martes, 20 de julio de 2010

De altos vuelos

El estrés post traumático sufrido por el colectivo de los controladores aéreos tiene una explicación meridianamente clara y no sé yo quién se atreve a poner en duda la veracidad de sus historias médicas.
Es fuerte que rompan tu apacible existencia publicando a doble página en todos los periódicos del país la cifra exacta de tu salario, que se atente gravemente contra tu intimidad convirtiéndote en el centro de todas las miradas de los pobres diablos que nunca estarán a tu nivel, ni sumando toda una vida laboral en una cartilla de ahorro.
Hasta ahora, estas águilas de cabina hacían y deshacían a su antojo desde las alturas inalcanzables de sus millonarios puestos organizando mayestáticos alborotos justamente en los días más calientes de las vacaciones, sin que desde ninguna instancia se hiciera otra cosa que ceder a sus pretensiones año tras año sólo por evitar el desbarajuste organizado en los aeropuertos mientras duraban sus huelgas.
Si su ejemplo hubiera cundido en toda la clase trabajadora, los mileuristas no habrían existido jamás y el estado de bienestar común a todos los españoles se hallaría en un estatus de riqueza jamás igualado por ninguna nación del mundo.
Se echaron las manos a la cabeza cuando el ministro Blanco habló por primera vez de sus honorarios y no era para menos. No es fácil superar la nómina de un ministro y ellos la superaban con creces.
A nadie le gusta perder, es evidente, pero comparativamente hablando, la aportación a la crisis de los controladores no hace la mella que pueden hacer cien euros mensuales de merma para un humilde trabajador de cualquier ministerio.
Sin embargo, salta la noticia de que la inmensa mayoría de esta clase privilegiada se encuentra en situación de baja laboral por estrés como si no hubieran sido capaces de digerir su situación actual hasta el punto de enfermar colectivamente, otra vez, durante las vacaciones de verano.
¡Pobre gente! ¡Qué desastre para su economía tener que contribuir con el Estado de la mano de los pobres mortales que arrastran hipotecas y facturas de hipermercado sin llegar nunca a fin de mes!
No obstante, se me ocurre que los profesionales de la medicina tendrán mucho que decir ante tan inusual epidemia, pues es su firma la que certifica la veracidad del diagnóstico y la que a lo largo del tiempo corrobora la existencia de la enfermedad y su tratamiento.
Las consultas de salud mental han de encontrarse sin duda abarrotadas de lánguidos controladores al borde de la depresión o ya inmersos en ella y los psiquiatras deben estar elaborando alguna teoría de por qué una profesión hasta ahora inocua produce repentinamente un brote inusitado de síntomas que precisan un largo reposo y cuidados en el domicilio familiar.
Habrá que tener cuidado si finalmente se militariza el sector para cubrir las bajas, no sea que nuestros soldados acaben siendo víctimas de un contagio masivo y los médicos militares se vean obligados a ingresarlos en las dependencias de los hospitales bajo vigilancia de tan extraña actitud. O lo que es peor, a ver si se van a contagiar de las aspiraciones económicas de esta gente y van a empezar a exigir cobrar el sueldo que cobraba quien les antecedió en el puesto sentando un precedente en la milicia que incite a la tropa a una especie de rebelión social.



