lunes, 9 de agosto de 2010

La casa de los locos



De toda la vida, la Federación Socialista Madrileña y quienes la integran han protagonizado sonoras broncas al acercarse las elecciones.
Han sido siempre una especie de corte del líder del partido asumiendo, por propia iniciativa, una importancia capital que los eleva por encima del resto de los compañeros de filas, sobre todo si militan en provincias.
Esta postura pretenciosa de creerse superiores al resto de los mortales viene provocando una hecatombe que se repite periódicamente en cuanto se empieza a hablar de la confección de las listas electorales y constituye un bochornoso espectáculo que casi siempre acaba con la celebración de unas primarias que no siempre ganan los mejores.
Una vez más, la guerra acaba de empezar a micrófono abierto y de momento, tres candidatos se atribuyen un hipotético resultado en las urnas prescindiendo de cualquier disciplina de partido y un poco al olor del poder que otorga el gobierno local de la Capital de España.
Desde Moncloa apoyan a Trinidad Jiménez, que ya lo intentó antes sin éxito conocido y que anda enfrascada en el difícil ministerio de sanidad contando con cierta popularidad más por su carácter que por sus obras y que se atreve a enfrentarse a Tomás Gómez que ostenta el título de alcalde más votado de España en su pueblo de Parla, pero que no satisface las expectativas de la dirección del partido aunque sí las de sus camaradas de la federación.
Y mientras esta casa de locos sin gobierno de nadie zozobra en un mar revuelto de intrigas palaciegas, la señora Aguirre y el señor Gallardón deben estar frotándose las manos emocionados por repetir resultados en los próximos comicios.
Los barcos sin timón suelen navegar a un naufragio seguro y la Federación Socialista Madrileña, en su deseo soberbio de autogobierno, no será la excepción que confirme la regla.
Volverán a perder en Madrid, pues no demuestran seguridad en sus proyectos mientras se enzarzan en zancadillas traicioneras entre compañeros. Sin hablar de programas, su imagen es la de una pandilla de indocumentados empeñados en conseguir la gloria de un puesto vitalicio que les asegure su propio bienestar.
Perderán, porque ni siquiera el cinturón industrial de Madrid está conforme con las leyes de reforma laboral aprobadas por el gobierno y los años gloriosos del voto rojo fuertemente atado a las corrientes sindicales han dado paso al desencanto generalizado de unos trabajadores desposeídos de sus derechos.
Perderán porque los populares se han sentado plácidamente a esperar el resultado de los despropósitos acaecidos durante el último año y los madrileños están satisfechos con el acabado de las obras de Gallardón y no es el de Madrid un pueblo que se arriesgue a cambios imprevistos.
Así que en el fondo, esta lucha encarnizada que protagonizan los posibles candidatos, no es más que una dura batalla en una guerra perdida de antemano y una carnicería por saber cuál será la imagen vergonzante de quien tendrá que dar la cara el día después. No basta con la fama que reportan los flashes de los fotógrafos, también hay que transmitir seguridad y manejar un proyecto que convenza de que uno está en la política no para servirse a sí mismo, sino para servir a los demás.







