupe un cargo, se considere con derecho a saquearlas, en propio beneficio, o acepte ser sobornado de manera escandalosa por terceros, en pago de concesiones arbitrarias a favor de determinadas empresas, en un aprovechamiento ruin de la posición que ocupan y a sabiendas de que, si son denunciados, su caso corresponderá a jueces correligionarios, que ni siquiera admitirán a trámite, lo que, teóricamente, debiera ser considerado como delito flagrante, en cualquier estado de derecho.
Es pues, para el ciudadano, lícito, que si en algún momento el juez Garzón albergó la sospecha de que con las escuchas conseguiría averiguar el paradero de los dineros de la trama Gurtel y los nombres de los implicados en este farragoso asunto, decretara sin demora su ejecución para evitar que, como estamos viendo, todo acabara diluyéndose en el paso del tiempo y que, inclusive, uno de sus mas relevantes imputados, tuviera la oportunidad de encabezar las listas de su partido en las próximas elecciones municipales, amparado por la aquiescencia de los que, en un acto de clarísima venganza contra el que fue encargado de la causa, le sientan hoy en el banquillo con acusaciones inauditas de haber prevaricado, sólo por cumplir con su deber.
En otro tiempo, un alto cargo del partido popular, el señor Zaplana, ya ilustró con una frase lapidaria su paso por la política admitiendo que había entrado en ella, textualmente, para enriquecerse. Probablemente, esta confesión abierta de sus intenciones, llevó la luz a muchos de sus militantes que, demostrando la gran admiración que por él sentían, siguieron después su ejemplo, sin que hasta ahora nadie haya puesto coto a sus desmanes, ni se sepa que hayan restituido lo que nos robaron, ayudando sobremanera a que la situación del país haya llegado a extremos impensables, hace sólo unos pocos años.
Pero hay que tener cuidado con los precedentes que sientan ciertas sentencias. Y si Garzón es finalmente, condenado por lo de las escuchas, de poco servirán en ocasiones futuras similares, la utilización de los mismos mecanismos, aunque los corruptos militen en formaciones opuestas al PP y los jueces instructores pertenezcan a la llamada ideología progresista o, incluso, proclamen una, casi imposible, independencia, en el ejercicio de sus funciones.
Si las escuchas ahora no son admitidas, no podrán serlo jamás. Y si Garzón es inmolado y apartado para siempre de su cargo, no quepa la menor duda que se habrá abierto una brecha difícil de cerrar en la judicatura y una espiral que podría volverse en contra de los que ahora se proclaman líderes de la aplicación de las leyes.
En esta vida, casi siempre, el tiempo generoso, acaba por poner a cada uno en su sitio.