lunes, 19 de julio de 2010

La imposibilidad del perdón





En el año 1996, tras el asesinato de su hermano por la banda terrorista Eta, Enrique Múgica pronunció la frase mas contundente y lapidaria que se había oído en boca de cualquier familiar de víctimas hasta entonces: “Ni olvido, ni perdono” –dijo- y su sinceridad sonó tan rotunda que por primera vez, el país entero sintió una corriente de cercanía con quien manifestaba de una manera abierta y lógica todo el peso de su dolor.
Los otros allegados habían adoptado una postura de cierta conformidad fatalista en un durísimo periodo de extrema violencia mostrando un deseo unánime de que alguna vez llegara la paz, dando incluso por buenas sus pérdidas si el curso de la historia llegaba a convertirlas en las últimas.
Múgica, con su frase, puso las cosas en su sitio y evidenció la imposibilidad de llegar a perdonar una atrocidad como esta para cualquier persona de bien a quien le fuera arrebatado un ser querido en tan espantosas circunstancias.
La noticia de que arrepentidos de Eta están siendo de algún modo reinsertados en la cárcel de Nanclares de Oca le da, después de catorce años, la razón. Aunque estas personas hayan cumplido su débito con la sociedad y hayan manifestado su arrepentimiento, no es suficiente para los familiares de las víctimas y el camino del perdón es sin duda el más largo y tortuoso que el hombre se ve obligado a recorrer.
No es nada afortunada la publicación de noticias como esta y aunque estemos de acuerdo en que cumplen con la estricta legalidad, las heridas abiertas son profundas y probablemente irreconciliables con el frió raciocinio que debería llevar a su comprensión y asunción.
Da igual si quienes son merecedores de estas medidas de favor fueron en su momento miembros significados de la organización, da igual el tirón mediático que su arrepentimiento pudiera provocar en una parte de quienes aún defienden los métodos terroristas e incluso da igual si verdaderamente son sinceros. Para quien tuvo la mala fortuna de ver su vida truncada por un acontecimiento de tan nefastas consecuencias, la sola idea de imaginar cierta normalidad en los actos cotidianos de los responsables de su dolor, es ya volver al recuerdo de las horas amargas y abominar de otra opción que no sea la de una culpa pagada con toda una existencia de sinsabores y malas experiencias.
Hay que entender sin reservas esta imposibilidad de misericordia y ponerse en la piel de los que sufrieron en primera persona algún ramalazo de violencia intentando suavizar las malas sensaciones que en ellos provocan estas crónicas que reiterativamente aparecen sin permitir nunca dulcificar el recuerdo ni aprender a vivir sin el sobresalto de una cercanía física con los culpables de lo acaecido.
Si en justicia estos presos merecen ser reinsertados, hágase con discreción, sin el aspaviento de las portadas de los periódicos y poniendo cierta distancia con quienes seguramente jamás perdonarán.
Si ya cumplieron su condena, no quedará para los familiares de las víctimas mas remedio que acostumbrarse a la idea de que en alguna parte, estas personas vuelven a formar parte de un entorno pero si fuera posible que no se diera la coincidencia de tener que cruzárselos cualquier día en cualquier esquina, tal vez consiguieran al menos olvidar que existieron y cuánto daño les hicieron hace tiempo…