domingo, 8 de agosto de 2010

La voz de la conciencia

Inequívocamente, los de mi generación nacimos con un exagerado sentido del deber adosado a la espalda. Los que nos antecedieron habían chocado con el muro de una guerra civil que rompió la monotonía de su existencia cambiando a quemarropa su concepción de lo importante y dada su crueldad, sumiéndolos, a su término, en una especie de conformismo impuesto que acabó con cualquier esperanza de felicidad.
Tal vez por eso nuestra infancia, en general, fue gris y pobre de sensaciones que augurasen la posibilidad de un futuro mejor. Las carencias físicas e intelectuales que sobrevolaron sobre nosotros durante tanto tiempo obligaron a nuestros ojos a la contemplación de una oscuridad en nuestros progenitores de la que nunca hemos sido capaces de deshacernos y la privación forzosa de cualquier resquicio de libertad o conocimiento, más allá de la doctrina de los vencedores, sembró en nuestro interior un deseo fehaciente de poder algún día, ofrecer a nuestros hijos un entorno abierto en el que poder cumplir cualquiera de sus sueños.
Sin duda, nuestro momento histórico nos ha condicionado hasta tal punto, que el protagonismo individual al que teníamos derecho, en la mayoría de los casos, se ha visto eclipsado por una suerte de sacrificio incruento que nos ha conducido a una absoluta abnegación en el puntual cumplimiento de nuestras responsabilidades con nuestros padres y nuestros hijos.
Creo que no podíamos en conciencia, negar a los primeros la oportunidad de endulzar los últimos años de su vida guiándoles hasta un camino de luz que se les negó sistemáticamente durante los años de la dictadura y tampoco consentir que aquellos a quienes habíamos engendrado intuyeran siquiera un mínimo riesgo de que unas circunstancias tan adversas pudieran llegar a repetirse.
Hemos, sin afán de presunción, dedicado la vida a los unos y los otros obviando conscientemente la importancia de la nuestra y en cierto modo, añorando lo que hubiera sido de nosotros de ser capaces de hacer a un lado nuestro sentido del deber.
Nunca en este país ha existido una generación como la nuestra y dado el individualismo que se percibe en el entorno actual, resulta lógico poner en tela de juicio que sea viable que el fenómeno vuelva a repetirse.
Afortunadamente, las circunstancias que acontecieron en el momento de nuestro nacimiento quedan sólo vigentes en las páginas de los libros de historia e incluso se da la circunstancia de que al hacer alusión a éllas, a nosotros mismos nos parece que ha pasado una eternidad y que no interesan a nadie. En la mayor parte de los casos, hemos perdido a los que nos antecedieron y nuestros jóvenes hijos han contado con la inestimable suerte de heredar una nación infinitamente más libre y exenta de carencias.
Aunque este cumplimiento riguroso del deber nos ha arrastrado a situaciones individuales no siempre gratas, hay que reconocer que casi siempre puede más el orgullo que la necesidad de gloria y mirar hacia el futuro con la paz que reporta ser rigurosos con la obligación genera un estado emocional altamente satisfactorio.
No sé si alguien, alguna vez, reconocerá públicamente nuestra contribución al estado de bienestar, pero es indiscutible que el trato humano con el que hemos afrontado la vida ha dado frutos innegables a la sociedad reportando una buena vejez a los que nos concibieron y un campo abierto de posibilidades infinitas a los hijos que decidimos tener.
No es fácil vivir para los demás y mucho menos, reconocer que los demás han dado su vida por uno, pero quisiera dejar constancia aquí de la impresionante labor que hemos llevado a cabo los que nacimos con el papel de cuidadores asignado como una parte más de una realidad sin demasiadas perspectivas.
Lo asumimos y protagonizamos hasta con alegría, como si se tratara de algo inherente a nuestra condición, aunque hayamos dejado tantas cosas atrás en el camino…





jueves, 5 de agosto de 2010

Millionaires Club




Un grupo de potentados americanos encabezados por Bill Gates acaban de sorprendernos en medio de la crisis anunciando que destinarán la mitad de sus escandalosas fortunas a causas filantrópicas.
Para nosotros, pobres mortales de sueldecito mensual sería imposible calcular a cuánto podría ascender la suma que estamos manejando, pero probablemente sería suficiente para paliar la hambruna que padece una gran parte de la humanidad.
No aclara muy bien la nota de prensa en qué momento se producirá semejante acontecimiento ni si los miembros de tan curioso Club han pensado en una donación al unísono o si se tratará de acciones individuales a lo largo del tiempo decidiendo cada uno cuándo, cómo y dónde colocará su dinero y a qué irá destinado.
El pobre, por naturaleza, desconfía de estos actos altruistas sobre todo si provienen de quienes manejan el capital al más alto nivel, acostumbrados como estamos, al sufrimiento de sus negociaciones a la baja y de los masivos despidos que se producen en sus empresas.
Tampoco se sabe quién se encargará de administrar o distribuir los fondos ni a qué fines irán destinados pero seguramente, a una gran parte de los banqueros del mundo les encantaría encargarse de tan magnánima obra y de paso, negociar un poco antes de ubicar el efectivo allá donde se necesite verdaderamente.
Es de esperar que a partir de ahora, las listas de menesterosos aflorarán a la superficie de forma masiva y que cualquier proyecto de poca monta reclamará protagonismo para llegar a conseguir su parte en el reparto por lo que habrá que vigilar severamente quienes los promueven y las intenciones que traen a la pugna, porque el hombre es proclive a la avaricia y no le duelen prendas al utilizar las desgracias de sus semejantes si las miras son el enriquecimiento propio.
Incluso puede que el proyecto tenga mucho que ver con una forma de evadir impuestos y que los millonarios del Club, un poco contrariados por tener que contribuir a las arcas del Estado, hayan encontrado un atajo por el que aumentar su felicidad haciendo burla a las leyes del erario público mientras lavan su imagen globalizadota con un poco de misericordia.
Se me perdonará esta razonable desconfianza, que no tiene otro origen más que el de la experiencia acumulada durante los años vividos y la observación silenciosa del comportamiento de los poderosos en el tiempo en que hemos coincidido en este loco mundo.
Esta caridad filantrópica suele tener una segunda parte, una letra minúscula que escapa al ojo del que de buena fe, espera solucionar un problema con una ayuda que le parece mágica. Pero las prestaciones suelen pedir una correspondencia a quienes las reciben y en este caso, la ideología de los miembros de este Club no brilla precisamente por su afinidad con los que preconizan un reparto equitativo de la riqueza.
Así que aguardaremos con reservas a que la iniciativa se ponga en marcha deseando habernos equivocado en nuestras sospechas y rogando que el traspaso de bienes se realice sin trampa ni cartón.
A lo mejor se le ha aparecido a Bill Gates el espectro de Carlos Marx y lo ha poseído transformándolo en proletario concienciado con el grueso de su doctrina.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Sin noticia aparente