domingo, 6 de marzo de 2011

Este desconocido y yo





Hay veces, en que no paro de maldecir este pequeño invento y añoro mi vieja máquina Olivetti de color rojo, que durante tantos años me acompañó en esta aventura de escribir, que fue una vocación temprana de las que duran toda la vida.
Reconozco la utilidad de este medio y las infinitas oportunidades que ofrece. Es innegable que ha acercado los espacios y que ha abierto un universo de conocimiento, antes inasequible, a millones de personas, asentadas en lugares muy diversos, pero convendrán conmigo, en que también puede convertirse en algo bastante engorroso, si, como en mi caso, los conocimientos que sobre el se tienen, se limitan al hecho de abrir algunas ventanas y pulsar algún que otro botón, para poder llegar a una función determinada, de las muchas que ofrece, a otros súper entendidos en la materia, capaces de deslizarse por los múltiples recodos que se ocultan bajo un teclado de apariencia simple, que, en ocasiones, parece rebelarse y hacer exactamente, lo que le da la real gana.
Ayer, por ejemplo, debí tocar en algún sitio que no podría precisar, y, de pronto, vi reducido el tamaño de mi pantalla a una mínima y ridícula expresión, en la que ni siquiera era capaz de distinguir las letras que escribía, y que me costó toda la tarde arreglar, dado el desconocimiento supino que sobre la informática tengo y que aún no sé bien cómo resolví, para poder sacar adelante este artículo, que hoy llega a vosotros, como si nada hubiera pasado.
En estas situaciones, bastante habituales, dada mi torpeza en la materia, mi lenguaje usual, bastante comedido, suele transformarse en una jerga infernal de improperios fuera de lógica y de elevación tonal perceptible desde la lejanía, logrando de mi una especie de lado oscuro capaz de asustar a quien se encuentra a mi lado y que demuestra de forma impepinable, la poca empatía que me une a este compañero de viaje, que se ha convertido en imprescindible, en el mundo que me ha tocado vivir.
Demuestro entonces, una suerte de odio ancestral hacia cualquier posibilidad de entendimiento y hasta creo que soy correspondida por este pequeño tirano, que, probablemente abrumado por mi urgencia, se niega a obedecer mis órdenes y da la impresión de tener vida propia para instalar y desinstalar en sus tripas, funciones de nombre irrepetible, que, no sólo no solucionan aquello que intento, sino que agravan aún mas mis cuitas, degenerando en un desencuentro total entre nosotros.
Con mi vieja máquina de escribir, una cinta nueva y un bote de tipex, resolvían cualquier error cometido y podía continuar escribiendo, pero desde que decidí jubilarla y dar el paso a la modernidad que reclamaban los que me rodean, como imprescindible para cualquier escritor que se precie, estos enfrentamientos narrados, se han convertido en parte de mi vida y me reportan con bastante frecuencia, cabreos antológicos de los que sólo consigo salir, cuando, sin entender cómo, las cosas vuelven a la normalidad y puedo seguir avanzando.
No pregunten dónde he tocado para que este artículo haya podido, al fin, escribirse, porque no lo sé.
Empiezo a creer que cuando las cosas se ponen demasiado feas, este desconocido siente lástima de mi ignorancia y acaba por decidir devolverme a la normalidad que deseo, acabando con esta odisea de navegación cibernética, que termina cuando regreso a la dulce Itaca de mi simplicidad, no sin antes, exhalar un hondo suspiro de alivio.

jueves, 3 de marzo de 2011

Sin que llegue el final

La dependencia petrolífera que padece nuestro mundo, obliga, al fin, a ciertos organismos internacionales a tomar decisiones con respecto al conflicto de Libia, cuando ya resultan irrecuperables las vidas perdidas en ese territorio y mientras continúan los enfrentamientos encarnizados y el éxodo masivo de los que huyen de la violencia, haciendo insostenible la situación para países que, como Túnez, acaban de vivir, con mejor suerte, otra revuelta popular de la que apenas están empezando a recuperarse.
Se ofrece Chávez, como mediador del problema y Gadafi lo acepta, sólo unos días después de que circulara el rumor de que Venezuela estaba dispuesta a ofrecerle asilo, si por fin decidía abandonar el poder, por lo que los opositores, dudan, lógicamente, de que su mediación favorezca sus intereses, dada su declarada amistad con el tirano que los gobierna desde hace mas de cuarenta años.
El derecho internacional quiere juzgar por genocidio a este siniestro personaje, que utilizando en su favor la hambruna que sacude ciertos países africanos, se dedica a contratar mercenarios capaces de cargar contra su propio pueblo, mientras interviene periódicamente en espacios televisivos, amenazando proféticamente con interminables guerras civiles, a quienes se atrevan a desafiar su mandato e intentando colocar el cartel de instigador de la revuelta a un terrorismo islámico que poco tiene que ver con la miseria que sacude a, sus, hasta ahora, sacrificados súbditos, y privando de la libre circulación a cualquiera que intente ofrecer una imagen objetiva del conflicto a un mundo asombrado por lo que es capaz de hacer un solo hombre para no renunciar al privilegio del poder.
Parece que la OTAN se prepara para una posible intervención militar en la zona, suponemos que con el beneplácito de Naciones Unidas, y que se ha comenzado a negociar con los rebeldes las cuestiones de combustible, que son, en el fondo, lo que interesa verdaderamente solucionar, para que podamos continuar con nuestras cómodas vidas burguesas, sin ser incordiados por actos tan desagradables como los que suceden ante nuestros ojos y que tan lejos quedan de Occidente, de no ser por la relación financiera que con ellos mantenemos.
No es creíble que nada se pueda hacer para terminar con este horror que martiriza diariamente a miles de seres humanos. Son tan potentes los medios que poseen los países del primer mundo, que cuesta creer que un lunático pueda permanecer en su fortaleza de oro, impune a las medidas de presión de los que tienen la sartén por el mango y enrocado en su loca obstinación de seguir masacrando inocentes, sin posible solución.
Qué curioso, que la larga mano de la justicia partidista de los que gobiernan el mundo, haya sido capaz, tantas veces, de poner fin a la vida de auténticos hombres de buena voluntad, utilizando subterfugios múltiples de dudosa procedencia, y ahora, dejen pasar el tiempo, sin atender la llamada universal que les pide que acaben con esta espiral de violencia, que se ceba con los inocentes, en número incontable.
Algo huele a podrido en estas relaciones que se mantienen con el tirano libio. Tal vez no interesa un cambio de poder en esta tierra, por si cambian las condiciones políticas y económicas de la zona. de un modo que perjudique a los gigantes que gobiernan las grandes empresas y comience un ascenso, más que merecido, de una nueva élite que desequilibre el orden establecido por el sistema capitalista.
Ya veremos. Por cierto, Israel mantiene un sospechoso silencio. Es extraño que estando tan cerca, no tenga mucho que decir.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Promesas de aire