domingo, 18 de julio de 2010

Ario-zona





Poner en práctica métodos como el que preconiza la Ley Arizona conlleva sin duda una serie de riesgos añadidos que aunque escapan a la comprensión de la gente de bien, acaban asentándose con cierta naturalidad entre personas simpatizantes de ciertas creencias excesivamente conservadoras.
Un buen número de americanos ve en la frontera con Méjico no una línea imaginaria que separa su territorio de otra nación con identidad propia, sino un peligro de contaminación racial que amenaza la pureza inmaculada del país más poderoso del mundo con un indeseado mestizaje que podría acabar por dilapidar el sueño de limpieza con el que siempre pretendieron encandilar al mundo.
Era de esperar que más pronto que tarde, esa idea de pureza cristalizara políticamente en el nacimiento de grupos que se ofrecieran como garantes de la vigilancia fronteriza ayudados por la fuerza incontestable del armamento que permite una ley cuya flexibilidad tantos disgustos ha dado a lo largo de los últimos años.
Estas patrullas paramilitares formadas casi en su totalidad por antiguos marines, perfectamente adiestrados para situaciones extremas, declaran sin ningún rubor su pertenencia a un partido nacional-socialista y son admitidas por los representantes legales como imprescindibles colaboradoras en el empeño de acabar con la inmigración ilegal, con prácticas que casi siempre acaban en resultado de muerte.
Nadie parece escandalizarse de tan abominable conglomerado de sucesos, muy al contrario, la mayoría de los habitantes de las zonas fronterizas aplaude la iniciativa como salvaguarda de un modo de vida que considera desequilibrado por la llegada de los ilegales con sus costumbres tercermundistas.
El claro desprecio de estos núcleos por la vida humana puede verse no obstante, acompañado por un crecimiento rápido de su ideología entre los pobladores de estos territorios llegando a representar una inquietante tendencia contra toda democratización si se sigue permitiendo su impunidad en este genocidio arbitrado por quienes siempre presumieron, precisamente, de haber conseguido la extinción del nazismo durante la segunda guerra mundial.
Y mientras el recurso presentado sobre la Ley Arizona sigue sus cauces legales ¿cuántas personas quedarán tendidas en los campos americanos por el simple hecho de buscar una mejora salarial o simplemente por tratar de huir de la peligrosísima cotidianidad que azota Méjico en sus guerras internas con el narcotráfico?
La realidad no tiene visos de ser corregida con carácter de urgencia, tal vez porque la autonomía de los Estados de Norteamérica confiere total independencia en sus decisiones a cada uno de los miembros de esta Unión cerrando los ojos a lo que sucede tras las puertas de sus vastísimos territorios.
Sin embargo, esta depuración genocida de tinte racial atenta contra los derechos internacionales y por tanto, debiera ser reprendida desde los organismos pertinentes prohibiendo la proliferación de estas ideologías y sancionando duramente a Estados Unidos, de persistir en su actitud.
Pero quienes se dejan la juventud a escasos pasos de conseguir un sueño, no son precisamente miembros de colectivos capitalistas ni hijos de banqueros, ni tan siquiera líderes de grupos políticos antiglobalización, son simplemente pobres sin nombre que se atreven a intentar escalar posiciones en una ascensión que les está vetada a proiori por los supuestos defensores de la verdad. A nadie importan sus desgraciadas historias y por tanto, difícilmente nadie defenderá su derecho a elegir un camino poniendo fin a los sistemas empleados para frustrar sus esperanzas.








jueves, 15 de julio de 2010

Orgullo en Buenos Aires



La valentía de Argentina al convertirse en el primer país hispanoamericano en aprobar el matrimonio entre homosexuales se alza hasta el primer puesto de las noticias del día relegando los resultados del debate del Estado de la Nación a un discreto segundo plano de importancia.
La feroz discriminación por razones de sexo a que se ha sometido al colectivo homosexual podría ser comparable a la que durante siglos han soportado las mujeres, pero además, la errática excusa de que este tipo de sexualidad representaba un grave problema de salud, ha añadido un enorme lastre a la lucha para que se le reconociera derechos tan fundamentales como el de la libre expresión para poder manifestar abiertamente sus tendencias.
Es tan grave la represión que sobre estas personas se ha ejercido durante toda su vida, tan fuerte su desamparo ante la justicia y las leyes que en justicia, debieran ser recompensados por los agravios recibidos y los Estados tendrían que avergonzarse de su propia irracionalidad al olvidarlos.
El precedente que Argentina protagoniza representa un rayo de esperanza para los homosexuales de toda Sudamérica que para poder legalizar su situación de pareja, se veían obligados hasta ahora, a viajar a países como España u Holanda, con el desembolso de una gran cantidad de dinero que no todo el mundo se podía permitir.
Es de esperar que cunda el ejemplo argentino y otras naciones del cono sur se animen también a dictar leyes que protejan la igualdad jurídica de estas parejas reiterativamente empujadas a la marginalidad, permitiéndoles una estabilidad emocional en sus relaciones y una normalidad merecida en los asuntos económicos que generan durante su convivencia.
Negarles el derecho fundamental al matrimonio o la paternidad es apartarlos de una armonía democrática adquirida per se en cualquier Constitución defensora de los derechos humanos y la igualdad entre los miembros de una comunidad.
Como siempre, se rasgarán las vestiduras los que alegando razones religiosas, querrán seguir escudándose en el fanatismo como su medio de vida, pero si se analizan a fondo las doctrinas que tanto defienden, rápidamente se verá que en ninguna se alude ni siquiera someramente a estos casos y que sólo se trata de un miedo ancestral a las diferencias que tan interesante hacen el mundo.
Hoy estamos al lado de quienes levantan la bandera del arco iris en las ciudades argentinas con la esperanza de que el futuro que llega será mucho mejor que los oscuros episodios en los que se han visto obligados a desenvolverse prácticamente hasta el día de hoy.
Y la noticia es una gran bienvenida al mundo de los seres libres en los que ninguna clase de amor ha de tener fronteras ni cortapisas que lo ahoguen sino ventanas abiertas que lo dignifiquen en calidad de lo que es, simplemente amor.

