viernes, 9 de abril de 2010

Elogio de la esperanza

El hombre se halla mayoritariamente, desmoralizado. Le acosan las malas sensaciones provocando una insatisfacción permanente en sus actos cotidianos. La destrucción paulatina de su habitat, la globalización de los sistemas económicos, la inseguridad ciudadana, la corrupción, el paro, la gran crisis, la pérdida de valores y la desidia, preludian un futuro incierto con tintes de desastre.
El trauma de la prisa, que nos acompaña cuadriculando el tiempo hasta los últimos segundos, sólo le permite pensar en lo que lee en la prensa o mira en la televisión convirtiendo las noticias en una especie de Historia narrada in situ cuyas perspectivas no resultan precisamente brillantes y que lo va sumiendo en una depresión pandemíca que no promete terminar.
Yo quiero hacer un elogio de la esperanza. Invitar a mis congéneres a dedicar una mirada hacia su interior desmarcándose de las lineas oficialmemnte establecidas, para reflexionar tranquilamente sobre su própio papel en el mundo. Tomar conciencia de que casi todo está un nuestras manos y es susceptible de ser cambiado con un poco de voluntad de cooperación, es fácil de descubrir cuando uno analiza sus oportunidades a solas. Cada cual como pueda, ha de ser capaz de avanzar hacia su esperanza en un mañana que, sin duda, será coincidente con la esperanza de otro y así sucesivamente.
No podemos cerrar las ventanas del pensamiento dejándonos arrastrar hacia el abismo por la crónica partidista que nos augura la desesperación y la tristeza. Hay que desmontar de lo establecido y poner énfasis en un cambio hacia mejor sin volver la cabeza al resentimiento o la desolación permanente. Sin ánimo, el individuo se desintegra, se aliena y se degrada sucumbiendo al instinto animal que lo aleja del raciocinio.
Todas las puertas las abre el pensamiento. Todas las revoluciones que mejoraron las condiciones del hombre partieron de él. Todos los caminos que condujeron a mejorar hubo que desbrozarlos y pavimentarlos y pulirlos y embellecerlos para que fueran transitables.
Habrá que desoir todas las teorías del miedo que nos inquietan con un catastrofismo apocalíptico sin dar opción a nuestra libertad de elección para mudar las claves que nos trajeron hasta aquí.
No lo olvidemos, el futuro no es otro que el que seamos capaces de hacer. Piedra a piedra, boca a boca, sólos o en compañía de otros, pero nuestro.
Hay que recuperar la fe en el hombre. Llevemos a la miseria, esperanza.

jueves, 8 de abril de 2010

El Juez juzgado

Para una vez que la judicatura se atreve a distanciarse de su corporativismo habitual y sienta en el banquillo a uno de los suyos (teóricamente iguales ante la ley que todos) se intuye en la acción un trasfondo que intranquiliza las conciencias.
Se han pasado por alto tántas cosas, tapado, difuminado, maquillado y rebautizado tántas actuaciones que al parecer de la opinión pública eran constituyentes de delito, que resulta sospechoso que precisamente en el tema de la investigación del franquísmo desaparezca repentinamente la inmunidad de los jueces y se arremeta contra quien se ha encargado, por el ejemplo, del caso Gal o de las desapariciones en Chile.
Retirar al juez Garzón de la carrera es, a los ojos de quien es miramos la vida añorando justicia, un intento a la desesperada de dar al traste con la honestidad y el progreso, tán escasos entre quienes a veces rozan lo divino entre sus inapelables decisiones.
No se caracteriza esta casta cerrada y carpetovetónica precisamente, por profesar un amor desmedido a los principios democráticos y múchos de sus integrantes seguramente, llevan debajo de la toga una enorme cruz cercana al conservadurísmo radical.
Ójala hubieran tomado tan es serio casos como el de Camps, cuyo íntimo amigo no consideró prevaricación juzgarle y buscaran más a menudo un entendimiento con los sectores populares tán lejanos de su plácido mundo de bienestar en el que se hallan instalados sin voluntad de abandono.
Podrán enjuiciar cuantas veces quieran a quienes se atrevan a alzar la voz contra sus más recalcitrantes creencias, pero no conseguirán enterrar una Verdad histórica de la que muchos testigos oculares aún tenemos memoria. Podrán contar con la ovación cerrada de la prensa que, cercana a sus intereses, los anima sin otro deseo más que el de recuperar el poder perdido. Pero cuidado con la paciencia del pueblo, que es sabio y soberano en sus odios y sus amores ,además de posesor de las urnas.
Tal vez, si en lugar de obstaculizar el proceso natural de una bien ganada justicia arrimaran un poco más el hombro otorgándola de manera neutral, cambiaran la visión que se tiene en la calle que llenamos quienes tán generosamente contribuímos al disfrute de sus salarios. De este modo, quizá abandonaran la imagen esperpéntica de sus actuaciones y la deseada justicia verdadera que últimamente tánto se reclama, se hiciera realidad.
Pero no es el camino ir oyendo a partidos obsoletos de los que más vale no hablar mientras se priva del derecho a la defensa a quién, como Garzón, todavía es inocente mientras no se demuestre lo contrario.
Se les olvida que esta es la primera máxima de su profesión, si es que son dignos de formar parte de ella.

