miércoles, 9 de junio de 2010

Una nota de sopor




Un pequeño suspiro invernal irrumpe inesperadamente en la calidez de este Junio trepidante que precipita las noticias agolpándolas de tal suerte, que uno no sabe lo que va a encontrar cuando despierta cada mañana.
Huele a lluvia cadenciosa que despeja atmósferas e ideas y el paréntesis cursa una invitación al relax que se acepta de buena gana con la esperanza de relegar la crispación a un segundo plano para aupar la mirada a las nubes sin otra intención que contemplar sus caprichosas formas,
El secreto inconfesable de la apatía se hace patente aflojando brazos y piernas en uno de esos días en que apetece la música suave y la compañía de un buen libro para mirar el interior y redescubrir que todavía sentimos la emoción de las cosas tan pequeñas.
No viene mal tomar cierta distancia de los acontecimientos, aunque sea por pereza, para visualizar una perspectiva generosa de lo que nos atañe pudiendo así retomar la batalla mañana habiendo guardado entre las notas, un análisis algo más profundo que la vehemencia a la que nos llevó un momento especialmente difícil.
La vida contemplativa, tan querida para los místicos y tan olvidada para el hombre moderno, se hace a veces indispensable también para los humildes escritores de noticias cuando se sienten desbordados por una avalancha de sinrazón efervescente y no encuentran una salida airosa para sí mismos y la mayoría.
Resbalan las gotas por los cristales desdibujando cuadros de abstracción silenciosa a la par que un rayo de luz imperceptible se abre paso entre el gris acerado de los cielos intentando dulcificar el ambiente con una nota de color pasajera.
Algo borbotea dentro apelando a la conciencia por la pérdida de tiempo permitida en la elaboración de unos pensamientos nimios mientras el mundo se desmorona entre sollozos.
Pero a veces, el corazón envuelve a la mente encantándola, privándola de la fuerza necesaria, anulando su poder intelectual con tintes de irracionalidad visceral produciendo unas sensaciones cercanas a una felicidad pueril, pero agradable y las tormentosas historias que nos circundan se hacen repentinamente ajenas a nosotros quedando temporalmente sepultadas en un aura de sugestiva inercia.
Una sonrisa pícara se me dibuja en la cara consciente de estar desaprovechado la tarde en un recorrido bucólico sin interés para mis lectores asiduos, pero el viento que mece los árboles estremeciendo la esbeltez de los troncos con su silbido impenitente, me transporta irremediablemente a la calle sin que me sea posible atender a la llamada de una obligación que hoy me resulta impuesta e insoportable.
Mañana, cuando la brevedad de este invierno se convierta en anécdota y la mano balancee el abanico en la tórrida hora de la siesta, quizá regrese la cordura en la seguridad de que el mundo me estará esperando sin que se hayan resuelto ni sus asuntos, ni mi tristeza.