Nos ha traído Febrero, un nuevo aumento del paro de casi setenta mil personas, demostrando que, al menos de momento, la tan traída y llevada reforma laboral, que ha destrozado toda la lógica prevista para un gobierno socialista, no sólo nos niega los apetecidos frutos que auguraban sus promotores, sino que incide en nuestras ya maltrechas perspectivas, dejando en la calle a muchas mas personas de las que, probablemente, hubieran permitido las antiguas leyes por las que nos regíamos, antes de que se desatara esta locura reformista.
Mientras, en Libia, se libran duros combates entre los partidarios y mercenarios contratados por Gadafi y los rebeldes revolucionarios, a los que les está costando demasiada sangre, la conquista y rendición de Trípoli.
Sin dejar de lado la preocupación por la gente de los países árabes, ni la inquietud que produce la obstinación imperdonable de los tiranos por conservar el poder, a costa siempre del sacrificio de otros, el mal momento que estamos atravesando aquí, no puede ser tampoco motivo de olvido, aunque nuestros políticos se empeñen en disfrazar todo lo que sucede alrededor con los colores de una paleta preparada para que estos casos, no acaben por desequilibrar la balanza que les favorece, agitando los ánimos de las masas como para empezar a seguir el ejemplo de ir tomando las calles, para recuperar nuestros sustraídos derechos.
Las promesas de nuestro presidente, cada vez se dilatan mas en el tiempo y los puestos de trabajo que iban a empezar a crearse en el segundo semestre del 2010, posponen ahora su llegada hasta el verano del año en curso, evidenciando que las palabras con que tratan de transmitirnos cierta esperanza, son sólo aire, que se difumina confundido con la nube de contaminación atmosférica que cubre nuestros cielos, sin dejarnos ver siquiera, un mísero rayo de luz que nos caliente.
Aprovechando la coyuntura, el líder de la oposición no hace otra cosa que proclamar a los cuatro vientos todos los errores, más que sabidos, del gobierno, compadecerse de los males que nos afligen, en una inusitada posición de cercanía con las doctrinas de una izquierda que siempre desdeñó, y sumar puntos a su favor en las encuestas, sin ver el momento de llegar al poder, pero sin que de su boca salga una sola propuesta que ilustre cuál es su plan, para que los cinco millones de desempleados, puedan recuperar su sitio en un mundo laboral que acabará hecho trizas, si no salimos, de algún modo, del sistema capitalista que nos ahoga.
Huelga decir, que las opiniones de otros grupos políticos, seguramente, existirán, pero nos son, permanentemente escamoteadas, por unos medios de comunicación, claramente partidistas, en uno u otro sentido, de manera que nunca llegan a los oídos de los ciudadanos, que han terminado por considerar cómo uno de sus problemas más importantes, la amoralidad de la clase política, con lo que eso conlleva de desesperación, en la rutina diaria que estamos obligados a soportar.
Será difícil que pueda producirse una regeneración inmediata de la imagen que tenemos de nuestros representantes, y mucho más difícil aún, que pueda producirse un milagro que reduzca la profunda depresión en que se mueven nuestros desocupados, consiguiendo mermar su número, hasta unas cifras que entren dentro de la normalidad.
No sirve darse prisa en buscar mercados en el extranjero para nuestros productos, ni estrechar manos en Europa con la meta de no ser reprendidos por quienes ya empezaron a salir del abismo. No tenemos tiempo, ni ganas, de volver a esperar por si se cumplen las etéreas promesas de nuestros impresentables oradores de pacotilla. Nos han mentido tanto y con tanta asiduidad, que se ha cubierto el cupo de oportunidades para mostrar la verdadera cara del problema.
Soplan vientos de cambio en esta vieja tierra nuestra. A ver si comos capaces de saber cómo encauzarlos y hacia adonde dirigirlos.