miércoles, 14 de julio de 2010

Sin apoyos




El Debate sobre el Estado de la Nación ha empezado como era de esperar, con críticas durísimas para la trayectoria del presidente Zapatero.
El líder de la oposición con oratoria de cierto corte decimonónico, ha optado por empezar su exposición ofreciendo una serie de citas textuales de la cabeza visible del país que han resultado luego diametralmente opuestas a las promesas que en ellas se contenían.
Son los políticos poco cuidadosos en sus afirmaciones a micrófono abierto sin percatarse de que siempre uno es esclavo de sus palabras y que en la época que corre, los medios de comunicación guardan escrupulosamente memoria exacta de cuanto acaece y es muy fácil acceder a cualquier información de este tipo, incluso después de transcurrido el tiempo.
Pierde el presidente por goleada, ya que apoyar sus insostenibles medidas en materia económica resulta difícil hasta para los suyos, pero causa enorme sorpresa ver al señor Rajoy convertido en garante de los derechos sociales mencionando las dificultades de los más desfavorecidos como si la formación de la que procede hubiera repentinamente abrazado la doctrina socialista invirtiendo sospechosamente el papel que le toca representar.
Se lo ha puesto tan a tiro de piedra Zapatero, que hasta un niño de tres años le ganaría la mano en el debate sólo con enumerar las renuncias ideológicas que acostumbra a practicar últimamente.
Ni un solo apoyo para sus disparatadas teorías deja muy claro el hartazgo de la Cámara y subyace un deseo a veces manifestado y otras no, de que la Legislatura termine y se convoquen nuevas elecciones.
No están contentos ni siquiera los socorridos partidos nacionalistas. Los catalanes abominan de la sentencia del Tribunal Constitucional contra su flamante Estatut y los vascos de la política de Patxi López a quien no perdonan la pérdida de su largo reinado, ni su intransigencia con los radicales a los que ellos no se atrevieron nunca a frenar,
La izquierda naturalmente, ve un giro descarado a la derecha en las políticas económica y social y defiende la movilización de los trabajadores haciendo una mención directa a la legitimidad sindical para convocar una huelga general ante la clarísima merma de derechos que les ha caído encima por decreto.
La pérdida de confianza del pueblo español, que tantas esperanzas puso en su día en este presidente, se refleja meridianamente en las intervenciones de sus representantes y el clima político parece haberse hecho irrespirable sin que haya visos de solución de no se produce un milagro de dimensiones extraordinarias.
Sin embargo, el gobierno no da la impresión de tener la intención de marcharse a no ser que lo exigiera Europa o se produjera una llamada de Obama, como ha ocurrido en otras ocasiones, pero la imagen que ofrece a los que queremos mirar es de una inseguridad mayestática más cercana a un estado agónico que a una posible recuperación que pudiera sacarlo del atolladero en que se encuentra inmerso.
Sinceramente, en cuanto pase el verano y la falsa ilusión de crecimiento en el empleo se desvanezca haciendo crecer las listas de parados, creo que no quedará para Zapatero otra salida que tirar la toalla y si como es de suponer, el partido popular vence en los próximos comicios, habrá que ir apuntando las promesas del señor Rajoy no sea que al final acabe también por desdecirse de ellas y no haya otro remedio que recordarle que es muy fea la costumbre de criticar a otro aquello que uno mismo practica.