miércoles, 7 de abril de 2010

Poder e ideología

La clase política que nos representa se está cubriendo de gloria. Indiferentes a los gravísimos problemas del país, acaparan titulares formando parte de interminables tramas de corrupción y acusaciones mutuas que el ciudadano mira ,como una pelota de tenis, pasar de un campo a otro sin que se resuelva el litigio.
Atrás quedaron los tiempos del liderazgo en que los enfrentamientos se dirigían con elegancia y lo primordial era el bién común independientemente de quien ostentara el cetro del gobierno.
Esta actitud, que ha generado un desencanto casi irrecuperable en los votantes, que nos lleva a la desconfianza y el recelo empujándonos seguramente, a una abstención mayoritaria, viene dada sin el menor género de dudas por la falta de ideología.
El ser humano ha de tener entidad própia en todos los ámbitos de su vida y decantarse por un pensamiento unilateral que será guía de su existencia y pilar sobre el que asienten sus creencias.
Hacer de la política solo un medio para la obtención de poder y enriquecimiento personal es una traición imperdonable que no debiera ser consentida.
Es de ley luchar por convencer a otros de nuestro pensamiento e intentar llevar a término aquello que representeamos sin que nada pueda hacer dudar del camino del que venimos. Andar por una cuerda floja en la que no se distingue una ideología de otra no es más que un instrumento para aumentar la confusión de quienes no exigen otra cosa más que una mínima lealtad a unos principios irrenunciables.
Pero no cuenta el ciudadano con los medios para ser oído. Poder demandar a los partidos por incumplimiento de promesas electorales sería un primer paso. La exigencia de la devolución de los caudales robados en los delitos de corrupción como condición indispendsable para salir de prisión, contribuiría muy mucho a disuadir a quienes los cometen amparados en esta horrible impunidad.
Si nuestros representantes no hubieran asesinado su ideología en aras del poder, legislarían más cerca de la honradez y la dignidad que ahora nos parecen inalcanzables. Hubo un tiempo, en que todos creímos en ellos y luchamos sin diferencias partidistas porque esta Democracia fuera posible creyendo ver en élla la mejor solución para participar en los problemas de Estado sin desdoro de nadie.
Quizá convendría volver atrás para replantearse muy seriamente cúantos de nuestros políticos merecen ser imagen de la ideología de la que dicen proceder, cúantos saben siquiera los principios que plantea esa ideología en sus orígenes y cúantos estarían dispuestos a defenderla , incluso renunciandon a su cargo, si se advirtiera un abandono flagrante de esos principios en cuestión.
Pero eso no pasará. Y la izquierda y la derecha acabarán confluyendo en una maraña sin distinción en la que uno ya no sabrá a qué atenerse.
Qué tristeza, tánta lucha para esto...

martes, 6 de abril de 2010

La inocencia enterrada



¿Qué lleva a una niña de catorce años a practicar la violencia hasta el límite de acabar con la vida de otra persona de su edad y negarle el auxilio y ocultarlo hasta ser descubierta ? ¿Qué extraño manto de tristeza se cierne sobre su corazón para no hallar otra salida más que la de degenerar su propia infancia y enterrar su inocencia para siempre en aras de un horror que, probablemente martilleará su conciencia el resto de sus días? Debe haber un camino tortuoso hasta llegar a ese límite desdichado que no tiene vuelta atrás. Quizá la soledad la acompañó desde la cuna y es probable que nadie tuviera un momento para explicfarle la diferencia entre el bien y el mal crendo en su interior una forma de abrirse a los demás basada únicamente en la rabia y el silencio. Puede, que apoyada por una sociedad individualista, no fuera capaz de descubrir los beneficios de la amistad verdera ni la belleza cotidiana de las cosas pequeñas. Tuvo que ser tan grande su herida, que perdió los años de su infancia en una carrera desaforada hacia la edad adulta asumiendo unos roles de conducta apartados de la convivencia respetuosa que seguramente, nunca aprendió.
Cabe la posibilidad de que ni siquiera reconozca el arrepentimiento ni la sensación de culpa por haber cometido un grave delito y que los hechos, para ella, se reduzcan a una mera anécdota por la que, casi con certeza, es jaleada y aupada a la gloria por otros desarraidgados de su misma condición.
Somos nosotros quienes debiéramos preguntarnos qué derecho nos asistió para privar a esta niña de serlo y disfrutarlo, de saborear la sagrada inocencia de su edad con la felicidad que merecía y obligarla a crecer apresuradamente condenándola al fracaso y la violencia que la empujan a situaciones extremas como esta.
Es una obligación mínima sentarse a reflexionar y asumir desde el fondo del alma que no podemos empujar a los que nos siguen a un mundo oscuro y despreciable donde no les aguarda más que la frialdad y la niebla del silencio.
La estela de nuestra ineptitud está empezando a perseguirnos y no la borraremos del horizonte desde la intolerancia o la desesperanza, sino desde la voluntad por hacer cotidiano el diálogo con nuestros hijos.