En la soledad





Como era de esperar, la respuesta de los funcionarios a la convocatoria de huelga promovida por los sindicatos ha sido mínima. Es tan evidente la desconfianza de los ciudadanos hacia los que se erigen como sus representantes y el desgaste ganado a pulso por las organizaciones sindicales, que su incidencia en la vida cotidiana se ha hecho prácticamente imperceptible.
Descaradamente, declaran que un setenta y cinco por ciento ha secundado el paro mientras aparecen en la televisión los servicios en pleno funcionamiento y grupos de no más de veinte personas a las puertas de los edificios llamando esquiroles a una mayoría que acude al trabajo con toda normalidad.
Esta desgraciada imagen que debería avergonzar hasta la saciedad a quienes con su desidia han permitido que las organizaciones de trabajadores hayan quedado relegadas a un esperpento de difícil superación, es a la vez trágicamente elocuente y habla por sí sola de la falta de empuje que podemos llegar a tener frente a quienes nos gobiernan y del conformismo con que una sociedad alienada soporta una merma en sus derechos fundamentales dando muestras de una desorganización aprovechada sin duda por los poderosos.
Si al menos este fracaso estrepitoso llevara a los líderes laborales a una dimisión en la que asumieran públicamente sus errores a la vez que plantearan una serie de propuestas coherentes para hacer frente a lo que se nos viene encima, quizá la lánguida llama del espíritu combativo se avivara y pudiera reorganizarse un movimiento de resistencia basado en la cruda realidad pero a la vez, dirigido a conseguir un descenso notable del desempleo.
Sería un paso a considerar la renuncia a las subvenciones gubernamentales que encadenan a los sindicatos a la mano de quien ahora se convierte en su enemigo para recuperar la libertad indispensable en una negociación de iguales, si es que se quieren alcanzar metas provechosas.
Estamos realmente cansados de ver a estos señores moverse de reunión en reunión aceptando propuestas del todo inadmisibles. Han perdido cualquier atisbo de dignidad que pudiera quedarles y se arrastran por los despachos obedeciendo la voz de quien mece la cuna de los capitales dejando a la clase obrera en un abandono escandaloso y en una inaceptable soledad incluso en cuanto a la información se refiere.
Han confundido estrepitosamente su papel auto convenciéndose de que más que negociadores son un escalafón intermedio entre nosotros y los de arriba, que no son otros que los que pagan su sueldo a final de cada mes.
Afortunadamente, pasó el tiempo en que los humildes no tenían derecho a la educación y el trabajador es ahora suficientemente consciente de la realidad que le rodea sin que sea posible hacerle caer en la trampa de una mentira disfrazada de aparente buena voluntad. Tampoco es ya sencillo manipular a las masas con discursos manidos ni cuela el intento a la desesperada de un maquillaje de urgencia que tape todas las marcas de la etapa anterior en que coquetearon descaradamente con gobiernos y empresas.
Lo verdaderamente triste de esta situación es que ya no sabemos en qué creer y que mientras se nos derrumban todas las estructuras del modo de vida que acostumbrábamos, es tan inmensa nuestra soledad, que causa terror mirarla a los ojos.
Sólo un espíritu de insatisfacción, la rebeldía, la lucha por la dignidad y la entereza podrían quizá actuar de parapeto contra el futuro negro que se avecina.
Yo quiero confiar en que no todo está perdido.




lunes, 7 de junio de 2010

Un tercero en discordia




Desde que comenzó la transición en España, se fue haciendo evidente un bipartidismo muy definido en el panorama electoral. Con la excepción de la UCD, una coalición de urgencia que se declaraba centrista, pero que albergaba en sus filas sospechosos reductos de gente que había pertenecido al régimen anterior, sólo dos partidos claramente identificados con la derecha y la izquierda, han ganado las elecciones democráticas.
Esta sería una semblanza escueta de lo ocurrido en nuestro país, pero la realidad es que ninguna formación política ha conseguido por sí misma el triunfo sino que siempre se ha dado una coyuntura muy específica que ha concluido en un desastre para el gobierno de turno , que se ha ganado afanosamente la pérdida del poder.
El presidente Suarez soportó mientras pudo un constante ruido de sables que amenazaban con una vuelta al totalitarismo anterior y que culminó con el golpe de Estado del 23F, ya precedido por una dimisión forzosa alentada por una oposición feroz y unas luchas de facciones internas que no le perdonaban acontecimientos como la legalización del Partido Comunista.