Paralizado-como está- el país genera una falta de noticias que hace que salten a primera plana banalidades que en otra época ni se plantearía referir ningún periódico.
Pero los señores parlamentarios han tenido un año duro y necesitaban con urgencia un periodo vacacional en el que atribularse con la horrible visión profética del otoño venidero y poder afrontar con energía de principiante la guerra abierta que la población declarará contra ellos en cuanto unos y otros recuperemos la cordura que aporta centrarse cada cual en su sitio.
Nos visita la señora Obama originando un despliegue de seguridad que para sí quisiera el mismísimo presidente, pero trae un séquito de cien personas y la ocupación hotelera de lujo agradecerá sin duda el dispendio de la primera dama del mundo para paliar los efectos de una crisis que también ha rascado en los bolsillos generosos de los ricos.
Siguen las detenciones de miembros de ETA sin que este verano todavía nos hayamos llevado el sobresalto de cargas explosivas colocadas en las playas mientras la prensa informa que el cargo de Otegui peligró en la organización como cabeza de los que encabezaban la vía del diálogo para terminar con la violencia.
La prole borbónica ha desembarcado en Mallorca o mejor dicho, embarcado otra vez en el juego de barquitos regateros con que todos los años hace las delicias de los reporteros del corazón y maldita la gracia que tiene que ni siquiera en un periodo difícil como este sean capaces de renunciar a tan costosos entretenimientos.
El señor Mas se duele sorprendido de las acusaciones de corrupción que rondan a su partido mientras el asunto del Liceo muestra las bambalinas económicas evidenciando que bajo los recios cortinajes de la institución cultural se agolpaba la basura sin que nadie se percatara de ello.
Por fin se atreven los controladores aéreos a pronunciar la palabra huelga, sin bajas médicas de por medio, declarando abiertamente la guerra al ministro Blanco no se sabe muy bien con qué pretensiones aunque resultaría por lo menos chocante que sus reivindicaciones fueran económicas con la que está cayendo.
Desciende el paro con la inestimable ayuda de la hostelería estival, suspenden otra vez todos los políticos en las encuestas y la madre Europa nos da un respiro evidentemente lúdico en sus análisis exhaustivos de nuestras posibilidades monetarias, probablemente cargando pilas para la vuelta al calendario laboral y observando en la oscuridad las evoluciones del gobierno en la materia que nos ocupa.
El presidente dice que renuncia a sus vacaciones. Hace bien si no quiere que el desastre alcance dimensiones de total desastre. O a lo peor, anda elucubrando qué nuevos recortes aplicar a los bolsillos de los contribuyentes en cuanto sus señorías vuelvan a ocupar sus escaños y para que la anunciada huelga general lo englobe todo sin tener un nuevo enfrentamiento con los sindicatos en un Septiembre que se promete épico.
Nadie trabaja en el país, bueno, nadie menos los colaboradores de los programas de corazón que copan todas las posibilidades laborales y hasta hacen horas extra en su fantástico mundo de camas calientes y modelitos de bañador de cincuentonas vergonzantes que no admiten que el tiempo también pasa para ellas.