domingo, 4 de abril de 2010

Idolos de barro

Verdaderamente, si los juzgados están colapsados puede ser en grán medida, por la cantidad de demandas que se mueven en el mal llamado mundo del corazón.
Está de moda reunirse delante del televisor para mirar como una interminable lista de semianalfabetos arrabaleros airean sus intimidades vociferando los unos frente a los otros sin una brizna de pudor o recato.
Llevan detrás de sí por las calles a una cohorte de denodados reporteros que los acosan preguntándoles sobre sus relaciones, vigilan sus casas y registran sus basuras físicas y humanas para después llenar páginas de revistas con noticias tan trascendentales como que van de compras a las grandes superficies o que tuvieron una discusión con un amigo en una cafetería del centro de Madrid.
Debe ser deprimente pasarse cinco años en una Facultad para no tener otro horizonte en la vida más que escribir sobre las miserias humanas de unos indocumentados que hacen de la vagancia una profesión muy rentable y de la obscenidad un deseo para las generaciones venideras.
Animados por una serie de pseudo periodistas (algunos de cierta categoría profesional), van arrasando en su camino todo atisbo de dignidad para adentrarse en un tunel oscuro que cada vez está más cerca de convertirse en un conflicto ético sin que nadie ponga fin a sus tropelías o su descaro.
Duele ver que mantienen absortos a sus seguidores dando pié a que los temas de conversación en las calles y las tertulias se centren más en éllos que en los problemas reales del país y que su caché esté más alto que el de los premios nobel, por ejemplo.
Que a diario haya que cerrar revistas y periódicos serios para que se abran nuevos libelos de esta prensa que denigra su nombre, es tristemente una realidad manifiesta.
Pudiera tener fin si los jóvenes sintieran un interés real por el mundo que de verdad les espera, pero desafortunadamente- y se ve en el nivel de las aulas- las aspiraciones de los que nos siguen están muy lejos de la cultura y el conocimienmto. Está claro que para éllos, éste es un camino fácil de enriquecimiento y por lo tanto, admiran su actitud y les conocen por encima de los líderes políticos o los escritores e incluso les gustaría ser como éllos.
Triste perspectiva nos aguarda cuando hay un desinterés creciente por los asuntos del Estado y los programas serios de televisión se caen de las pantallas por falta de audiencia.
Yo quisiera romper una lanza en favor de la honestidad de nusetros periodistas y hacer un llamamiento al respeto por esta profesión que fue concebida para informar en la verdad, de los acontecimientos importantes que acaecen en una vida que de rosa, tiene bién poco.
Y también quisiera apelar a los lectores para que no contribuyan a este circo mediático de maleantes, de ídolos de barro vestidos de Armani, dándoles posibilidad de que nutran sus arcas sin oficio ni beneficio.
Pero...¿qué se puede esperar de un país cuyo referente cultural es Belén Esteban?
Por supuesto, ni una salida de la crisis, ni un reconocimiento universal, ni un respeto para cualquier propuesta que venga de nosotros. Solo la risa triste que provoca este carnaval de personajes esperpénticos que harían muy bién en pararse de vez en cuando delante de algún libro a ver si se contagiaban un poco de lo escrito en sus páginas.