Tras el brevísimo paréntesis de la presidencia de Calvo Sotelo, una muy debilitada UCD se precipitó a una desmembración absoluta y el PSOE de Felipe Gonzalez aprovechó la coyuntura alzándose con el triunfo electoral.
La memoria nos ayudará a recordar las tramas de corrupción, el caso Gal o Filesa, como detonantes del vertiginoso fracaso de los socialistas y la clamorosa llegada del señor Aznar a la Moncloa. Sus devaneos con el presidente Bush, la disparatada entrada en la guerra de Irak y las mentiras descaradas sobre la autoría de los atentados terribles de Madrid, cavaron la tumba política del partido popular y la aparición en escena de un hasta entonces desconocido presidente Rodríguez Zapatero.
Las historia, claramente vuelve a repetirse y los errores económicos cometidos en la crisis actual, la merma en los derechos de los trabajadores y un paro exagerado, pululan sobre la cabeza del presidente como una espada de Damocles a punto de acabar con su mandato. En las encuestas, nueve puntos le separan del PP en un augurio de lo que pasará en cuanto se celebren elecciones, anticipadas o no.
De nuevo pierde quien gobierna y no gana por méritos quien llega, en una repetición maldita de una historia que probablemente habría de cambiar de orientación si se quiere modificar el destino.
Olvida el pueblo que el arco político incluye otras muchas opciones en quien depositar la confianza y que raramente podrán demostrar su valía si alguna vez no se les otorga el beneficio de los votos.
Últimamente es tan mínima la diferencia ideológica que separa a los dos partidos mayoritarios que ambos podrían encajarse sin error en el ámbito de un liberalismo socialdemócrata sin que ninguno de sus miembros se resintiera en la imagen proyectada.
La situación aconseja pues, una definición más explícita del votante a la hora de elegir a sus representantes y una mayor amplitud de miras al estudiar los programas de los candidatos. Parece que la derecha tiene claro quien defiende sus intereses, pero la izquierda, acomodada en el estado del bienestar se ha venido a menos y durante décadas se ha conformado sin rechistar con una versión descafeinada de lo que reclama en sí su ideología.
Ahora es tan evidente que el señor Zapatero ha terminado su andadura en el poder, que convendría buscar una alternativa más inflexible con los poderosos que encabece una disposición directa siempre a favor de las clases trabajadoras que la secunden.
Tal vez sería conveniente que el esperado triunfo del señor Rajoy no llegue a ser tan clamoroso como el espera, ya que hasta ahora y que se sepa, nunca la derecha ha colaborado en las necesidades de los débiles ni se ha caracterizado precisamente, por la inversión en proyectos de corte social colectivo, sino todo lo contrario.
Sería un error castigar a quien nos gobierna otorgando nuestros votos a una corriente diametralmente opuesta a nuestra ideología como colofón de un enfado monumental contra quien ha abierto la puerta de unos recortes inaceptables.
Pero tal vez resultaría beneficioso terminar de un plumazo con esta dualidad vanidosa introduciendo elementos en discordia que apearan de su endiosamiento a unos y otros propinándoles una sonora bofetada electoral y aupando a nuevos jugadores a las soporíferas sesiones de un Congreso caduco.