martes, 3 de agosto de 2010

El vuelo del estío

La llamativa soledad de las ciudades vacías con su fantasmagórica imagen de desolación durante los meses de verano, constituye un enigma para el ánimo de difícil resolución para quienes las habitamos.
Pasear por las calles a horas tempranas te convierte en una especie de protagonista de esas producciones catastrofistas americanas en las que siempre un solo hombre sobrevive a uno de esos desastre nucleares que, curiosamente, terminan con todo atisbo de vida sobre la faz del planeta pero respeta la de un individuo que habrá de ingeniárselas para sortear todos los peligros y salir airoso de tan desagradable trance.
Es sin embargo, bastante placentero disfrutar del silencio en que quedaron tus rincones favoritos sin los molestos decibelios que provocan los automóviles en hora punta y las tediosas conversaciones de los transeúntes mientras se dirigen a comenzar una jornada de trabajo entre las prisas estremecedoras de los que no tuvieron anticipación a la hora de levantarse.
Nosotros mismos, aguardamos con ansiedad el momento de ponernos en camino con ese afán viajero que nos convierte en nómadas hacia prados desconocidos y nos hace formar parte de un éxodo generalizado que huye en busca de una dosis de tranquilidad en nuevas latitudes.
¿Por qué será que en estos días nos acompaña la extraña sensación de que en el mundo no sucede nada y nuestra atención se relaja mientras nos dejamos arrastrar por la ensoñación de que somos un poco más felices?
Todo entra en un estado de letargo que vuelve nuestras mentes apáticas a la curiosidad por lo que sucede en nuestro entorno y proclive a sucumbir a la suculenta tentación de la adorable pereza. Pasamos la jornada levitando en un sopor que nos transporta a cualquier zona de sombra de la casa donde dejar caer la osamenta para esforzarnos en tener la mente en blanco mientras esperamos que nos asalte la nocturnidad para sumarnos al ambiente alevoso de las reuniones de amigos.
Los balcones cerrados, los comercios blindados por las metálicas persianas oculta-escaparates, la parálisis institucional, las suplencias, el desbarajuste de las obras municipales, el viento abrasador que hace titilar el asfalto en una suerte de espejismo urbanita,..no son más que síntomas de un mismo mal periódico que nos asalta irremediablemente todos los años: el verano.
La epidemia es terriblemente contagiosa y es de temer que la propagación de sus efectos nos contamine arrastrándonos irremediablemente a querer también nosotros ser descubridores de otros mundos e incluso narradores de las maravillas que en ellos pudiéramos admirar. E incluso, por inercia, haremos las maletas y elegiremos un poco por azar, otro horizonte donde clavar nuestros ojos en lo desconocido y nuestra conciencia observadora en lo que allí acaezca ,sin otro ánimo, que el de transmitirlo, in situ, a los que os interesáis –también- por los pasos que damos cuando nos transformamos en tránsfugas dejando volar la imaginación y los pies sin apenas rozar el suelo.


lunes, 2 de agosto de 2010

El poder que nos lleva




Una mano misteriosa mueve los hilos del mundo atrayendo hacia sí a quienes lo habitamos en una demostración de poder que sobrepasa los límites de nuestro humilde conocimiento.
Nunca antes había sido tan clara la influencia del dinero sobre las sociedades ni el hombre había conocido jamás una era en la que todos los rincones del universo hubieran sucumbido a la estrategia de unos cuantos afortunados que han ido rodeando a las civilizaciones hasta asfixiarlas con su nefasta influencia de globalización absoluta.
Hace unos años, nos parecía imposible que la Unión Soviética se doblegara a las exigencias del capital, pero pasó y la Rusia de ahora se debate entre la pobreza extrema de la mayoría de su población y la exagerada riqueza de los que subieron al carro de las alianzas con los potentados llegando a crear sus propios imperios sin la deferencia de mirar alrededor.
Hoy Cuba se abre a la posibilidad de la empresa privada y el último reducto del antiguo comunismo comienza también una rendición sin condiciones que probablemente seguirá el ejemplo de sus antecesores soviéticos sometiéndose a la infernal doctrina del dios moneda.
La escasez dará paso a los abismos de clases sociales, a los nuevos ricos, a los pobres de siempre y al comienzo de un camino sin retorno que algunos acabarán arrepintiéndose de haber tomado.
Nuestras vidas son arrastradas por el torrente imparable de la banalidad del consumo creando un nuevo mundo donde no hay sitio para la razón y la ideología.
No sé por qué permitimos que nos instrumentalice esta alucinación adormecedora de conciencias ni entiendo cómo nos negamos a admitir la evidencia de haber caído en una alienación que nos lleva irremediablemente hacia un estado agónico del que parece imposible escapar.
Se han encargado de hacernos creer en una vida placentera que sin embargo tiende a desmoronarse en cuanto un tímido movimiento sacude su mala cimentación provocando un cataclismo que conduce directamente a la nada.
Puede que nuestra esencia humana se haya ido debilitando hasta quedarse sin consciencia para poder discernir lo que verdaderamente conviene a nuestra especie y hasta puede que hayamos llegado al final de esa esencia para aceptar dócilmente un destino que nos aparta de nuestros principios sin darnos la oportunidad de elegir otro.
Y a veces, hasta parece que las cosas que juzgábamos importantes han perdido toda la viveza de su inocente improvisación para caer en las garras de los programadores del mundo que ni siquiera dan una oportunidad al devenir de los pueblos si no es bajo su cetro de mando y sus inflexibles leyes de poder absoluto.
Hace muchísima falta volver al pensamiento, aprender de los errores, huir de los oasis virtuales que se pintan ante nuestros ojos, apartar las cenizas de cuanto se destruyó en este tiempo, cerrar los oídos a los cantos de sirena de los poderosos y mirar hacia adentro para redescubrir que somos hombres, nacemos libres y poseemos la facultad de negarnos a todo aquello que nos reporta autodestrucción o sufrimiento.