viernes, 2 de abril de 2010

Piedras contra misiles

Sobrecoge la imagen de los niños palestinos tirando incansablemente piedras sobre el ejército mejor armado del mundo. Es la suya una lucha desigual sin un solo atísbo de futura victoria, pero su espíritu trasciende dando sentido a la utopía y nos llega desde lejos punzando nuestras conciencias.
Flaca memoria tiene Israel si ya ha olvidado lo que es sufrir en carne própia el mayor holocausto de todos los tiempos y poco aprendió de los errores cometidos por los otros si es capaz de no comprender la importancia que cualquier pueblo da a su identidad y su espacio habitado.
Enteramente, parece que lo que padecieron durante los años del nazismo no ha hecho otra cosa más que endurecerlos y obligarlos a un rearme monumental borrando toda posibilidad de diálogo o entendimiento. Responder al lanzamiento de cohetes con misiles da una idea de la prepotencia desmesurada con que se afronta este conflicto.
Esos muros que ahora se construyen en nombre de una paz que puede ser comprada con riquezas, no son más que una repetición de los guethos hitlerianos y quizá el paso próximo será coser una media luna en las chaquetas de sus habitantes.
Este país, que ha pasado de una pasividad estremecedora a una militarización forzosa, puede que no repare en que va perdiendo apoyos y cayendo en el oscuro pozo de un fascismo encubierto cuyas consecuencias serán, seguramente, tan espantosas como las que una vez éllos mismos soportaron.
El mundo no debiera tolerar este fundamentalismo de guante blanco que genera a diario una violencia indiscriminada y tendenciosa. Es el pie inexorable del gigante aplastando con sus zancadas a los pequeños liliputienses cuya única defensa es un puñado de piedras cogidas del camino. Ofende la dignidad del ser humano el silencio de las grandes potencias ante el intento de exterminio de los más desfavorecidos.
Pero claro, la economía se ha convertido en el auténtico Dios de nuestro tiempo. Hay que adorarla y rendirle pleitesía y mimar a los posesores de tan preciado bién callando ante la injusticia y el escarnio siempre en favor del que más puede.
Ingrato deber, el de quien sabiendo que se equivoca, no es capaz de mover un dedo en beneficio de los necesitados. En ceirto modo, son presos del sistema por el que abogan y la voz incontestable de la historia los pondrá en su lugar. No me cabe la menor duda.

jueves, 1 de abril de 2010

Diversión por decreto

Me agobia esta diversión por decreto que ayer me impidió entre otras cosas, encontrar el momento de sentarme a escibir mi artículo.
Soy muy consciente de que necesitamos evadirnos de la rutina del trabajo para ampliar nuestros horizontes y desarrollar otras capacidades lejos del ámbito laboral. La pregunta es si ha de ser todos juntos.
Esta diverfsión por decreto que nos empuja como marionetas a las carreteras y aeropuertos, que nos agrupa en determinadas ciudades en determinados momentos, acaba siendo padecida por quienes como yo, necesitan desenvolverse en el lugar en el que viven con cierta comodidad, cosa que parece del todo imposible dado el aumento desmesurado de viandantes y vehículos que colapsan las calles y la vida.
Pero ésto es como un resorte que despierta una conciencia oculta y nómada y que salta a la voz de un esotérico amo mudándonos de individuo en masa y llevándonos a una´vacación programada y multitudinaria imprevisible y bullanguera.
No se me ocurre qué intención puede haber detrás del decretazo para el ocio, pero si estoy segura de que en cierta medida, coarta la libertad del hombre para la elección de su propio divertimento.
Cansa no poder pasear por la ciudad sin tropezar con las plebes enfervorecidas que circulan de un lado a otro poblando los rincones, los bares, las avenidas y los parques sin control y sin rumbo. Porque además, no pueden coincidir casi nunca los gustos de los unos con los de los otros y se acaba creando un conflicto de ocupación de espacios y preferencias que casi siem,pre terminan en enfrentamientos nada jocosos.
Por otra parte, siempre está el aprovechado de turno que triplica los precios de las cosas para aprovechar sin pudor las avalanchas y sacar de éllas sus própios beneficios. Con lo cual, los que no participamos del jolgorio, acabamos pagando las consecuencias del evento tánto en lo anímico como en lo económico.
Aún así, parece que estuviéramos mal vistos los que diferimos de las costumbres establecidas y el grueso de los que comulgan con éllas nos llaman sosos, aburridos y nos miran de mala manera si es que nos atrevemos a pronunciarnos para pedir´un poco de respeto, también para nosotros.
Es verdad que no estamos obligados a seguir su camino en integrarnos en esta pantomima estruendosa, pero considerarnos moralmemte incorrectos resulta por lo menos, inquietante.
No es para mi una necesidad que nadie me organice el calendario ni que me empuje a las playas o a la fe canalizando mi energía con un botón automático que me programa a distancia sin darme opción ni elección en mi destino. Soy suficientemente capaz de saber al menos, lo que no quiero. Y nunca me han gustado los rebaños. Quiero, si no es mucho pedir, balar a solas en el campo que yo escoja y en el momento que yo estime oportuno.