domingo, 6 de junio de 2010

Memoria de los mios





Hace setenta y cuatro años, en los primeros días de la guerra civil española, dos hermanos de mi abuela fueron fusilados en una cuneta de Chipiona ( Cádiz) por las fuerzas golpistas del general Franco.
Segundo y José Alonso Leira tenían 21 y 31 años respectivamente y eran albañiles de profesión. El primero se encontraba afiliado al sindicato anarquista CNT y al mayor, no le eran conocidas tendencias políticas. Al rendirse sin lucha su pueblo a las tropas franquistas, Segundo se escondió, como otros muchos, intuyendo que sería detenido. A los pocos días, un grupo armado se presentó en casa de su padre con la intención de apresarlo y al no encontrarlo en ella, se llevaron como rehén a su hermano José asegurando a mi bisabuelo que si el pequeño se entregaba, sería inmediatamente liberado.
El padre pensó que al no tener ideología política, su hijo mayor no tenía nada que temer y buscó al otro convenciéndole finalmente para realizar el canje.
Segundo Alonso obedeció a su padre y se presentó voluntariamente recordando a sus captores la palabra dada, pero pasó el tiempo y ninguno de los dos regresó a casa.
En el pueblo corrió la voz de que habían sido pasados por las armas junto con otros 31 vecinos de la localidad. Su padre nunca se perdonaría haber contribuído a semejante ignominia.
En casa de mi abuela, el fusilamiento de sus hermanos se convirtió en un tema tabú del que estaba prohibido hablar. Los vencedores de la guerra civil se emplearon a fondo en convencer con métodos represivos a los ciudadanos de a pie de que ser familia de “rojos” era una mancha imperdonable en el expediente y que a los muertos que habían cometido la terrible equivocación de simpatizar con el bando perdedor había que borrarlos de la faz de la tierra.
Desde que entró en vigor la Ley de Memoria Histórica, periódicamente he indagado tratando de acercarme a la verdad de estos dos jóvenes a los que se privó sin motivo del derecho a la vida y ayer tropecé casualmente con un artículo bastante bien elaborado en el que por fin, aparecen sus nombres y la causa de su desaparición.
Huelga decir que a pesar de no haberles conocido, me embargó una emoción inexplicable por poder al menos, encontrar un pequeño hilo conductor que me acerque a la verdad de esta mi historia, común a tantas familias obligadas a renunciar a la memoria de sus muertos y condenadas a un silencio del que aún hoy se empeñan algunos en no salir.
El artículo mencionado es muy explícito y desvela después de siete décadas, que mis tíos abuelos murieron acribillados en una carretera que entonces unía Chipiona con Sanlucar de Barrameda la madrugada del ocho de Agosto de 1936. Se da como causa de la muerte una hemorragia sin aludir al efecto que la provocó que como ahora sabemos, no fue otro que una ráfaga de ametralladora asesina.
Es difícil encontrar las palabras que puedan describir la indignación y la repulsa que nos invade incluso en la época actual, al comprobar la impunidad con que se cometieron estos crímenes y sobre todo, es imposible para nosotros llegar al olvido sin la oportunidad de haber encontrado la verdad, por muy desastrosa que esta sea.
Las barbaridades genocidas efectivamente, no deben prescribir en el transcurso de los años y desde luego la dolorosa realidad de nuestra historia no puede ser enterrada y borrada de un plumazo alegando un móvil de reconciliación.
Hoy me siento muy al lado de Segundo y José que probablemente, nunca entendieron el motivo de su muerte, pero que engrosaron con su sangre una lista estremecedora de víctimas para las que se reclama ahora la justicia de su derecho al libre pensamiento y un lugar donde poder llevarles unas flores.
En mi caso, la resolución del enigma llega tarde para su padre, mi abuela, mi madre y mis tíos, que murieron de causas naturales en una ignorancia impuesta de la que les fue imposible salir.
En su memoria y en la de estos dos muchachos masacrados impunemente, mi pluma es hoy un vehículo para llorar en silencio y seguir adelante en el restablecimiento de unos hechos que merecemos conocer.
El único deseo que me mueve es el de que descansen en esa paz que les fue arrebatada tan tempranamente.


jueves, 3 de junio de 2010

Yo,tú, todos...