martes, 1 de marzo de 2011

Anclados a los rigores del infierno

Sé que a mis amigos Marta y Jóse, les encantará saber que Rouco Varela ha sido reelegido, de nuevo, como representante de la Iglesia Católica española, ya que los que tienen derecho a voto y veto, en esto de las labores celestiales del país, se empeñan, pertinazmente, en poner sus asuntos en las manos sin callos, de este curioso personaje, garante de los valores más retrógrados de la institución que representa y perejil de todas las salsas que se precien de cierto lustre, como demuestran sus enfervorizadas intervenciones en eventos reales y otras epopeyas análogas.
El cargo le viene como un guante para poder pasear por los foros de alcurnia sus modelitos de alta costura eclesiástica, arremeter con su voz aterciopelada contra los descreídos defensores del estado laico y convocar multitudinarias manifestaciones de familias numerosas, a ser posible encabezadas por miembros física o psíquicamente disminuidos de las mismas, donde reclamar junto a la derecha recalcitrante, en contra de las leyes del aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo, o a favor de las clases de religión impuestas en los colegios públicos, pagados con los impuestos de todos los españoles, sean o no, congéneres de la ideología religiosa que representa.
No pierde ocasión de hacer patria, en el sentido más conservador de la palabra, a favor de una doctrina que huele desde lejos a obsoleta, ni de cerrar parroquias implicadas en la regeneración de drogadictos, protección a la emigración o todo aquello que tenga que ver con la auténtica caridad cristiana, que dice defender, con argumentos vanos, como el de que los sacerdotes repartan la comunión vestidos con vaqueros, o que su vocabulario y aspecto físico se acerque más al de cualquier trabajador de barrio, que al de la pasarela mediática en que el mismo se mueve, con el consiguiente dispendio económico necesario, para tener un fondo de armario, como el que le permitió cambiarse ocho veces de atuendo, en la boda de los príncipes.
Será que los pobres no están a la altura de su eminencia, y que la jerga de los desheredados, no cuadra con la fina expresión y galanura con que se desenvuelve, en las altas esferas a las que pertenece. O será que es más proclive a recibir que a dar, porque, entre las muchas lindezas que han salido de su exquisito lenguaje, jamás se le oyó mencionar las necesidades de los pobres como prioritarias, ni se le vio acercarse a las chabolas que habitan, ofreciéndose remediar su espantosa situación de miseria física y espiritual, como seguidor declarado de la doctrina de Cristo.
Tampoco ahora, en su celebrada reelección, ha hecho mención siquiera, a la situación desesperada que viven los pueblos árabes, ni ha criticado los métodos de los tiranos, ni puesto el poder de su cargo, a disposición de una mediación pacífica que resuelva, a mayor brevedad, el sufrimiento de los débiles.
Repite también, acicalado como un galán de cine en la alfombra roja de Hollywood, su segundo de a bordo, en una comunión perfecta con el pensamiento de su jefe, e igualmente, al margen de todo aquello que no tenga que ver, directamente, con la pérdida de alguno de los poderes, que durante años detentaron, bajo los palios de la dictadura.
Así que, queridos Marta y Jóse, nada nuevo esperamos bajo el sol de la curia cardenalicia reincidente, que aún nos amenaza con los rigores del infierno, desde los púlpitos de las lujosas iglesias que regentan, sin darnos oportunidad para defender nuestro derecho al laicismo, aunque sólo sea como tabla de salvación, frente a su carpetovetónica visión del mundo y de las gentes que lo habitan.
No deben haberse enterado de la desaparición del limbo, porque permanecen en él, flotando en la supina ignorancia de la realidad, aunque convencidos de ser los únicos libres de cualquier pecado que pueda siquiera rozar su condición de superhombres.