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martes, 13 de julio de 2010

El respiro del presidente



El triunfo de la selección española en el mundial de Sudáfrica ha refrescado la mala imagen de Zapatero que hasta se ha permitido reír a carcajadas en los jardines de su residencia mientras saltaba junto a los jugadores aclamados por la afición.
La resaca de la borrachera de vanidad que ha sacudido el país en la jornada de ayer, le viene como anillo al dedo para hacer comparaciones de corte económico e incluso parece haber influido en los rostros acartonados del principal partido de la oposición que al menos, le ha concedido una tregua de veinticuatro horas en su acoso, para alabar a los triunfadores en tan glorioso evento.
Los medios informativos de cualquier tendencia tampoco han emitido en la jornada de ayer ninguna otra noticia, así que el día 12 de Julio del año actual quedará grabado en la memoria del presidente como el más tranquilo de su carrera política.
Incluso ha podido contemplar algo que jamás creyó llegar a ver: una unidad nacional absolutamente lejana de ideas nacionalistas, uniformada como la China maoísta, de rojo, echada a la calle con las mismas consignas y sin que tan siquiera los incidentes acaecidos hayan sido otros que un abuso incontrolado de la cerveza o algún desmayo debido a las altas temperaturas.
Miraba eso sí, el aurífero trofeo con ojos de querer exigir un trozo en contribución a la crisis, pero la cálida paz de la jornada pronto le sedujo a participar en ella abandonando por unas horas su ingrato papel de recaudador para disfrutar del ambiente.
No se había visto cosa igual en toda la historia de nuestra democracia y es probable que los ex presidentes que le antecedieron en el cargo incluso hayan llegado a envidiar con cierta malicia este regalazo que le ha traído el viento africano hasta las mismas puertas de la Moncloa.
Lástima que la felicidad, como todo lo que concierne al ser humano, acabe por ser efímera y la alegría por los triunfos de los otros remedien sólo en parte nuestros males porque cuando despertamos del dulce sueño, la realidad vuelve a atacarnos con el mismo desgarro del que por un momento, conseguimos huir.
Ya esta mañana, las declaraciones de sus contrincantes en la vida política evidenciaban que el baño de masas de ayer no había sido más que un paréntesis en su tremenda soledad aunque por un instante, albergara la ilusión de que los vítores y los aplausos eran solamente para él.

lunes, 12 de julio de 2010

Hora de celebrar




Pretender ignorar que la única y grandiosa noticia del día es la consecución de la copa mundial de fútbol por la selección española sería cerrar los ojos a una realidad con la que nos toca convivir y una necedad imperdonable.
Creo que me quedaré con la parte positiva de la historia que no es otra, que la de traer por un periodo efímero de tiempo un poco de ilusión a nuestra maltratada sociedad poniendo una pincelada de alegría en los rostros desencajados de quienes perdieron con esto de la crisis parte o la totalidad de su modo de vida.
En justicia, hay que reconocer a esta selección su capacidad de aglutinar a personas de muy diversas procedencias alrededor de la evolución de sus partidos con una unidad que para sí quisieran los políticos o las centrales sindicales del país.
Tampoco se puede ni se debe negar que la imagen de nuestros jóvenes jugadores pudiera representar un ejemplo a seguir por quienes están en la creencia de que su futuro depende en general, del poder adquisitivo de unos padres a los que nunca abandonarán mientras puedan proporcionarles cuantos caprichos precisen. Saber que el esfuerzo y la tenacidad en el trabajo tiene una recompensa no les vendrá mal.
Me ha emocionado sobremanera un reportaje elaborado en el barrio de Lavapies, mayoritariamente poblado por emigrantes de todas las nacionalidades que han adoptado como suyos los símbolos de la selección presumiendo de un orgullo español adquirido a saco en el tiempo que llevan con nosotros. Su celebración colorista y variopinta del evento en varios idiomas y danzas, sientan un claro precedente de las bondades del mestizaje y de cómo los corazones se emocionan por igual en cualquier rincón de este loco mundo.
Mañana todo habrá pasado y volveremos a pensar en el incierto futuro que nos aguarda quedando esta celebración como un grato recuerdo que nos visitó en un año crítico sacando a las calles la ilusión de que en cada uno de nosotros, de pronto nació un campeón.