Crecen las apuestas acerca del contenido de la reforma laboral anunciada por el presidente del gobierno en unas desacertadas declaraciones en las que amenaza con un nuevo decreto, se llegue o no a un acuerdo entre los agentes sociales. Estamos a la expectativa porque más que un anuncio cordial de cambios, las circunstancias parecen contener el chantaje velado de un nuevo recorte de derechos.
Existe además una animadversión latente hacia los portavoces sindicales que verdaderamente, se han dedicado a dormir en los laureles durante demasiado tiempo y es por eso que el ciudadano de a pie se muestra por sistema, diametralmente enfrentado con cualquier proposición que salga de las centrales mayoritarias, sean o no justas sus demandas.
Es lo que tiene haber bebido los vientos del poder en una época de relativa bonanza. Transigir con las imposiciones de unas subidas salariales mínimas o la precariedad en el empleo temporal a cambio de vivir cómodamente subvencionados, les ha restado práctica en el combate y ahora pagan de golpe su desinterés, inmersos en un mar en el que toda su credibilidad ha quedado en entredicho.
Se niegan los funcionarios a seguirlos en su convocatoria de paro del próximo día ocho alegando que no regalarán una parte de su sueldo al gobierno y a la misma razón apelan las capas sociales para negarse a la huelga general que se intuye cercana, pero en el fondo, el argumento que flota en el aire es el de la desconfianza hacia unos representantes que nunca jugaron con acierto el papel que les correspondía en esta comedia.
Desde que los sindicatos dejaron de nutrirse de individuos ideológicamente comprometidos que actuaban de forma altruista por garantizar y mejorar los derechos de los trabajadores y sus filas se llenaron de pícaros a la caza de una seguridad en el empleo, perdieron el sentido con el que fueron creados para asentarse en un conformismo inaceptable que ahora da los frutos esperados. Su imagen ha caído en un desgaste casi tan fuerte como el del gobierno y es fácil adivinar que probablemente se encuentren en un mismo abismo del que será difícil resurgir.
Para los empresarios, estos agentes serían similares a un perro que durante años ha mostrado absoluta docilidad y que un día trata de sacar los dientes amenazando a un amo cuya inmediata reacción es la de esbozar una sonrisa. Para el presidente de turno, son las ovejas que han seguido el camino marcado y que desesperadamente tratan hoy de tomar un desvío para no despeñarse en el barranco.
Todos están convencidos de la inutilidad de un esfuerzo atropellado y sin respaldo popular, así que los primeros no se apean de sus exigencias, que saben prácticamente ganadas y el otro, ahogado por la situación, los ignora aplicando el decreto seguro de que no tienen poder de convocatoria.
En medio del remolino, aguardamos con impaciencia las resoluciones que sabemos a ciencia cierta, mermarán nuestra calidad de vida y desacostumbrados a vivir situaciones que requieran un combate por nuestra parte para asegurar la subsistencia, incluso nos asalta la idea de que las cosas no podrán ir peor.
No obstante, la inmovilidad no es aconsejable para los débiles y habremos de considerar que alguna vez habrá que decir basta a los atropellos que con nosotros se cometen e intentar reconducir la situación hacia terrenos más beneficiosos aunque sea representándonos a nivel individual o como grupos efectivos creados para el momento.
No cometamos el error de pensar que un cambio en el gobierno terminará con la crisis ni caigamos en la tentación de resguardarnos a la espera de que alguna mano benefactora nos sacará las castañas del fuego sin pedir nada a cambio, porque eso no sucederá jamás.
No hay otro amparo que el que seamos capaces de prestarnos los unos a los otros y no existe otra voz que la nuestra para gritar el hartazgo que nos provoca la desfachatez con que los poderosos afrontan la dificultad, que no es la suya, sino desgraciadamente, la nuestra.
Así que habrá que afrontar la nueva etapa construyendo una singular asociación en la que yo, tú, todos, aportemos ideas efectivas que nos desliguen de la manipulación para convertirnos en protagonistas. Nadie mejor que los afectados para defender nuestras reivindicaciones de justicia.















miércoles, 2 de junio de 2010

Segunda división





Sería de suponer que las organizaciones internacionales se crearon con la intención de administrar justamente el derecho que asiste a sus miembros y velar por la seguridad de los mismos ejerciendo papeles de mediación si se produjera algún conflicto.
Si uno tiene la suerte de haber nacido en una de las llamadas grandes potencias podrá considerarse sin duda ciudadano de primera y gozará abiertamente de todos los privilegios que estas organizaciones internacionales ofrecen pero si el azar te situó en un país de menor poder adquisitivo, ten por seguro que habrás de salir de los problemas sin ayuda de nadie.
Avergüenzan las declaraciones de las Naciones Unidas y la OTAN ante los gravísimos acontecimientos ocurridos entre Israel y los barcos de ayuda humanitaria atacados en aguas internacionales bajo bandera turca y que representan una clara violación de la paz que agrava las relaciones con los países árabes aportando un móvil evidente para el cierre absoluto de las negociaciones abiertas.
A pesar de que los dos Estados implicados en los hechos son miembros de los organismos antes mencionados, la falta de contundencia en la condena de los mismos y no hacer mención a Israel en los comunicados emitidos inclina la balanza como siempre, del lado del poderoso y pone en tela de juicio la validez de estas corporaciones a todas luces inoperantes si el capital no te tocó con su varita mágica.
No es de extrañar que se alcen voces en contra de este desprecio por los débiles que ignora el amparo que merece quien es objeto de ataque injustificado por el ejército mejor armado del planeta y tampoco causa asombro que los implicados en esta guerra tácita de duración eterna, amenacen con el endurecimiento de sus posturas frente a un Occidente caduco esclavo del poder absolutista de unos cuantos.
Cansa la reiterada indiferencia de los poderosos y como cuando se trata de sus asuntos la maquinaria se moviliza para socorrerlos implicando a los gobiernos en acciones bélicas con excusas que a veces son demostradamente falsas, como en el caso de Irak.
Pero si los que han de ser garantes de la paz se alían con quienes promocionan sus industrias de armamento con la creación indiscriminada de guerras e invasiones de territorios ajenos ¿en qué puede confiar el ciudadano y qué opciones le aguardan en un futuro que pudiera torcerse?
Seguramente la fragilidad de la memoria nos hará olvidar pronto esta desconsideración que ahora nos abruma y ensombrece nuestras expectativas ahondando en la idea de que en el fondo, formamos parte de una población de tercera división expuesta de por vida a las vejaciones caprichosas de los que nos manejan, pero haremos muy mal en no divulgar la verdad mientras ocurre delante de nuestros pasmados ojos y en no reflexionar sobre las consecuencias de estar sometidos a los designios de quienes no nos representan, a pesar de sus siglas.
Quizá convendría crear una división de inferior categoría donde la igualdad fuera un hecho entre los pueblos y las heridas se atendieran con la misma urgencia que se atienden las de los ricos.