domingo, 1 de agosto de 2010

Levante films, presenta



En la gran superproducción que prepara el Partido Popular para cuando se convoquen nuevas elecciones, no se sabe muy bien quien se encarga del casting ni cuantos aspirantes a papeles protagonistas se van a presentar todavía.
Todo parece aparentemente organizado en este Holliwood a la española que ya anuncia a bombo y platillo el éxito de taquilla que sin duda supondrá el estreno en los cines del territorio nacional de la película más cara de todos los tiempos y aunque parece decidido que la estrella por excelencia de la historia será un paciente Mariano Rajoy, no hay certeza de que en el último momento no le salgan oponentes de peso que puedan hacer peligrar el papel que ha esperado durante toda su vida.
Hay viejos actores que no se resignan al silencio estelar que por edad les corresponde y secundarios que darían lo que fuera por subir al nivel de primera figura si se da la oportunidad y el caos institucional lo permite aunque ello supusiera que caigan del reparto los que previsiblemente debían encabezarlo.
En el este, un cómico en ascenso llamado Camps ya se ha adjudicado el rol de Cesar laureado en esta fábula de época sin haber pasado por las oportunas pruebas de cámara ni consultado a quienes financian el evento. Se dice que incluso ha encargado finísimas túnicas a los responsables de vestuario sin escatimar en el precio y que a la señora Cospedal, protagonista femenina del film, no le ha gustado un pelo que los modelos sean incluso mucho más glamurosos que los que ella misma lucirá en la pantalla.
Pero parece que la guerra entre las productoras Génova y Levante no ha hecho mas que empezar y que las exigencias de los divos de una y otra parte añaden cierta intriga a los ya interesantes entresijos que acaecen entre unas bambalinas en las que ya nadie mira al frente por miedo a una puñalada en la espalda.
Los de Levante films cifran sus exigencias en los miles de espectadores que traen a la sala y los de Génova aunque sorprendidos, acceden a regañadientes a sus peticiones porque el cabeza de reparto es aún una incógnita en cuanto al resultado real de la película, sobre todo cuando se trata de un remake de otra anterior en la que un actor con bigote obtuvo cierto éxito.
Secreto sumarísimo es el argumento y el posterior desarrollo de la trama que trata de desbancar-todo el mundo lo sabe- al último estreno de cierta estrella con talante que luego ha resultado ser un bluf y que pronto abandonará la alfombra roja entre los abucheos del público asistente.
Habrá que ir buscando una buena entrada para poder criticar de primera mano la actuación de quienes finalmente se hagan con el reparto y aguardar las opiniones de los espectadores para otorgar premio o castigo a los se han batido en duelos tan sangrientos para hacerse un hueco en un elenco todavía no cerrado.
Pero esa será otra historia y ahora toca disfrutar desde la lejanía de los tirones de moño y zancadillas que se propinan unos a otros en este pasillo de comedias que promete ser mucho más interesante que la superproducción en sí. Y si no… al tiempo.