martes, 1 de junio de 2010

El sufridor tiránico





No es fácil para un grupo determinado recuperar la estima de otros y en ocasiones, hay que hacer un considerable esfuerzo para alzarse hasta un puesto honorable en el panorama mundial en el que una vez instalado, se goza del respeto de los demás, sobre todo si las acciones con que se acompaña la subida no representan ningún daño para terceros.
Israeel parece haber perdido la memoria de su propio sufrimiento y los diversos avatares que se ha visto obligada a realizar hasta encontrar un lugar en el que asentarse como pueblo y ser tenida en consideración en el orden universal de los estados. Lo tenía fácil porque el horror del holocausto ocupaba el numero uno en la lista de aberraciones provocadas por la humanidad y quienes lo padecieron se suponían en posesión de la razón y merecedores de cualquier tipo de misericordia.
Pero he aquí que tal vez llevados por la necesidad acuciante de que ningún hecho parecido pueda jamás volver a repetirse, hace un blindaje férreo de sus fronteras y casi desde el mismo momento en que ocupa sus actuales territorios se enzarza en una interminable guerra absolutamente desigual que masacra de una manera muy similar a su propia experiencia a todos aquellos que se atreven a poner en tela de juicio la legalidad de sus acciones.
No puede ser tan sencillo apearse de un suceso tan desgarrador como el que sufrieron y resulta cuanto menos extraño, que la mirada de los herederos de la supervivencia de aquella masacre indiscriminada, no demuestren la menor conmiseración por los débiles y repitan posiciones de dominio que recuerdan al fascio con la creación de recintos amurallados donde segregar al considerado enemigo o el aislamiento de una población civil arrastrada sin consideración, a la pobreza extrema.
Colma el vaso el violentísimo ataque perpetrado contra los buques de ayuda humanitaria que buscaban llevar un poco de consuelo a la franja de Gaza y cuyo pasaje formado por simples cooperantes, se ha visto prácticamente arrasado por una acción típicamente bélica a todas luces incomprensible y desproporcionada.
De nada servirá la indignación internacional ni las llamadas a consulta de los embajadores si no se ahonda en la profundidad del problema y se acaba con la prepotencia inaceptable de este desmemoriado Israel y con las demostraciones diarias de su odio ancestral hacia Palestina. Esta claro que no hay bandera que detenga su paso marcial ni razón que convenza a sus dirigentes, por muy inocente que sea.
No sería extraño que estos disparatados incidentes volvieran a colocar al pueblo judío en el punto de mira de quienes ya una vez lo consideraron un peligro para el orden del universo y que renazca un antisionismo exagerado que conlleve la tentación de hacerlo desaparecer de la faz de la tierra.
Si realmente en algún momento asumieron su historia y se propusieron superarla mirando a un futuro mucho mas limpio que se alejara para siempre de unos esquemas de difamación contra su idiosincrasia, el camino seguido no es el correcto ya que nadie merece el respeto que niega a los demás y desde luego, ningún pueblo merece la dominación o ser desterrado de por vida a la desesperanza.